Una, que se ha tragado muchos docus de la 2 a la hora de la siesta. Eso no me hace una entendida, pero la culturilla general a menudo es provechosa, siempre y cuando no se pretenda aparentar ser una estudiosa del tema y quede en el más absoluto de los ridículos ante alguien que sepa más. En fin. Que una también fue fiel seguidora de la serie de los lagartos (V) y, como tal, fui una de las impactadas por aquellos bichos cuando se les rasgaba el cobertor capilar de pega. El caso es que hay momentos en la vida en que sentimos que, apenas sin darnos cuenta, hemos cambiado, hemos crecido, nos hemos transformado en algo que ya éramos, pero más evolucionados.
Cuando me siento así, no puedo evitar acordarme de esas serpientes. Con el día a día, con el ir de acá pallá, imperceptiblemente crecen. Tanto crecen que llega un punto en el que ya no caben dentro de sí mismas. Y la piel se rasga, y se tiran un buen rato retorciéndose para desprenderse de ella, enganchándose con cualquier rama para ayudarse. Cuando después de tanto esfuerzo lo consiguen, siguen avanzando como si nada hubiera ocurrido. Pero si las miras con atención, están más espléndidas, con la piel nueva y brillante. Es un cambio vitalmente necesario.
Y lo más importante. El proceso no tiene vuelta atrás. Las experiencias, los sentimientos, las reflexiones, nos hacen madurar. Avanzamos. Que nadie me pida ahora que vuelva a ser la de antes. Sencillamente es imposible. No quepo.

Hay comparaciones que aunque valen para entendernos, son un tanto odiosas. Lo digo por que por nada del mundo te compararia con una serpiente.
No dudo de que el cambio sea bueno y yo no voy a pedirte un paso atrás sino todo lo contrario…un paso adelante. Besos
Pegaso el de los numeros curvos