Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
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¿Cuántos nortes tenemos?

ADVERTENCIA

Según la inestimable visión de Patapalo, es mi deber advertir encarecidamente que nunca, nunca, NUNCA, intentéis montar un mueble del Ikea si no tenéis la suficiente experiencia, porque de otro modo, acabaréis viviendo línea por línea todo lo que viene a continuación.

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Hay días en los que la brújula deja de apuntar en una dirección concreta, y te sientes como un ciego sin su perro lazarillo, como un extranjero en mitad de una abarrotada ciudad donde nadie habla tu idioma (ni tú el de ellos), como un niño tratando de encontrar la sombrilla de su familia entre todas las que están clavadas en la arena de la playa una mañana de domingo de agosto.

Hay días en que te replanteas todo lo que estás haciendo e intentas calibrar fríamente (sin conseguirlo) hasta qué punto estás haciendo lo correcto, hasta dónde puedes llegar, hasta dónde te puedes hundir tomes el camino que tomes.

Hay días en que todas las opciones parecen malas y los nortes parecen multiplicarse, explotar y desaparecer.

Hay días en los que no encuentras una puta llama para encender un puto cigarrillo, en los que la maceta que elegiste para decorar tu vida tiene las hojas podridas, y todo parecen mensajes de mal agüero, sólo falta que te pase por delante una urraca graznando.

Esos días te quieres morir.

Hay días en los que alguien te dice que la brújula funciona si lo simplificas todo, si no te calientas tanto la cabeza, porque elijas lo que elijas todo tiene solución. Y entonces te quedas mirando la brújula con cara de idiota, porque no te habías dado cuenta de que se le había pegado un imán por debajo. Y lo quitas. Y la aguja deja de dar vueltas y empieza a señalar al norte otra vez.

El secreto es que la aguja señala el norte no para ayudarte a ir al norte, sino para situarte en un sentido, el de tu vida, y ayudarte así a que vayas en la dirección que quieras. El resto lo pones tú en la mochila, con el mundo por montera.

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¡Más madera!

Esta semana está resultando un poquito de locos, ya que en casa estamos intentando encontrar un difícil equilibrio entre las diferentes fuerzas de la familia. Muchas cosas y poca gente. La semana pasada mi niño empezó el cole, con horario de adaptación. Como lo tenía que llevar tan solo una hora al día, dos días lo llevé y lo recogí yo, pero ya al tercero necesitaba tiempo para dedicarle a mi trabajo (deja al niño+coge coche+llega a Almería+aparca+enchufa pc= las 12:05 p.m.; —> -14:45 = dos horas y media pa’tó). Esta semana, que va dos horas y entra antes, lo está llevando el Marido Sufridor y recogiéndolo los abuelos paternos. El susodicho MS (por abreviar) “goza” de los encantos del trabajo a jornada partida (revienta-conciliación-vida-laboral-y-familiar por definición), así que su día es, más o menos:

-Levántate-aséate-desayunasipuedes.

-Despiertalniño dalecolacao vístelo convéncelo parairalcole llévaloalcole.

-Vuelve a casa porque a ver qué narices hago en la calle hasta la hora de empezar el currelo.

-Mevoyacurrá mepreocupoque abuelo esté atento a recogerlo terminocurrá a comer los dos y por fin en casa.

-Llega erbishomimué y consigo echar una siestecita.

-Me voy a currá otravé.

-Llego reventao a casa y mimué y miniño tán encabronaos.

-Por fin, las once de la noche y algo de tiempo libre pamí.

-Pensamiento final antes de conciliar el sueño: oh cielos, mañana otra vez lo mismo…

Anoche, además, empalmó (figuradamente) el fin de la jornada laboral con la reunión semanal de la asociación de comerciantes. Después de debatir lo que tuvieran que debatir (me llegó a las doce), empieza el turno de “me relajo cascando (figuradamente)”, que consiste en que cada uno va contando lo último que le ha pasado en casa (o lo último que le ha pasao a fulanito en la suya). Después de oir como uno decía lo cansao que estaba por talytal, y la otra fíjate tú esto otro, y la de más allá pos si yo te contara, les dijo que si el que contara fuera ÉL… que encima de tóa la retahila de cosas que hacer, a su mué, encima de tener oficina que atender, no se le ocurre otra cosa que matricularse otra vez en la uni enteniendo que ir a clases, y apuntarse en la autoescuela pa sacarse el carné de la amoto (menos mal que no les dijo que además escribo un blog) y en ese momento tóa la junta directiva en corro alrededor de la mesa O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O

Pozí, muchas cosas, pero oye, con calma tó sale, a poco a poco.

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Iba a escribir

Iba a escribir sobre mi viaje a Madrid de la semana pasada. Como veis, llevo ya una semana de retraso, con todo lo que ello supone: falla la memoria, languidece el recuerdo (lo que viene a ser lo mismo), y el día a día superpone otras cosas que consiguen diluir la motivación. Soy escribiente del tipo “preparados-listos-ya”, lo que viene a significar que, o escribo en caliente, o ya no lo hago. Supongo que eso será un rasgo de mi personalidad no sólo aplicable a esta faceta. Me pasa también, por ejemplo, con las ganas de salir (de viaje, de marcha, de reunión…); conforme se va acercando la fecha del evento se evaporan el entusiasmo primero, la apetencia después, rematando con el cansancio más absoluto. Justificarlo con la explicación de que soy muy hogareña me parece una memez; si me quedo en casa no se me destapan las ganas de hacer cosas, sino que, muy probablemente, acabe holgazaneando de puro sueño (creo que el sueño es un efecto secundario, y no la causa). Como me conozco, las cosas en las que vuelco mucho interés en un principio (que corren serio peligro de verse extinguidas aun antes de la concepción) trato de forzarlas, cometiendo para ello actos catalogados como “no-hay-marcha-atrás”. Por ejemplo, pagando la matrícula para ir a la Uni (el dolor en la cuenta corriente me motiva cantidubi); abandonando el anterior puesto de trabajo para ejercer por mi cuenta y riesgo; o comprometiéndome vehementemente con la gente.

Hay otra serie de cosas que, por contra, no me cuestan ni el más nimio esfuerzo: mantener el contacto asiduo con señalados amigos (subrayo lo de señalados porque una es una especialista en perderlos por no levantar el teléfono); leer horas y horas, ya sea a través de internet o directamente de un libro de esos que vas pasando las hojas; conducir el coche; dormir… y, ahora que lo pienso, mantener este blog, lo cual se traduce en escribir.

En fin, os iba a contar cómo el primer taxista nos dejó en la puerta del cine porno en lugar de en la puerta del Teatro Lara, que está en la misma calle pero más abajo, y yo me estuve un buen rato preguntándome si es que no habrían cambiado la representación sin previo aviso. Iba a contaros cómo resultó la cena posterior, a cargo del mismo teatro, en la que sirvieron cocina “de diseño”; si por diseño se entiende cuatro rollitos de primavera diminutos cerrados por los lados, cual caramelo, con lo que parecía ser el alambre del pan de molde y que resultó comestible (yo al menos me lo comí), seguido de ocho cuadrados de lo que no son tortellini (no recuerdo cómo se llaman) rellenos supuestamente de salmón con salsita nosequé… pero en los que se podía aún degustar el aguachirri en los que habían sido cocidos; rematado con unas natillas (me juego el cuello a que eran tan caseras como los Danone) bañadas en whiskie… En fins. Y de cómo, a la salida, tuvimos que dar saltitos por las aceras esquivando los escupitajos de una mujer que señalaba así de gráficamente su territorio y sus contenedores (intuimos que para avisar al hombre que pretendía hurgar en uno de ellos, el cual pilló el mensaje y se retiró más lejos).

También os iba a contar cómo, después de haber comentado con mi marido el curioso dato de que nunca nos habíamos topado en Madrid (ni en ninguna otra parte) con un taxista extranjero, como es usual ver en la pelis ambientadas en Nueva York, con lo ¿accesible? que parece la profesión a primera vista… y el siguiente que nos lleva de vuelta al hotel es sudamericano (y por cierto, fue el único que hizo levantar el taxi un palmo del suelo de la velocidad y las piruetas entre el tráfico, que llegué con dolor de estómago y pegada a los cristales cual ventosa de muñeco Garfield). Y también lo del otro taxi, el recorrido corto más largo del mundo, porque el buen hombre (a mi marido no le cayó tan bien como a mí) acababa de abandonar su oficio de transportista para meterse al negocio de taxista, disponiendo para ello únicamente de su taxi nuevo (un Skoda Octavia que, al parecer, deben de estar de oferta para taxistas, porque llegué a observar en una rotonda a cinco a la vez) y de una hippie mexicana que le iba indicando la ruta a seguir (nos contó que la hippie española se ponía de muy malas pulgas cuando se equivocaba, que le mandaba dar la vuelta en la siguiente rotonda de muy malos modos, mientras que la mexicana dulcificaba el momento sugiriéndole que, cuando él estimara oportuno, conviniera en tomar la dirección contraria), y nos perdió a los tres (cuatro si contamos a la jipi) varias veces por todas las calles posibles. Yo, cuando me compre un Jipi(ese), será un varón moreno, cachas, que me insinúe más que indicarme; y me perderé aposta con el único fin de escucharle decirme “a pesar de ser la mejor conductora y la más bella, te has metido (porque no te lo he indicado correctamente, me explico muy mal, perdona mi amol) por donde no era; pero no te preocupes, hermosa, que yo te llevo a casa…”.

También iba a contaros cómo Murphy se nos mete en la maleta allá donde vayamos, y de cómo ya el tío es tan cansino que hasta resulta predecible. Anduvimos por la zona de Gran Vía-Callao buscando una mochila molona (a mi esposo no le gustan los “bolsitos” que se llevan tanto ahora para echar sus pertenencias urbanitas); pero es que, al parecer, este año no se deben de llevar mucho, y no encontrábamos más que las grandes mochilongas de deporte. Sólo hubo una que no le desagradaba, pero que no era la mochila de sus sueños… En el tiempo que tardamos en bajar y volver a subir la planta del Corte Inglés, una vieja se la había agenciado (sospechamos que para su nieto, porque si la llegamos a ver por la calle con ella a la espalda, a mi marido le entra una depresión). Así que, en el siguiente Cortinglés que vimos, la localizamos (a la mochila, no a la vieja) y nos la compramos, a sabiendas de que, muy probablemente, a partir de ese momento veríamos siete u ocho modelos más acordes con nuestras pretensiones en la siguiente tienda que nos saliera al encuentro. Dicho y hecho: la siguiente tienda contenía al menos cuatro modelos mejor acondicionados; mi marido quería llorar (y estrangular a Murphy), pero, ante la imposibilidad de lo segundo, le convencí para que se la llevara también, argumentando que yo misma tenía tropecientos bolsos y eso no era óbice para que me comprara otro más si veía alguno que me gustara. Así que salimos de la segunda tienda con una mochila dentro de otra y aprovechamos la ausencia de churumbel para meternos en el cine a ver en pantalla gigaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaante La Última Legión (primera vez que vamos al cine después de muuuuchos meses, un poquito de comprensión, plis). Después de tan “desenfrenada” noche, pillamos taxi y pal’hotelito, que uno está ya pelín entrando en años y demasiada marchuki puede ser perjudicial.

Iba a contaros todas esas cosas, pero es que ahora me pilláis desinfladita, que diría Ed Flanders.

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Jugando a las definiciones

Juguemos un rato. Adivina adivinanza, tenemos que averiguar el significado de ciertas palabras de las cuales nunca antes habremos oído hablar. ¿Estarán en alguna lengua extraña? Juzguémoslo.

HO-HO-HO-KI.

A ver, esta tiene pinta de japonesa, lo menos. Menos la última sílaba, el resto parece sacao de un discurso de Papá Noel. ¿Será la risotada del susodicho dicha en la susodicha lengua oriental? (Id apuntando en un papelito lo que pensáis que es, lo que os inspira…).

PASOTONES.

Esta suena hispana, sin duda. Pudiera ser un grupo de pasotas en grado supino. O que te pisen los pies de una forma inhumana… O un nuevo tipo de baile de salón.

CACACAO.

¿¿¿¿¿????? (con esta es que ni me atrevo, oye).

COCOCOLA.

Jups, esta me suena de algo…

Luego hay una categoría de palabras que son usadas indistintamente para varias cosas diferentes, y es el hábil y acostumbrado oído el que ha de discernir entre el contexto el posible significado:

ATO.

SOL.

Cuidao aquí con las obviedades…

____TICTACTICTACTICTACTICTACTICTAC____

Bueno, voy a ser buena, voy a daros unas cuantas pistas. ¿Qué tal si las incrustamos en algunas frases? Quedaría algo así como…

-¡Mira! ¡Ho-ho-ho-ki abelopepe!

-¡Ote, ato! ¡Pasotones!

-¡Quero Cacacaaaaaooooo! ¡Cacacao cococola! ¡Cacacao cococola!

-Voy ato yugá ho-ho-ho-ki abelopepe, Lítel-Pípol pasotones.

____TICTACTICTACTICTACTICTACTICTAC____

Bueno, ya habéis tenido tiempo suficiente para pensar, a ver si vais a tener menos imaginación que mi hijo de tres años…

Mi suegro tiene un Vitara, Suzuki para más señas. Indefectiblemente, cuando mi hijo ve un todoterreno, es el Ho-ho-ho-ki (suzuki) del abuelo Pepe.

Tengan ustedes mucho cuidao de no cruzar la calzada si no es por el correspondiente paso de cebra (paso de peatones…pasotones…peasotones últimamente).

El niño conoce perfectamente el símbolo de las marcas de los coches de la familia. Así que, ante los mismos, el niño irá proclamando que ahí está el coche (ote) mamá, ote papá, ote tito tal, ote tito cual… Lo del “ato” es más complicao, puede ser “alto” (que te pares), o su cuarto, o Pato, el inseparable compañero de Pocoyó (”Toyó”, por cierto).

Esta tarde ha venido de la cocina con el vaso que he usado hoy para almorzar, uno de esos típicos antiguos de la Coca-Cola (cococola) que compré de oferta en el Lidl; empeñado en que le preparara su Cola-Cao vespertino (cacacao) en él.

La traducción de la última frase sería más o menos: “Me voy a mi cuarto a jugar con el suzuki del abuelo Pepe y con los Líttle People a que cruzan el paso de peatones” (la alfombra de su cuarto es una ciudad llena de carreteras).

Todo esto es muy bonito y entrañable, pero prometo que hay ocasiones (¿qué puñetas es “sol” cuando NO es sol? Fácil… una flor… por ejemplo) en las que necesito urgentemente un tripetre simultáneo. ¿Conocéis alguno bueno y barato?

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Gracias

Antes de nada, dar las gracias (y felicitaciones) a LaMirada y a Guitarrero por incluirme en ese reparto de premios que destacan las buenas ondas cibernéticas que fluyen por aquí. Sé que alguno de vosotros le incomoda la sensación de tanto peloteo tonto, pero a mí me hace inmensamente feliz saber que mis palabras influyen en otros, que dejo paso a la reflexión, que dejo mi huella de alguna manera en vuestro subconsciente. Recibir ese feed-back alimenta más cosas aparte de la propia vanidad. Aunque algunos no lo comprendan, la amistad aquí sí existe, y decirlo en voz alta en tribuna pública, delante de los demás, no hace más que profundizar en esa relación.

Esta vez no voy a premiar, pese a lo dicho en el párrafo anterior, porque ya no puedo dejar fuera a ninguno de mis habituales. A ellos los tengo enlazados, no tenéis más que echar un vistazo al blogroll a la derecha para saber quiénes son. Algunos ya no están (escribiendo), pero siguen muy presentes para mí (aprovecho y aviso que para ellos pronto actualizaré el blogroll con el objeto de dedicarles un apartado especial).

También quiero redireccionaros en esta ocasión al blog de El Delfín, ya que es allí donde he publicado un post sobre la ilusión y la felicidad, a raíz de un artículo publicado ayer el El Mundo y firmado por el psiquiatra Enrique Rojas (no me he parado a investigar si es pariente de Luis Rojas Marcos; para el caso, da igual). Considero que el tema a tratar va tanto con lo que allí quiero transmitiros, que era el lugar adecuado. Además, así también os recuerdo su existencia y os animo a que comentéis allí, que me gusta que los que lo visitáis dejéis vuestras impresiones a través de los comentarios de sus historias. Él siempre nos perseguía para que le diéramos nuestra opinión sobre lo que escribía; era su forma de progresar y de ser reconocido. Así que no os corte el hecho de que él no esté; yo sí estoy, y el resto de sus hijos también.

Besazos a todos.

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Tu madre será una santa

pero tú eres un H.G.P.

Esta mañana me has echado las largas cuando aún faltaban más de cien metros para alcanzarme, mientras yo adelantaba en la autovía a la velocidad máxima permitida. Tanto le dabas a tu BMW de mierrrrrrrda que has llegado a mi trasera antes de que yo acabara el adelantamiento. Cuando lo he pasado, tengo una línea contínua que me impide cambiarme de carril porque se acerca la próxima salida. Así que opto por seguir respetando el código de la circulación mientras te esperas como todo el mundo. Pero no, no puedes esperar, ahora estás furioso porque no me he apartado cuando a tí te ha salido de los cojones (sí, en esta ocasión eres varón, 50, me ha dado tiempo de ver tu asqueroso careto por el retrovisor), así que decides adelantarme por la derecha, te cambias de carril saltándote la línea contínua que yo no he querido profanar. Pero entonces, la línea desaparece y ahora me toca a mí poderme cambiar, así que pongo mi intermitente, controlando que, aunque terriblemente cercano, aún no me rebasas los cuartos traseros. Y me cambio, con toda mi furia contenida, sin volantazos, progresivamente, como siempre. Y más furioso tú aún, me has adelantado por la izquierda mientras yo te pitaba aún antes de ver tu sombra a mi lado. Me has pasado muy rápido. Eres un cabrón de mierda, has puesto en peligro mi vida y la de todo el que circulaba cerca. Tú te has enfurecido porque no te dejaba paso cuando no te lo merecías, y yo me he enfurecido porque no respetas lo más básico. ¿Has llegado antes? ¿Has batido tu marca? ¿Te han dado tu azucarillo como todas las mañanas por tener más puta potencia y llegar el prime? Me das asco. Eres un H.G.P.

Ayer, mientras circulaba por la ciudad pegada al carril derecho en una vía de cuatro, el único que permite girar a la derecha y desde el cual también está permitido seguir recto, te me cruzaste sin precaución, como si yo no existiera, para girar a la derecha desde un carril en el que no se puede hacer semejante pirula. Si no freno en seco, saliendo de mis pensamientos como un tapón de champán, me estampo contigo. Y tú hubieras tenido la culpa. Pero eso qué más te da… No te he visto la cara, puedes ser cualquiera, con un coche cualquiera. Eres un cabrón, me das asco, has puesto en peligro mi vida y la de todos los que andaban cerca por llegar antes y no circular con un mínimo de sentido común. Eres un H.G.P.

Tantas otras veces me topo con seres como tú… ¿cuándo no tendré tanta suerte como ayer y como hoy?

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Septiembre

Ya lo tenemos aquí. Vuelve a costar trabajillo entrar en la ciudad a las ocho de la mañana (qué bonito el coche que llevo delante en la caravana; anda que el de al lao…; joer, macaba de adelantar la honda deauville de mis sueños… ya te pillaré, morena). Vuelve a costar trabajillo aparcar el coche (ohhhh, juasjuas, qué chula soy, mira ande me aparcao, lalaralalaaaa…. jostias, plaza de minusválido… joer!). Ya vuelve a costar encontrar mesa en la cafetería (en la barra tampoco se está tan mal, hummm……, au-au, pisotón y codazo a la vez no, por favorrrrr). Ya vuelven todos los blogueros a escribir asiduamente (ya se anima el cotarro, ya). Y sí, me gusta septiembre, aunque no sea precisamente por el fresquito echado en falta (bueno, este verano concretamente apenas ha dado tiempo a echarlo de menos), ya que en esta latitud-longitud tenemos mangas cortas aseguradas hasta el puente de la Inmaculada Constitución. Ese olorcillo a material escolar (este año tenemos estreno de cole por partida doble, mi niño y mi menda). Esa luz menos cegadora, más amable. Ese buen tiempo a menudo precedido por un agosto rebotao……………………………

Ese volver, volver, todos a volver…… y entonces voy yo y me piro de vacaciones!!!!!!!!!!!!! Así da gusssssssto, jejejejejejjejeje.

Hale chicos, que vosotros ya habéis tenido vuestra parte, ahora voy yo y lo recojo todo ;)
Sed malos ]:-)

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    Mes a Mes

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    La colección completa, post a post

  • Ostras, lo que yo decía…
  • Sequía
  • El hombre tranquilo
  • En el Jardín de la Magia
  • Amo a vé…
  • S.O.S. BCN
  • Fugaz
  • Dar séra, pulir séra
  • No puedo evitarlo
  • Bajo la lluvia
  • Desvaríos
  • ENHORABUENA A TODOS
  • DesEscombrando
  • Aguante
  • No tiene precio
  • Viscoelástica o el arte de la adaptación
  • TAMPOCO sigas esta flecha
  • Tengo un boleto ganador
  • NO sigas la flecha
  • Espacio libre
  • Fórmula magistral
  • Antes de morir, ocho cositas
  • Fatal error
  • Te presto mi voz
  • …y aterrizando
  • El día del padre
  • Excelencia
  • Cuando puedas
  • A la semana siguiente…
  • Al día siguiente…
  • Hoy te quiero regalar palabras
  • Avanzando en primera
  • Nunca des nada por supuesto
  • Recordando unos versos
  • Dime cómo trabajas, y te diré…
  • Asúl (la lógica infantil)
  • Las cuatro estaciones del alma (I)
  • Seguro que a vosotros también os ha pasado
  • Post Gata
  • Desenfocados
  • El Pollo de la Paz
  • Pero qué pedorra soy
  • El porqué de algunas cosas.
  • No quiero
  • Cambiando mi interior
  • Desubicación
  • Eau d’orage
  • Miel de caña
  • ¿Dónde está Wally?
  • Nada se para, todo continúa
  • Cáncer, sin aforismos
  • Volare……… oh-oh!
  • Confirmaciones
  • Somos la leche
  • Matrix y el Nuevo Plan General de Contabilidad
  • Ocurrió en la escalera
  • El Camino de Sastiago
  • Matarile-rile-rile…
  • En buena compañía
  • Como las locas
  • Cómo ser marido sufridor y no morir en el intento
  • ¿Cuántos nortes tenemos?
  • ¡Más madera!
  • Iba a escribir
  • Jugando a las definiciones
  • Gracias
  • Tu madre será una santa
  • Septiembre
  • Procas…¿qué?
  • Vuelve mañana (díjole el de la ventanilla al del Almendro)
  • La fibra sensible
  • El pie de la letra
  • ¿Es bueno guardar al menos dos días los artículos como borradores?
  • La cámara oculta
  • Izquierdos de autor
  • Otro agosto es posible
  • Podología
  • Mejor que el Pulitzer
  • La estación llena
  • Si mi padre hubiera tenido un blog, hubiera sido éste
  • Lejos
  • Desconexión
  • De muchos colores, formas y texturas
  • Historias de trimestres
  • Despedida a una etapa de mi vida
  • Arqueología musical
  • Recordando presentes paralelos
  • Hand in my pocket
  • Afú
  • El pijo pródigo
  • Una casa sin muebles ni cortinas
  • Un rato a solas
  • Ocho segundos
  • Un añito más joven
  • ZooHome
  • Peripecias de unos sureños en los madriles
  • Mis alas
  • La camisa de la serpiente
  • El cliente
  • El círculo

    Clasificados por categorías

  • Cuento contigo (13)
  • El Arenal (5)
  • Esto no es cuento (85)
  • Las Rosas del Desierto (8)
  • Poesía (2)

    Y si quereis buscar algo...

  • Para no tener que arrepentirnos de lo que no hicimos

    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
  • La Arradiobló

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