Vengo del blog de Tamaruca, a la que mando desde aquà un enorme abrazo y, por segunda vez en pocos dÃas, lo que iba a comentar se transforma en post.
Agradeciendo a todos vuestros comentarios al artÃculo anterior, quiero despedir el tema y el tercer aniversario de su marcha compartiendo con vosotros las sensaciones que vivà aquel fin de semana tan extraño.
Después de tomarnos las tilas que nos trajeron las enfermeras para calmar los nervios acumulados, planificado el traslado al tanatorio, nos dispusimos a abandonar el hospital. Mi madre decidió coger la oferta de la aseguradora de “los muertos” y pillar una sala de velatorios enorme, con dos estancias separadas por un tabique y un cuarto de baño, incluso una especie de porche enorme acristalado. Asà estarÃamos más cómodos nosotros y todos los que pretendÃan venir a pasar la noche. Por aquel entonces, mi niño tenÃa tan solo dos meses, y mi madre dio por hecho que en la sala se estaba tan a gusto que el nieto bien podÃa echarse el sueño nocturno acompañando al abuelo. Pasé por casa para ponerle el pijama, le coloqué el saco de dormir, y nos fuimos a velar.
Era de noche, pero no paraba de llegar gente. Es curioso cómo aparecen amigos a los que hacÃa siglos que no veÃas. La cosa más o menos discurrÃa igual: abrazo emocionado, lágrimas que se saltan, comentarios de ánimo y… al cabo de un rato de no venir gente nueva, de pronto te encontrabas enfrascado en mitad de una conversación de lo más trivial. Tengo la imagen grabada (tengo muchas de esos dÃas) de la pandilla de mi hermano, sentados todos en corro alrededor de una mesa. Casi casi podrÃamos decir que sólo faltaba en aquella escena unos posavasos y unos cubatas. Hablaban y hablaban, y comentaban cosas cotidianas, y de vez en cuando alguno soltaba una parida absolutamente normal y todos nos reÃamos con la ocurrencia. No veas cómo alivia tensiones reÃrse. Qué bien sienta.
Llegó un momento en el que se fue yendo la gente y nos quedamos los que Ãbamos a pasar toda la noche allÃ. El peque se quedó roque en su cochecito después de endiñarle la teta, y los demás nos desparramamos en sillones y sofases varios, dispuestos a descansar unas horas. Recuerdo en otra viva imagen a todos los cuerpos acostados, alumbrados por un par de apliques que dejamos encendidos, cada uno intentando encontrar la posturita. Estábamos mis dos hermanos, mis dos cuñadas, mi marido, el bebé, mi madre y dos matrimonios Ãntimos amigos de mis padres, de esos amigos que son más que familia. En el silencio que se hizo mientras cada uno intentaba conciliar el sueño (alguno ya lo habÃa logrado y lo celebraba con alegres ronquidos) yo me quedé mirando la escena, sintiendo una mezcla de sensaciones que, en resumidas cuentas, me hacÃan estar bien. SentÃ, por extraño que parezca, que era una noche perfecta. Porque estábamos todos, estaba mi padre, que cómo se iba a haber perdido aquella juerga. Estábamos todos, estábamos completos, y mi padre ya no sufrÃa. Fue una despedida en toda regla, aquella noche no faltaba nadie. Nadie. No faltaba él. Después de aquella noche, él nos faltarÃa. Pero aún no, aún estaba con nosotros, allÃ, fÃsicamente, tras la mampara de cristal. Fue entonces cuando deseé que aquella noche no acabara nunca.
Le siento tan cerca, que ciertamente asà ha sido.

Diciembre 12th, 2007 at 4:01 pm
Ay mi niña, que me afloran las lágrimas y me acuerdo de que en muy poquitos años he tenido que velar a padre y madre, Estos dÃas estoy tristona, porque el 17 hara 6 años que siento la ausencia irreparable de mi padre.
Tuviste suerte de tener a toda tu familia contigo en tan doloroso trago. Mi ex(que aun era el titular), ni se digno a venir al velatorio, prefirio irse con sus papas de compras ….(sera cretino el tio y yo sin darme cuenta hasta entonces )
Un besooooooooo muy fuerteeeeeeee que sabes que te aprecio muchoo
Diciembre 12th, 2007 at 5:22 pm
Es curioso, pero yo en los tanatorios, cuando el difunto era alguien alegre, siempre me acabo riendo mucho.
Al fin y al cabo, es la herencia que nos dejan.
Diciembre 13th, 2007 at 12:04 am
Es muy bonito que lo sigas sintiendo tan cerca. Un beso.
Diciembre 13th, 2007 at 1:07 am
Antes la gente solÃa morir en casa, en su cama. VenÃan los familiares, los amigos, los vecinos de la escalera. En medio del dolor alguien de la casa tenÃa que preparar cafés, pastas, incluso meriendas para atender a todo el personal vivo congregado. el cadaver levemente arreglado por los funerarios, permanecÃa dentro del ataud, que se ponÃa sobre la cama, alrededor se colocaban 4 candelabros. Asà estaba durante 24 horas.Pasadas las cuales era bajado con dificultad por la escalera. la caja recibÃa más de un rasguño contra la baranda. Después era introducido en el coche fúnebre y todos Ãbamos a despedirle al cementerio. Pero eso ocurrÃa en otra época muy muy lejana.
Diciembre 13th, 2007 at 1:31 am
Tal como lo cuentas, Crono, recuerdo yo el de mi abuela (sÃ, aquella a la que ya no querÃa dar la mano), con la salvedad de que el ataúd lo pusieron sobre…….. la mesa del comedor!!!!!!!!! Era una sala únicamente destinada a comedor, con unas puertas correderas, asà que lo único que recuerdo era un hueco entre las puertas entreabiertas, dentro muy oscuro con sólo la titilante luz de las velas. Desde entonces, cada vez que comà en la casa de mi tÃa en aquella mesa y en aquel comedor me entraba un yuyu….
Aún hoy en dÃa se hace eso que cuentas de ir a despedir al difunto hasta el cementerio. Depende de si va a ser en una capital o en un pueblo (y según qué pueblo). Concretamente en el que vivo sigue viva esa tradición. Todos los hombres acompañan el coche desde el tanatorio hasta el cementerio. El coche va despacito despacito… tanto que el otro dÃa, a veinte metros de la rotonda llegando a casa, veo que está a punto de tomarla una de estas caravanas; el acelerón que le metà al coche para pasar antes que ellos fue escandaloso, pero es que como me adelantaran me veÃa atrapada detrás de ellos! Y querÃa llegar pronto, tenÃa mucha hambre…….
Diciembre 13th, 2007 at 8:44 am
Por aquÃ, vivo en un pueblo, se sigue haciendo lo de velar los difuntos en el propio domicilio, llevarlo en hombros hasta la iglesia y luego, en coche, hasta el cementerio. A mi me parece algo un tanto cruel, sobre todo para la familia, pues se sufre más de lo necesario cada vez que viene algún allegado. Lo que pasa es que eso suele ser el deseo del propio difunto, sobre todo en lo que a mis familiares respecta, pues ellos querÃan que el pueblo, cuantos más mejor, fuesen a despedirse de ellos.
Yo ya he dado las instrucciones oportunas para cuando me llegue la hora h, y en mi familia saben a qué atenerse …
Un besito.
Por cierto, recojo tu proposición y me ofrezco a hacerte ese masaje en la forma que a tà te gusta. ¿Cuándo vienes por esta zona? jejejej
Otro besazo
Diciembre 13th, 2007 at 11:55 am
Franfri, pondió, que este blog lo lee mi marido, ahora me va a estar esperando con la patita dando en el suelo a ver qué significa eso del masaje…………. estooooooo, Marido Sufridor, no te pienses ná malo, que este muchacho trabaja en un spa…. y creo que te hace unos masajes de pies increÃbles……… que le pedimos hora los dos, ¿vale?
((( ¿He resultao convincente? )))
Diciembre 13th, 2007 at 9:09 pm
En casa no nos hemos muerto todavÃa.
longevos sà que somos.
El masaje ése dónde lo dan?
Un beso muy grande linda, sà que hay alguien que tengo muy muy presente en mi corazón, aunque ya no esté.
Diciembre 13th, 2007 at 11:17 pm
No conozco, aún, esa pena de primera mano… algún dÃa pero aún no…
Caray que me has emocionado…
Besos
Diciembre 14th, 2007 at 8:43 am
Que le hago otro a él, sin problemas, digo, faltarÃa más, jejejeje
Diciembre 14th, 2007 at 1:42 pm
Bueno, uno sólo muere de verdad cuando dejan de recordarle. Lo otro es simplemente cambiar el chasis carnal por otro espiritual. Pero sigue ahÃ, acercandose a tà varias veces al dÃa.
Y los tanatorios, sobre todo estos modernos con buenos sofás, bares y calefacción, son una jugosa fuente de anécdotas. Hay quien se ha colado en una sala (de la cual se habÃan ido los familiares para pasar la noche en sus respectivas casas) a dormir unas cuantas horas calentito haciendose pasar por un familiar del finado que habÃa llegado del pueblo.
Diciembre 14th, 2007 at 4:55 pm
Se me han puesto los pelos de punta!
Dicho asÃ, no suena tan trágico…
Muaks!!
Diciembre 15th, 2007 at 4:13 pm
Es difÃcil decir algo. Me recuerda al entierro de mi abuelo por eso de las risas y el silencio que hay cuando la familia nos quedamos solos en casa.
Un saludo
Diciembre 16th, 2007 at 5:24 pm
Este mes hará dos años que falleció mi madre. Por similitudes con los comentarios que haces, recuerdo que inaguramos el tanatorio en donde resido. recuerdo que aparte de los tristes sentimientos de perdida, habÃa una sensación agradable de estar agusto. El tanatorio estaba muy bien diseñado, todo era nuevo, bonito y eso hacÃa que por dificil que parezca, al menos pudiera sentirme agusto en aquellos momentos. Un beso niña
Diciembre 17th, 2007 at 3:19 am
Ha sido una descripción perfecta de la inesperada realidad de la muerte. Te entiendo perfectamente, a mà al menos no me nada blasfemo. TAmbién en el velatorio de mi padre estábamos todos, y se contaron algunos chistes o anécdotas, trajeron chocolate (aunque yo no lo probé). Al menos si se trata de una muerte natural (de persona mayor) esto es asÃ, por mucho que uno no se lo imagine cuando no ha tenido muertes cercanas en la familia.
Sin embargo hay otras muertes trágidas de personas jóvenes en las que el trago es tan amargo que esa sensación agradable es imposible.
Las muertes tienen sus reglas. Cuando uno ya las conoce se puede vivir más confiado.
Lo que tienen en común es que los que quedamos seguimos viviendo.
Un abrazo
Diciembre 19th, 2007 at 11:37 pm
MuchÃsimas gracias por compartir(te), me emocioné..
Muchos besos, felices fiestas por si acaso no me da tiempo a volver hasta el año próximo, mmuaa..