Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
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Sequía

Posted by ilya on Septiembre 8, 2008 - 1:37 am

Hace mucho tiempo que no llueve ni una gota. A veces parece que se quiere encapotar e incluso se puede ver un lejano relámpago en el lejano horizonte marítimo. Pero el sonido del trueno llega apenas perceptible, el ambiente sigue lleno de polvo en suspensión, sigue haciendo calor unos días, otros se desata el viento de poniente y hace realmente frío. Pero no llueve…..

Deseo que el día se cierre sobre sí mismo y descarguen frondosas nubes negras, que dejen el aire fresco y oliendo a tierra mojada. Que se encadenen los días de lluvia, que los charcos sean lo único que se pueda pisar en la calle, que las alcantarillas salten sus tapaderas y que los registros pluviales atorados ni traguen ni evacuen las torrenteras que han de dejarse caer desde el barrio alto. Que mis pies mojados sean el canal de entrada del frío en mi cuerpo y me dejen tiritando y añorando unos calcetines esperpénticamente gruesos. Que mis hombros desnudos reciban la cercanía de mi cuello incrustado en ellos y ya no sean capaces de recordar cuál era su postura natural. Que mis riñones sufran el vacío que dista entre la camiseta y el borde de mis pantalones, malacostumbrados a ir enseñando las cicatrices de lejanas batallas ganadas y perdidas por partes iguales.

Quiero frío, quiero lluvia, quiero que se rompa esta monotonía de estío, que me tiene en dique seco sin una sola idea nueva que aportar, sin un ápice de viento para navegar a otros puertos para comentar a sus capitanes que sus viajes siguen siendo interesantes para mí. Necesito empuje y abrigo para empezar con brío a volver a mis antiguas rutas llenas de buenas costumbres.

Mientras llega, mil perdones por teneros abandonados.

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Tags: abandono, disculpas, sequía   Posted in Esto no es cuento | 13 Comments »

El hombre tranquilo

Posted by ilya on Agosto 20, 2008 - 11:45 pm

No es que sea tranquilo, es que esa pose neutraliza cualquier reflejo de todos los sentimientos que se le mezclan dentro. Hace mucho tiempo que le conozco, pero siempre había chocado con esa burbuja traslúcida a través de la cual sólo se puede una imaginar cómo es el interior. Ves que algo se mueve dentro, intuyes, pero no sabes nada de nada. Lo más que te permite es trazar imágenes borrosas de ecógrafo. Sondeas y vuelve a cambiar de posición y se escurre, y sigues teniendo que recurrir a la imaginación para comprender, para llegar a él, para conocerle.

Él lo llama misterio. Le gusta mantener esa nebulosa a su alrededor, porque en la niebla todo lo que no ves puede ser perfecto. Y él no se siente así. Tiene miedo de que la niebla se disipe dejando paso a un sol radiante a cuya luz se descubra lo que él ve de sí mismo. Él sabe perfectamente que somos nuestro mayor enemigo cuando nos autovaloramos. Que los defectos los magnificamos y caemos en la certeza de que nadie quiere viajar de la mano de ellos. Que, incluso, no tenemos nada que ofrecer. Y, aún sabiéndolo, no puede evitar sentirse inseguro.

No sin esfuerzo, a veces ha ocurrido que la burbuja se ha vuelto algo más transparente, que la niebla ha levantado lo suficiente como para ver los contornos cercanos, y entonces me ha dejado ver con mis propios ojos lo que se guardaba con tanto celo. Una persona maravillosa con sus diversas tonalidades de arco iris, con sus miedos, sus aspiraciones, sus frustraciones, sus sueños, sus preferencias, sus habilidades, un hombre deseando un cambio en su vida para que todas las piezas de su puzzle finalmente encajen.

Lo que hubiera dado por verlo, en toda su envergadura física, esperando estoico y completamente solo con un cartel de bienvenida contra el cuerpo para no llamar la atención de los que, como él, esperaban a otros. Lo que hubiera dado por verlo, esperando estoico y completamente solo, rodeado de decenas de personas desconocidas que también esperaban, sentado bajo las enormes columnas, a que las mismas gamberras se dignaran aparecer lo menos tarde posible una vez agotada la hora pactada. Lo que hubiera dado por verlo…… ah, no, eso ya lo he conseguido: por verlo reír a carcajadas mientras lee una demencia que se me ha ocurrido escribir.

No se siente un niño, pero yo sigo viéndolo así cuando lo miro. Temeroso de sus reacciones, poniéndole límites al mar de sus manifestaciones, aturullado cuando la vorágine de sentimientos lo arrolla. El hombre tranquilo no muestra su enfado, el hombre tranquilo no muestra su miedo, el hombre tranquilo no muestra su preocupación. Pero el niño tranquilo ríe.

Confieso que he disfrutado poniéndole al filo de su tranquilidad, azuzándolo para que esa niebla desapareciera, poniéndole en algún que otro brete. Pero siempre con el ánimo de sorprenderlo con aquello que sabía que le iba a gustar.

Perdona por el plantón, todavía me duele. Tu tiempo era muy limitado y lo desperdiciamos de la forma más tonta. A pesar de ello, creo que conseguimos aprovecharlo, le sacamos el partido. Nos enseñaste una parte de tu mundo, aunque a la otra apenas nos dejaste asomarnos, fiel guardián de tu intimidad.

Te dejo un regalito de aquello que sólo pudiste empezar a ver porque tus obligaciones te reclamaban. Si es que soy capaz de colgarlo…

Lo que daría por haberte visto la cara mientras leías todo esto…



PD: Cieso, gracias muchas por la ayudita con el vídeo ;)

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Tags: BCN, misterio, tranquilidad   Posted in Esto no es cuento, Las Rosas del Desierto | 16 Comments »

En el Jardín de la Magia

Posted by ilya on Agosto 13, 2008 - 12:10 pm

rosa

Soy una privilegiada. Así me sentí la primera vez que mis pies y mis ojos y todos mis sentidos se adentraron en aquel espacio que, en ese primer instante, se me antojó pequeño. Fue algo parecido a eso que nos pasa a los adultos, que cuando recordamos ese sitio especial de nuestra niñez lo magnificamos, y cuando volvemos un día a él, todo nos parece más pequeño, incapaz de albergar tanto tesoro infantil. Recordando esos lugares amplios donde pasábamos horas jugando sin llegar jamás al agotamiento, puedo llegar a comprender por qué los niños no se cansan jamás de jugar, por qué nunca tienen sueño, por qué parecen recargados con energías infinitas, sin que exista adulto capaz de seguirles el ritmo. A esa adivinanza, que dejo aquí planteada, volveré luego.

ramillete

En esos primeros instantes en el jardín de Driada, no lo reconocí. Me parecía imposible que todas aquellas fotos que había visto publicadas en su blog hubieran estado allí. En mi mente el jardín no era un jardín, era un bosque. Un bosque enorme y frondoso donde perdernos sin encontrar la salida si no es de la mano de su Hada. Y yo ahora sólo veía un jardín. Muy cuidado, eso sí. Ciertamente, es un lugar dedicado en exclusiva a aquellos seres que se enraízan para vivir. Donde otros enlosan para poner encima una mesa y seis sillas, o ponen una piscina, o echan césped para dar espacio a los juegos de los hijos, allí estaba aprovechado hasta el último rinconcito para edificar un templo de vegetación.

saltamontes

En esas estaba, escuchando y mirando y oliendo, cuando comprendí. No estaba enfocando convenientemente, veía pero no entendía. Fue entonces cuando tomé conciencia de que para comprender su esencia tenía que ajustar el zoom de mis ojos a los mismos 18 aumentos que rezaba el objetivo de la cámara de fotos que llevaba colgada del cuello. Así, el jardín cobró vida propia. Cada recoveco era un Universo en el que perderse mientras todos los demás rincones debían ser ignorados. Así pasaron no sabría decir si minutos u horas, ya que el tiempo transformó su percepción. Aunque hubieran sido segundos, tuve la sensación de haber pasado eternidades en cada arbusto, en cada flor, en cada árbol, en cada pequeño insecto. Mientras tomaba fotos, Driada nos iluminaba con explicaciones, nombrando a cada habitante de su constelación por su nombre, contando la historia de cómo habían llegado a aquél lugar, cómo debían ser cuidados y cómo debían ser dirigidos en su crecimiento anárquico para evitar que devoraran el espacio vital del siguiente y cercano habitante. Para cuando Driada nos deleitó con un magnífico té de menta, recogida ésta instantes antes del mismo sitio que habíamos explorado, vislumbrando el jardín por el ventanal del salón, oyendo los relojes dar las horas y acompañados de buena conversación, me sentí en paz.

Pocos días después, fuimos privilegiadamente invitadas de nuevo, esta vez a cenar en aquel remanso. La noche era en extremo preciosa, serena y cálida. Cálida en términos filosóficos más que físicos, que también. Los cuidadores de aquel reino, contagiados por la armonía de los habitantes del jardín, ofrecían serenidad a sus invitadas a través de sus palabras, sus gestos y sus sabrosos alimentos. La conversación rica, la cena fresca, el aire limpio, regado por el aroma de la dama de noche y la menta recién cortada… Perdí por completo la noción del tiempo y hubo que buscar un motivo para arrancarnos del lugar. Y es que, pese a lo que pueda parecer, las Driadas y los Duendes también duermen.

mammy blue

Vuelvo a retomar aquí la adivinanza que planteé antes, dónde va a parar la vitalidad que teníamos cuando niños. Se trata de algo que perdemos por el camino; en nuestra vida adulta a veces, sólo a veces, algo ocurre que despierta esa fuerza, esa energía, esa alegría sin límites, y entonces somos capaces de pasar una semana entera casi sin comer ni dormir con tal de sacarle todo su jugo a los minutos de unas horas siempre escasas. Bienaventurados los que tienen una ilusión en su vida que les hace cada día fuertes y activos. Para ellos mi más sincera envidia.

floreseneljarron

Y ahora, para ser yo la envidiada, termino voceando que he visto el ciruelo, he visto los cactus, he visto las rosas. Con mis propios sentidos me he llenado de la Magia de tu Jardín.

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Tags: BCN, jardín, magia, paz   Posted in Esto no es cuento, Las Rosas del Desierto | 6 Comments »

Amo a vé…

Posted by ilya on Agosto 12, 2008 - 6:11 pm

Niños todossssssssssss, me temo que no voy a tené más remedio que aclarar los puntos que le he puesto a Ambro sobre las íes en el anterior post. He (hemos, ella y yo) dado muchas cosas por supuestas, y eso es algo que nunca hay que hacer (ya escribí un post titulado precisamente asín). Pensaba que había quedada clara la sana intención de ambas de despellejarnos de cara a la galería, sacándole punta a todo lo que nos iba pasando en esos días, pero a la vista de vuestros comentarios y de algún que otro extrañado email, veo que no ha sido así. Se nos ocurrió el segundo día, ir anotando en una libreta (para que no se nos olvidara ningún “reproche”) todas las trivialidades que nos sucedían, enfocándolas siempre a criticar a la otra, para así no olvidarnos de esos pequeños detalles que llenaban nuestras horas juntas. Cada vez que se nos ocurría alguna, en mitad de una conversación, la mano se iba a por la libreta y frenética anotaba lo que después se tenía que convertir en un estoque de afilada espada. Nos reímos como auténticas locas mientras lo perfilábamos, creyendo que íbamos a ser más originales que Carmen Sevilla dando el telecupón en zapatillas. Es más, tengo testimonio gráfico de los otros meteoritos a los que se dio a leer convenientemente esa libreta manuscrita mientras aún estaba en construcción, y os puedo asegurar que de sus ojos brotaban lágrimas de risa. Comprobado el efecto causado, no dudamos ni por un momento de que todos los que lo leyeran aquí publicado reiríais también con gusto y ganas. Esa era la sana intención.

Supongo que lo que ha pasado es simplemente que no habéis estado allí para verlo. Así que quiero tranquilizaros, que no pasó nada malo, que no hubo mal rollo de ningún tipo, que nos faltaron minutos para seguir compartiendo. Estos días van a seguir apareciendo en nuestros blogs capítulos de esa semana tan intensa, para que os hagáis otra idea, quizá más cercana a la realidad.

Me exigía Driada en el post anterior que confesara cuál era el motivo del indescriptible dolor de mofletes que se me metió. La respuesta es sencilla: no fuimos capaces de dejar de sonreir. Prueben ustedes a mantener ese gesto durante una semana, y comprenderán.

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Tags: aclaración, BCN   Posted in Esto no es cuento, Las Rosas del Desierto | 4 Comments »

S.O.S. BCN

Posted by ilya on Agosto 5, 2008 - 8:50 pm

A quien se lo cuente no se lo cree. Estas narraciones tan bonitas que he visto publicadas alguna vez en las cuales los protagonistas trazaban unos rasgos sobre el encuentro que habían mantenido después de haberse conocido por internet… tenía que haber hecho caso de aquella extraña sensación de que ahí tenía que haber gato encerrado. Si he de hacerle caso a la propia experiencia en esta lid, eso es tan cierto como que, en realidad, no había gato encerrado: había gata.

“¡¡¡¡¡Vente, vente, vente!!!!!”, me decía, me escribía, me repetía, me insistía, me convencía, me suplicaba……… ¿Y con qué me encuentro? Hagamos un breve repaso:

- Me viene a recoger al aeropuerto (tarde, muy tarde) con un coche…. eso no son bollos, eso son cruasanes.
- Me enseña mi cuarto y me dice que de bajar la persiana nada de nada, que se rompe.
- No me da de comer hasta las seis de la tarde.
- No me deja dormir hasta las seis de la mañana.
- Tóldía y la noche hablannnnnndo, me tiene la cabeza locaaaaaa!
- El único rato que consigo echar un sueñecito aparece en escena la gata en pleno ataque maullatorio por los pasillos. Esta gata sabe cante jondo, mira tú.
- Me machaca con su colección de fotos desde que nació (tóa la tardeeeeeeeeee….), hasta las de los encierros de su pueblo… ¡¡¡Y soy antitaurina!!!
- Me corta el agua de mi cuarto de baño pa que ni me pueda lavar la cara.
- Me azuza a un reptil antediluviano que me devora los pies a la que me descuido.
- La gata del demonio me bufa si traspaso límites imaginarios.
- Me mantiene encerrada con rejas hasta en la mirilla de la puerta.
- No me saca ni al tranco de la puerta un día entero con su noche, esto es arresto domiciliario.
- Me dice que me va a llevá pacá y pallá, nosequé de un concierto, y luego se hace la longui.
- Me tiene de esclava cocinando, limpiando cristales y, cuando parece que he acabao, me obliga a hacerle un masaje de piessss (poldiooooooo………).
- Me da de comer las sobras que no quieren la gata ni la tortuga. Cuando ya no quiero comer más, me suelta que, si no me lo como todo, pa la merienda se queda, y si no lo quiero pa la merienda (que es lo único que me voy a encontrar), ya sé lo que hay pa cenar. ¡¡¡Y me lo pone en el mismo plato y con el mismo tenedor sin fregar!!!
- Me esconde el billete de avión de vuelta, que ya estaba yo pidiendo que alguien que trabajara en Iberia me pasara otro por debajo la puerta, y al final lo encuentro…. me lo encuentro que la tortuga ya me lo ha picao!!!!!! La de explicaciones que le tuve que dar al revisor del aeroplano.
- Me usurpa la cuenta del mesenger en cuanto me levanto a mear y le dice auténticas burradas a mis contactos.
- Qué bonita la montaña de Montserrat. Qué bonita. Ciertamente, gana mucho en la foto que me ha enseñao.
- Me habla por el mesenger. Estando en la misma habitación.
- Después de un día entero arrastrándome por tóa la ciudad, tó sudá perdía, picándome todo el cuerpo, llegamos a casa (una duchita, por caridad), y me dice que con la manguera de la terraza se queda una muy fresquita… hay que joerse.
- Me tiene de negra escribiéndole un taco de posts para todo un año (todo lo que leáis en su blog de aquí a doce meses probablemente los habré escrito yo). La lista podría ser mucho más larga, pero es que estoy agotá, tengo que recuperarme antes de poder continuar y escribir algo medianamente lúcido.

Despellejamientos aparte, sabed que nos lo hemos pasao de P.M. (pa quien lo entienda), que me han tratado como a una reina (habida cuenta de la lista anterior, que es rigurosamente cierta de principio a fin, cabría preguntarse que de qué clase de país… pero bueno), y que me he vuelto con la completa seguridad de tener un colchón viscoelástico de amistad en Barcelona para recostarme cuando lo necesite (ya ves tú, pa ná, si no me dejan dormir…..). Gracias infinitas a esos meteoritos, a Ambrosía por acogerme en su casa, a Driada por zambullirme en su jardín y poner orden en la agenda, a Cronopio por hacer malabares para arrancar minutos al reloj, a todos por haberme hecho sentir en mi casa. Si ha de ser así, quiero que me traten siempre igual de mal.

(El último párrafo lo he escrito así porque se me han quedao requisadas todas las fotos del viaje en el pc de Ambro, y como no le diga zalamerías, no me las manda……… ains).

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Tags: amistad, BCN, magia   Posted in Esto no es cuento, Las Rosas del Desierto | 13 Comments »

Fugaz

Posted by ilya on Julio 27, 2008 - 2:39 am

¿Sabéis qué es en realidad una estrella fugaz? Un pequeño meteorito entrando en contacto con la atmósfera de la Tierra.

A este meteorito le queda poco para oxigenarse en otra atmósfera.

Pide un deseo. Yo ya lo he hecho.

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Dar séra, pulir séra

Posted by ilya on Julio 16, 2008 - 11:33 am

Tras arduos entrenamientos en los que he dejao sin comer y sin dormir a la interfecta pa forzarla a practicar los lamentos del cante jondo, esto es lo más que se puede conseguir. Conste que lo he hecho por aclamación y petición popular vuestra, que tós decíais que qué sosa era la periquita. Si después de oírla todavía pensáis que no le he sacao el asento andalú, mejó sus vení a mi casa y, tras una semana entrenando conmigo, vusotro mismo grabáis la historia, a ver cuál de los dó lo hase mejó.

El texto no es mío, me lo mandaron por emilio, sólo lo he forzao un poco más para sacarle a la alumna todo su potencial.

Se recomienda no abrir el archivo en el trabajo si los jefes andan cerca.


La creasión der mundo a la andalusa

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No puedo evitarlo

Posted by ilya on Julio 12, 2008 - 1:38 pm

Gracias al amigo Cucoalmería, he encontrado un cacharrillo muy útil y cachondo, el lector de blogs. Después de oír a la robótica voz leer mis artículos, no he podido resistir la tentación y voy a inaugurar esta nueva etapa haciéndola leer algo gracioso, a ver si así se le pega la grasia y deja de leer tan estirá. Y si no lo consigo, al menos nos reiremos. Pinchad en el icono del altavoz al final del post.

UN BAÑO MUY OLOROSO.

Mi sobrina, cuando tenía 2 o 3 años, cambiaba los “mes” por “mis” (”mi duele la tripa”). Un día llegó de visita la abuela. Al cabo del rato llegó la hora del baño y mi hermano subió a la niña al cuarto de baño, empezó a llenar la bañera y a desvestirla, y la niña señala la bañera y dice: “quiero que mi bañera huela”, y mi hermano le contesta, pensando que se refería al perfume del jabón: “¿y a qué quieres que huela?”, y la niña niega con la cabeza e insiste: “quiero que mi bañera huela”, y mi hermano, todo paciencia le pregunta: “¿a qué, a fresa?”, y la niña: “que no, que quiero que mi bañera huela”, y mi hermano: “cariño, si no me dices a qué quieres que huela no te puedo ayudar”, y la niña que empieza a gimotear: “queno, queno, que quiero que mi bañera huelaaaa”, y mi hermano que empieza a perder la paciencia: “pero a qué quieres que huela, ¿le echo colonia?”, y la niña ya empieza a llorar y a flexionar las rodillas una y otra vez: “QUE QUIERO QUE MI BAÑERA HUELAAAAAAAAAAAAAAAAA”, y mi hermano ya a gritos, que se le oía desde abajo: “PERO QUE HUELA A QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEE”, así que suben mi cuñada y la madre a ver qué pasaba, entran en el cuarto de baño, se encuentran a la niña llorando a moco tendido y a mi hermano al borde de un aneurisma, y mi cuñada le pregunta a la niña: “¿qué te pasa, cariño?”, y la niña señala a la abuela y dice llorando: “QUE QUIERO QUE MI BAÑE LABUELAAAAAAAAAAAAA”.

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Tags: abuela, baño, lector de blogs   Posted in Esto no es cuento | 11 Comments »

Bajo la lluvia

Posted by ilya on Julio 4, 2008 - 8:35 pm

Cuando era pequeña, los Reyes Magos me echaron un hermoso paraguas rojo acabado en un largo y peligroso pincho metálico que bien hubiera servido de pararrayos (afortunadamente nunca llegué a comprobarlo). Mis padres, entonces, me enseñaron dos cosas muy importantes. Lo primero, a mantener siempre el paraguas en posición vertical y con el pincho mirando al suelo para evitar saltarle un ojo a cualquier compañero del cole (obviamente, siempre y cuando no tuviera que salir a la intemperie y estuviera lloviendo, en cuyo caso estaba permitido ir con el paraguas abierto, el pincho hacia el cielo y saltándole los dos ojos a todos los transeúntes de mi estatura que se pusieran al alcance de las varillas). Lo segundo que me enseñaron fue a protegerme de la propia inclemencia meteorológica intrínseca, esto es, subirme la cremallera de la pelliza hasta la nariz y colocarme debajo del paraguas abierto, manteniendo el palo del bastón en posición perpendicular a la trayectoria del viento, no así el propio cuerpo, salvo esto último que la velocidad del propio viento fuera directamente proporcional a la fuerza del estampamiento contra la pared, en cuyo caso estaba permitido caminar de forma oblicua, no sin pasarse, dado que todos saben que caminar en un ángulo que sobrepase los cuarenta y cinco grados, además de demasiado caluroso, es del todo improbable, no así la caída, que se hace no sólo probable sino inevitable. El caso es que yo me creí toda aquella liturgia a pies juntillas, y nunca puse en duda que aquella fuera la única forma de enfrentarse a la lluvia.

Pero hubo un día gris, tanto en lo meteorológico como en lo personal, ya un poco mocica, en el que se me encomendó por mis progéneres acudir a la casa de unos amigos suyos a hacerles entrega de algo que ni me acuerdo ni viene al caso. Vivían estos amigos a aproximadamente kilómetro y medio (puede que exagerando) bajando por mi misma calle tó tieso. En ese momento, al mirar desde la ventana antes de salir, me apeteció (no sé de dónde nació el deseo ni cómo se me ocurrió que las cosas podían hacerse de forma distinta) hacer aquel recorrido bajo la lluvia… sin paraguas. Fingí olvidármelo (por aquel entonces había dejado de ser el descrito en el párrafo anterior) y me encaminé toda feliz a mi destino, con la pelliza hasta la barbilla y chorreándome el agua por la cara. No era una lluvia intensa sino mansa, que acariciaba sin molestar. Ya he dicho que tenía un día gris, y aquel agua lavó mis lamentos y me proporcionó frescura y paz. Saberme traicionando una ley impuesta que, aunque tenía mucho sentido, no era ni mucho menos suprema, me hizo sentir por primera vez la fuerza de la libertad. Libertad para decidir, libertad para hacer, libertad para equivocarme. Por primera vez fui consciente de que uno puede tomar sus propias decisiones.

No me duró mucho la alegría. No, no pillé una pulmonía. Aunque quizá se lo deba a la amiga de mi madre que, cuando me vio hecha una sopa en la puerta de su casa, se empeñó pese a todas mis protestas y excusas a prestarme un paraguas. Al final lo acepté a regañadientes, con el firme propósito de no abrirlo. Pero una vez en la calle, pensé que, ante los ojos de los transeúntes, era lastimosamente ridículo andar bajo la lluvia con un paraguas plegado bajo el brazo. Así que, suspirando, lo abrí, y mi cara dejó de recibir “el agua de la libertad”.

Y así nos movemos, por leyes no escritas que se empeñan en hacernos andar por senderos señalizados en aras de nuestro bien común. Lo malo para esas leyes es que, a veces, sin saber por qué, nos desviamos del sendero y descubrimos que andar por el monte entre las piedras, aunque sea más difícil, es más satisfactorio. Y además, allí descubrimos a otros viajeros que, como nosotros, un día comprobaron que nuestra libertad y nuestro libre albedrío son tales porque se nos está permitido utilizarlos, por mucho que otros se empeñen en creer y convencernos de lo contrario.

Esto… ¿yo no estaba hablando de la lluvia? ¿Cómo he acabado en el monte? ¿Será que, muy en el fondo, soy… algo caprina? O, lo más probable, será que estoy como una cabra.

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Tags: como una cabra, libertad, libre albedrío, lluvia, monte   Posted in Esto no es cuento | 9 Comments »

Desvaríos

Posted by ilya on Junio 30, 2008 - 2:17 am

Tejí y destejí palabras y párrafos enteros. Los escribía durante la noche y los deshilachaba por la mañana
(al contrario que cuando Penélope deshacía la bufanda, según creo, que debía de ser la muchacha alma diurna). Las palabras volvían a ser usadas (=reciclaje!!!) para la siguiente vez pero, al igual que ocurre con el hilo destejido, que cede en su prestanza, la nueva historia nacida de la muerte de la anterior se volvía holgada y sosa, deforme.

Mil veces escribí lo mismo, y de mil maneras diferentes (ahora punto del derecho, y luego de garbanzo), pero ninguna versión me parecía lo bastante buena como para sobrevivir (por mucho que proteste Gloria Gaynor). Ninguna fue lo bastante buena, así que a todas les di muerte a través del desorden de mezclar todas sus letras como las cartas de una baraja.

De todas esas letras, esta noche selecciono las presentes para mostrar como unas palabras reutilizadas y una mente cansada transforman en desvarío lo que debió haber tenido sentido.

Aunque… ¿alguien sabe si algo en esta vida lo tiene?

(¡¡¡Reciclaje sí, pero con lógica!!!).

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Tags: esto no puede ser   Posted in Cuento contigo | 10 Comments »

  • Para no tener que arrepentirnos de lo que no hicimos

    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
  • La Arradiobló

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