Hace un año exactamente a mi madre le diagnosticaron un quiste en el ovario. Después de unas cuantas pruebas, a primeros de diciembre entró en lista de espera para la intervención quirúrgica en la que habrÃan de extirpárselo. Aproveché la coyuntura para introducirla en los complejos mundos de la telefonÃa móvil, habida cuenta de que la avisarÃan telefónicamente, y no era cuestión de tenerla durante (como máximo) seis meses sentada ante un altarcico velando beatamente el teléfono. Le pasé mi viejo Nokia 3310 (si alguno lo ha tenido puede dar fe de que es robusto, simple, fiable y, con una carcasa nueva que le puse en su dÃa, muy muy molón). Le grabé sus números habituales en la agenda, le enseñé a usarla, a marcar, a apagarlo, a encenderlo y a darle al botón de la raya horizontal cuando estuviera absolutamente perdida por esos menús del Señor y no supiera cómo continuar. Le puse la sintonÃa del anuncio de la Coca-Cola, aquél que rezaba “Ohhhhhhh, Chiguaguaaaa” (metido por mi menda mediante el compositor de tonos del aparato), a todo volumen. Le ajusté el audio de las llamadas al máximo para que se enterara bien de lo que le decÃan los interlocutores. En fin, le dà alas para que pudiera irse a la compra, a merendar con las amigas, a la playa o a los viajes de Imserso, sin que la única llamada que en realidad esperaba no la condicionara en su rutinita habitual, valga la redundancia.
Me la traje a casa para el puente de la Inmaculada Constitución con vistas a que se pasara la Navidad con nosotros. Se cumplÃan dos años desde la muerte de mi padre y, entre unas cosas y otras, no querÃa que estuviera sola. Los hijos tenemos una especial habilidad para imaginarnos (sin acertar) cuáles son las necesidades de nuestros mayores, y aquà me rÃo yo de eso que decÃs por ahà de que si cuando dos personas empiezan a tontear juegan al juego de la indiferencia, haciendo ver que no quieren lo que quieren y viceversa. Nada comparado con los estertóreos y a la vez sutiles esfuerzos que hacen nuestros abuelillos para decir lo que quieren hacer y nosotros no les hagamos puto caso y les obliguemos prácticamente a hacer lo que no quieren. Pues eso, que ciertamente en su casa estaba sola y en mi casa no, pero en mi casa la alejé de su rutinita habitual. Pero bueno, eso es otra historia. A lo que iba.
Cerca del vivaracho nieto, vivió más o menos aburrida entretenida durante casi cuatro meses, tras los cuales, antes de Semana Santa, anunció que pillaba las maletas y se iba a su casa, que ya tenÃa ganas de independizarse y vivir sola y ser ella misma para lo bueno y para lo malo (¿?). Durante todo ese tiempo, el teléfono no se llegó a apagar y fue cÃclicamente recargado para evitar que se quedara sin baterÃa. Pero no sonaba. Al menos, no sonaba aquella llamada que esperábamos “inminentemente”. De hecho, una de las razones esgrimidas por ella para marcharse de vuelta es que, cercano ya el cumplimiento de los seis meses desde su ingreso en la lista de espera, no podÃan retrasarse mucho ya en avisarla, y querÃa tener todo a punto (vamos, la casa limpia, la maletilla preparada con dos camisones, la bata y las zapatillas, y poco más).
Se pasaron los seis meses. Ella llamaba de vez en cuando al teléfono del hospital que llevaba su caso para preguntar si no la habÃan llamado y se habrÃan equivocado de número, o algo similar. Por fin, un dÃa indefinido de junio la avisaron para hacerse las pruebas preoperatorias. A partir de entonces, esperar la llamada telefónica que la avisara del dÃa de la intervención se convirtió en el monotema por excelencia, onmipresente en todas las conversaciones, pensamientos y actos de todos los minutos del dÃa y de la noche (ya se sabe que cuanto más mayores menos se duerme y más se le da al tarro durante las horas de vela). Nos hemos pasado el verano entero planeando vacaciones con el miedo a que, de pronto, la avisaran y nos pillara a cada hijo en un rincón del mundo, cuidando de no coincidir, como si fuéramos una empresa que no pudiera parar sus máquinas en ningún momento, siempre alguno disponible para una emergencia.
Pasó el verano y llegó el otoño (¡ay, qué coño!, que siempre coletea mi madre) y a mà se me empiezan a inflar ya las narices. El quiste habÃa crecido un poquito según el seguimiento que le hacÃan de vez en cuando; vale que no fuera grave, pero es que la Junta de AndalucÃa se jacta mucho de que nadie tiene que esperar más de seis meses en una lista de espera para una intervención quirúrgica, y esto ya no eran seis, eran nueve casi diez. Asà que le caliento la cabeza a mi señora madre y le insisto para que, en una de sus visitas al hospital especÃficamente hechas sólo para preguntar en persona que para cuándo ella, les diga que se quiere operar por lo privado, ya que la jactanciosa Junta de AndalucÃa asegura que sufragará la intervención en centros privados si estás más de seis meses esperando (supongo que hacerle el preoperatorio en junio es una táctica para “sacar” pacientes de las listas de espera). Y le contestan que “señora, está todo el mundo igual, primero van los casos más graves, fÃjese que ahora están llamando a los que se hicieron las pruebas en MARZO (¡y estamos en octubre!), y que (ojo al dato) las especialidades de ginecologÃa no entran en eso”. Conforme me lo contaba, a mà se me iban cruzando más y más una ceja con la otra; las narices ya no me cabÃan en la cara; y la vena del cuello amenazaba con desgarrar la piel (si hubiera sido JalogüÃn podrÃa haberlo aprovechado para hacerle la competencia a Betty). Pero consigo contar hasta diez, reflexionar y medir mis pasos. Me pongo al habla con una amiga que trabaja en un hospital del SAS (Servicio Andaluz de Salud) y le comento lo raro-raro que me suena tal afirmación, y ella me confirma que, ciertamente, es raro-raro, y que no cree que sea cierto. Asà que busco la Orden de la Junta de AndalucÃa en la que figuran anexas todas las intervenciones quirúrgicas que te pueden hacer por lo privado sufragando los gastos el SAS. Y la encuentro. Y me la leo. Y llego al anexo. Una columna enterita de especialidades ginecológicas. Lo que me temÃa.
Asà que hablo con mi madre y le cuento lo que he descubierto. Que son unos chorizos como la copa de un pino, que se han esforzado por hacerle las pruebas prontito para sacarla de las estadÃsticas de las listas de espera, que la han engañado vilmente (dos veces en dos sitios distintos le dijeron que no procedÃa la operación privada para ginecologÃa) para que no engorde tampoco las estadÃsticas de usuarios que solicitan ser operados en hospitales privados (encontré en internet un bonito artÃculo de hace uno o dos años en el que la Junta se vanagloriaba de que “sólo tres usuarios de los poquitos que han sobrepasado los seis meses han optado por esta solución”; claro, coño, si al resto los engañas y beeee-beeeeeeeeeee se lo creen, pues….). Pero, sobre todo, le digo una cosita que mi amiga me ha dicho: que lo que más puede dolerle en este mundo a un departamento de un hospital es recibir una hojita de reclamaciones de esas hechas desde la culminación de la razón absoluta (vamos, no de esas que escribimos porque se nos acaba el papel higiénico). Y la razón de ese dolor es económica. Ya se sabe que el bolsillo duele, y mucho. Porque esos departamentos funcionan por objetivos, y cobran los complementos de la nómina según la consecución de esos objetivos. Y no tener hojas de reclamaciones interpuestas es un objetivo.
A la semana siguiente de esta conversación, que fue seguida de la oportuna llamada telefónica de mi señora madre al hospital preguntando dónde daban la famosa hoja de reclamaciones, la llamaron para que se hiciera una nueva ecografÃa, en el transcurso de la cual le comunicaron que la ingresarÃan en un par de semanas. No fueron dos. Fue una. ¿Casualidad? Si tenemos que creer que estaban llamando todavÃa a los de marzo, no es de esperar que llamen súbitamente a una de junio. Asà que… yo ya he dictao mi veredicto al respecto.
Sólo queda ahora un elemento nuevo que me tiene indignada. Después de la operación y pronta recuperación, después de quitarse los puntos en el centro de salud, recogió unos análisis que se habÃa hecho dos o tres semanas antes de la operación, encargados por su médica de cabecera para ver qué tal andaban esos niveles de hierro, de colesterol y de azúcar. Esos análisis decÃan, por boca de su médica, que estaba muy muy baja de defensas. Vamos, que está. Y digo yo… ¿qué clase de nuevas pruebas le hicieron a su ingreso en el hospital que no miran cómo tiene las defensas un paciente que va a entrar en un quirófano? La verdad es que fue una candidata perfecta para morirse de una infección sobrevenida. Asà que, ahora, a agradecer mucho a la divina providencia que todo hubiera salido bien y no hubiera pillado nada en el hospital.
Y esta es la historia del peregrinaje del que somos vÃctimas muchos usuarios de muchos organismos públicos. Esto ha sido un ejemplo. Cuántas historias buenas hay en el SAS, cuántos casos de buenos profesionales que se desviven por sus pacientes y luchan por facilitar lo máximo posible lo inevitable. Y cuán eclipsados quedan estos esfuerzos cuando se enfrentan a la cobardÃa de un sistema politizado que se empeña en tratar lo que no es una empresa como si fuera su particular marquesado.
Feliz peregrinaje por el Camino de SAStiago. Que el Apóstol nos pille confesados.
Noviembre 9th, 2007 at 4:45 am
A ti al menos te sirvieron de algo las reclamaciones. Aun recuerdo cuando un mes de agosto, tras pedir el permiso correspondiente en el trabajo, fuimos hacer una eco a mi señora esposa y el medico en cuestión ya se habÃa ido cuando llegamos. La enfermera argumentaba que la hora de la cita se habÃa pasado…¡¡pero coño, si estabamos alli y aun no era la hora!! Lo más indignante fue la carta de contestación que recibimos argumentando eso mismo que nos decÃa la enfermera y que nosotros habiamos vivido en persona como NO CIERTO. De no haberme considerado a mi mismo una persona civiliada, en esos momentos habrÃa recurrido a la fuerza bruta. Besitos para tu mami, Illya
Noviembre 9th, 2007 at 9:34 am
Que angustia, cada dia estamos peor y todo se convierte en una maniobra politica para encubrirlo, mientras (tu mami ha tenido suerte) tenemos que terminar acudiendo a seguros privados o pagando las operaciones.
Noviembre 9th, 2007 at 10:23 am
pues sabes?? podemos llorar con un ojo con el SAS !!!! tengo una experiencia cercana con la sanidad gallega (por ejemplo) y a su lado el SAS funciona como la Clinica MAyo …. En fin… mal de muchos, consuelo de tontos… pero consuelo al fin y al cabo
salud
Noviembre 9th, 2007 at 11:59 am
No te creas que tu historia es exclusiva del SAS, en el SERGAS (servicio gallego de salud) estoy viviendo una situación similar con mi madre. Se hizo las pruebas preoperatorias en septiembre y no la operan hasta finales de febrero. Por suerte no es urgente, pero le recomendaron la operación en mayo, asà que cuando la operen llevará 9 meses de espera.
Un beso.
Noviembre 9th, 2007 at 12:24 pm
Si es todos podrÃamos escribir historias de “terror” con los diferentes servicios de la seguridad social por todo el paÃs.
Besos
Noviembre 10th, 2007 at 12:15 am
pozi….. es una historia demasiado repetida y terrorifica….la realidad supera la ficcion …(desgraciadamente)..:(
Noviembre 10th, 2007 at 12:11 pm
Me he quedado de piedra con este post :/
Noviembre 10th, 2007 at 10:47 pm
Es tremendo. No se puede jugar asà con la salud de la gente. Y encima no se puede ni elegir, a mà me descuentan directamente de la nómina una cuota bastante alta para pagar la seguridad social, asà que no me puedo permitir otra clase de seguro. Aunque la mayorÃa de las veces termino acudiendo a una consulta privada. En fin, como dice Nanny, las historias al respecto tienen que ser infinitas…
Besos a Mami.
Noviembre 11th, 2007 at 2:11 am
Kafkiano verdaderamente. HabrÃa que vengarse de esos politici-ejecutivos que fumcionan por objetivos sin importarles nada ni nadie.
Noviembre 11th, 2007 at 1:16 pm
Por eso las aseguradoras privadas están últimamete de un subidón! A mà me operaron de lo mismo que a tu mamá (por suerte, ese tipo de operaciones son de poquÃsima gravedad, y se hacen ahora por laparoscopia, por lo que una infección es muy poco probable) el dÃa que yo elegà y a la hora que yo decidÃ.
Pero me cuesta una pasta mensual, claro.
Un beso, espero esté ya perfectamente recuperada.
Noviembre 11th, 2007 at 4:24 pm
Lo de la seguridad social es muy fuerte…aún recuerdo cuando Ãbamos mi hermana y yo con faringitis, auscultaba a una y recetaba a las dos…¡cómo si fuéramos siamesas!
Yo hace un añito me operé de un quiste tamaño huevo kinder en cada ovario, muchos ánimos a tu mami y saldrá todo bien claro! un beso
Noviembre 12th, 2007 at 3:25 pm
ay si yo te contara la de malas historias de ese tipo. Aunque yo ultimamente estoy escamada… ya sabes, me voy a hacerme una radiografia, me ingresan, me operan … y por horas que no me cortaran una mano. Lo que te digo amiga mÃa, los médicos a no ser imprescindibles, mejor lo más lejos posible.
Un beso.
(sigo apurando el espacio de mi viejo bloc…pasate si gustas)
Noviembre 13th, 2007 at 10:37 am
Dentro de lo deprimente de tu historia, me alegra enterarme de que las reclamaciones funcionan porque, si te digo la verdad, pensaba que no valÃan para nada. En todo caso, lo importante es que todo haya salido bien y tu madre esté idem. Aunque, ciertamente, es una vergüenza que nos sometan a estos via crucis. Un beso.
Noviembre 13th, 2007 at 11:29 pm
La Sanidad un via crucis es cierto.Luego hablamos que si la privada. Si necesitas algo de temas medicos avisame, tengo algun contacto. Grcias por el aviso de qu he salido en la voz de almeria, no teno ni idea, voy a ver si consigo algun eemplar y si tu puedes guardamelo y te pones en contacto conmigo por favor. Saludos y besos. ( a ver si encuenro el articulo por la red ).
Noviembre 14th, 2007 at 10:56 pm
Gracias por todo ya lo consegui, sin tu aviso hubiera sido imposible, pasa y lo ves. Saludos
Noviembre 16th, 2007 at 12:24 pm
Gestionar la salud de casi ocho millones de personas, cada una con sus cosas y cositas, tiene que ser un cacao de primera, a eso no me apuntarÃa en la vida. Supongo que es verdad que hay cosas que se arreglan, pero todo eso se me viene abajo cuando leo experiencias como la de este post.
Recurrir a la mentira (eso de que las intervenciones ginecológicas no se desvÃan a las privadas) y al manipuleo (hacerle las pruebas antes de tiempo para sacarla de la lista de espera, sin importarles que luego haya que repetir las pruebas porque ha transcurrido mucho plazo) me enerva sobremanera. Puede que llamarles “chorizos” sea un pelÃn extemporáneo, pero igual a mà se me hubiera ocurrido otro califcativo más contundente, de esos que llevan un “de la gran” enmedio.
Ahora, las hojas de reclamación son un invento cojonudo. Habrá quien las utilize en vez del Scootex, pero a muchos nos han servido.
Ah, me sigue encantando el bló.
Noviembre 17th, 2007 at 1:43 pm
Cieso, qué alegrÃa verte por aquÃ, casi me restriego los ojos para ver que eras realmente tú. ¿Cómo estás?
Ciertamente, gestionar la salud pública tiene que ser ciertamente engorroso. Lo que a mà me indigna realmente es que haga falta médicos de diversas especialidades y no convoquen tantas plazas como recursos humanos se necesitan, asà como que dejen sin cubrir las bajas, las vacaciones, las licencias y los permisos, porque lo que queda es un caos. Y encima que te digan desde fuentes polÃticas que funcionan de puta madre y que “todo lo hacemos muy bien”. ¡Anda ya, cabronazos! Aún no se han enterado que todo se reduce a una BUENA GESTIÓN DE RECURSOS, y que si el servicio tiene deficiencias, lamentablemente el 90% tiene mucho que ver con la nula calidad gestora de quien tiene la obligación de gestionar. Y hablo a nivel de ConsejerÃa de Salud, porque los hospitales sólo reciben los medios que ésta les proporciona. Mucho “dáme las competencias de salud” para luego no saber qué hacer con ellas.
En fin, trataré de escribir alguna buena experiencia con la sanidad pública en algún próximo post, no por ensalzar las virtudes del sistema, sino por reconocer el empeño que muchos profesionales vuelcan muy a pesar de las circunstancias.
Gracias a todos por pasaros por aquà y dejar vuestro granito de arena.
Noviembre 18th, 2007 at 12:28 am
Y que lo digas. Yo ando en las mismas circunstancias que tu madre pero con un problema de rodilla y ya tengo las narices muy,pero que muy hinchadas. También vivo en AndalucÃa y no me cuadran la mitad y media de las cosas. Es una verguenza todo esto, no me lo explico.
Espero que tu madre se mejore del todo y cuanto antes.
MUchas gracias por ese bonito comentario que me has dejado.
Besitos muchos.