Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
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El Pollo de la Paz

A todos nos ha pasado, conceptos que de niños teníamos muy claros los hacíamos extensivos a todo el universo conocido (por nosotros), de modo que vivíamos en un silogismo continuo. Luego nos vamos dando cuenta que hay cosas que son aparentemente parecidas, pero que no tienen nada que ver.

Por ejemplo, mi niño ha tenido matraca de Papá Noel esta Navidad (¡cómo! ¿que el vuestro no?), así que salía a relucir en sus conversaciones infantiles cada siete minutos y medio. Mi cuñada le regaló durante ese festivo período un libro que cuenta la historia del Arca de Noé con dibujos y ventanas que se abren y muestran números, animales, formas y colores. A él le entusiasma ese libro, se lo lee todos los días de pé a pá, de pá a pé y, a veces de pí a pó. Pero lo que no terminaba de comprender, por más que se lo explicaba, es que el noble patriarca bíblico poco tenía que ver con el barrigudo hombre de rojo. Así, cuando le apetecía dar lectura a su libro, me decía “¿amo a leé libro de Papá Noel?”, y yo, resignadamente, le contestaba “sí, hijo, vamos a leer el libro del ARCA DE NOÉ”. Un mes ha costado convencerlo.

Otra. Ya sabéis que mi niño está en su primer año de cole (pobre, aún le quedan unos cuantos de aulas) y hay días en los que, al recogerlo, porta en sus manitas algo que la maehtra les ha repartido a todos los niños. Un papelito con un mensaje del APA(*) (uis, perdón, el lenguaje sexológicamente absurdo “correcto“ ha llegado hasta a las siglas, que hay que decir AMPA, supongo que porque APMA es más impronunciable), el cuento que van a estudiar este mes con sus objetivos, o el cuaderno lleno de deberes que acaban de terminar, amén de manualidades varias de plastilina, cartón, papel charol y tinta de calamar (no me miréis así, vosotros no sabéis la lista de materiales que piden al empezar el curso…).

El papelito del AMPA de ayer decía que hoy, en conmemoración del Día de la Paz, todos los niños iban a recibir un suculento bollo de chocolate para desayunar (algo así como decir que no echáramos desayuno en sus mochilas; y como me conozco a mi Wally, le eché su sangüich y su zumito de todos los días ante la realista posibilidad de que rechazara el manjar por pura negación existencial). Aquí en Almería, decir bollo de chocolate no es referirse a cualquier pastelito, no es un nombre genérico. Es un bollo típico de estas tierras. En el pueblo donde vivo los hacen de muerte, y esos eran los bollos que se repartían. Explicaciones aparte, decir que me han devuelto a mi niño con el sangüich en la barriga (otro se habrá comido su predeciblemente rechazado bollo) y con una manualidad en la manita: una recortada paloma de cartulina blanca con papelillos de seda pegados encima, grapada a un rulillo apretado a modo de palo para sostenerla cual banderín. Según me cuenta su padre, ha venido todo el camino a casa discutiendo con su progenitor que no era la Paloma o Palomo de la Paz, sino el Pollo de la Paz. A ver quién es el guapo sexológicamente absurdo “correcto” que le explica a mi niño que, en todo caso, no debe decir pollo de la paz, sino pollo o polllllll…………. de la……… joerrrrrr con los conceptos claros. Aunque a lo mejor se estaba refiriendo al Bollo de la Paz…

Por cierto, esta tarde ha habido que comprarle su bollo de chocolate en la pastelería. Una cosa es ser consecuente con su no tragar con las convenciones impuestas, y otra muy distinta quedarse sin relamerse el chocolate del bigote.

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(*) Asociación de Padres de Alumnos y, por extensión, Asociación de Madres y Padres de Alumnos.

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Pero qué pedorra soy

Pero qué currrrrrrrrrrrrsi me ponnnnnnnnngo a veces……………… puffffffffffffffffffffffff. Me ha dao la crisis de hermandad superlativa y hala, a ponerme tan merengue que he dejao el blog como si hubiera estado pasando el plumero con algodón de azúcar. A esto hay que darle un giro rápido, so pena de que terminéis haciendo como mi hijo, que se quita los besos que le doy a manotazos (¡¡¡no quero besssoooooooo!!!). Así que basta de sentimentaloidismo.

No voy a contar nada especial porque lo único especial que he hecho estos días es trabajar desde casa, lo cual está directamente relacionado con que a estas alturas de la mañana ande aún en pijama y con los pelos desbarataos. Y como de curre ya he hablado bastante estos días, no me da la gana reincidir.

Hacía días que no pasaba por algunos de mis blogs favoritos y me encuentro con que algunos habéis sido más prolíficos escribiendo que una pareja de hámsters inyectaos de feromonas. Eso se avisa, caramba, que acostumbráis al personal a una cadencia tipo adagio y te encuentras de sopetón con la marcha de la legión. Bueno, a lo mejor sí que me avisábais con vuestras visitas, pero ya sabéis que he tenido la parabólica apuntando al satélite ombliguero y no me enteraba de ná.

Poseso, que sigo con mis IVAS, a ver si los acabo de una p..ñ..terísima vez.

…

….

…..

¿Creéis que con Sílit-bán saldrán las manchas de azúcar de las cortinas?

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El porqué de algunas cosas.

Continúo el post anterior respondiendo a vuestros comentarios.

El porqué de bajarme del tren.

Empecé el proyecto muy ilusionada. Es verdad que me dejé contagiar de la ilusión ajena, pero no es menos cierto que yo también tenía un gusanillo propio que me empujaba hacia esa aventura. El problema mayor ha sido que no he dispuesto del tiempo necesario (las veinticuatro horas del día) para dedicarme en cuerpo y, lo más importante, en alma, la cual tenía dispersa entre la asesoría, mi hijo, mi marido, mi casa, las clases, la universidad y algún que otro etcétera. Todo ello mezclado creaba en mí una pócima que me transformaba en Mrs. Hyde. No es que haya sido nunca la Doctora Jekyll, ni siquiera he llegado a ser la Doctora Quinn (qué requetebuena que era la Seymour, aunque aquí algunos conjuguen ese adjetivo con otro transitivo verbo). Pero el caso es que se me ha agriado el carácter (siempre lo he tenido un poquito agrio, no vamos a echarle ahora toda la culpa a las circunstancias, lo llevo en la información de algún gen) mucho más de la cuenta. He traspasado muchos límites que las buenas formas y el respeto hacia los demás imponían. He hecho daño a gente muy cercana, que han sido los que han pagado mis frustraciones sin ser deudores de ellas. Los peor parados han sido las tres personas que más me apoyan y me quieren: mi hijo, mi marido y mi madre.

Quizá os sorprenda descubrir en esta confesión una imagen de mí misma que no saco a pasear mucho por aquí. Pero eso es también explicable: tengo un blog para dejar volar mis dedos e imaginar y expresar la vida que me gustaría llevar, de manera que me gusta explayarme con los aspectos positivos (y, cuando son negativos, intentando darles la vuelta, un poco también por dar ánimos a quien se sienta identificado). Soy muy sincera porque para mí esto es un diario, no un anuncio publicitario, y mentirse a uno mismo en un diario es del género tonto tirando a penoso, así que dejémoslo en que no he contado la parte que no he querido contar porque, de lo aquí contado hasta ahora, todo es cierto (hasta los cuentos).

No tengo nada que reprocharle a mi compañero de aventuras, la otra parte de la asesoría. Las decisiones las hemos ido tomando entre los dos, discutiéndolas dialogadamente unas veces, acaloradamente (pero no mucho) otras. Todo ha estado consensuado. Hasta la fecha no hemos tenido ningún problema ni ningún roce por nada que hayamos dicho o hecho. Y esta última decisión mía también está consensuada. No he tenido ningún problema en plantearle todos mis miedos y necesidades. Él es un buen amigo que también me ha dado ánimos en los momentos más empinados y que ha sabido respetar mi decisión cuando finalmente ha llegado el momento de no seguir la escalada. Nunca me hubiera asociado con ninguna otra persona. Y lo sigo diciendo. (Bueno, vale, tengo un par de amistades con las que también tengo fe ciega en ese sentido, pero no ha habido oportunidad).

Y como os veo algo preocupados por la economía, sabed que la decisión de dejarlo no ha tenido que ser ponderada con el dinero. De hecho, dejarlo va a suponer no perderlo. No teníamos tanto volumen de clientes como para sacar ni dos míseros sueldecillos de empresarios principiantes. Pero damos todo ese dinero no ganado por bien empleado porque, al menos, ha habido para cubrir gastos y porque hemos aprendido muchísimo en el camino. Por cierto, buenas noticias, vuelvo a la enseñanza. Ya tengo cursillo previsto para mediados de febrero. Así que veis que, en realidad, en lo que al bolsillo se refiere, estoy mejor trabajando menos horas (24-5=19 horas menos cada día) que persiguiendo un bonito pero duro sueño. Todo ha venido rodado y, estoy segura, en el momento oportuno. No cambio nada de lo que he hecho este último año.

También quiero dejaros con la tranquilidad de que, pese a todo lo que me autopronosticaba, no me voy a hundir por esto, ni me sientro fracasada. Lo he intentado, es cierto que no con el suficiente ímpetu y dedicación concentrada, pero ahora sé que, como bien decís, siempre puedo volver. Por esa puerta salgo dejándola abierta, como en su día hice con la enseñanza a la que ahora vuelvo como vuelven los vencejos a anidar a mi terraza en primavera.

El porqué del nombre del blog (y, de paso, por qué os quiero).

Hace mucho tiempo reflexionaba alrededor de una metáfora; decía que tengo una bolsa llena de pepitas de oro, cada una de las cuales simboliza un momento concreto de mi vida que me reconforta recordar. Puede ser una palabra amiga dicha en un momento bajo, un reto difícil superado con esfuerzo, una fotografía hermosa obtenida con mucha paciencia, el instante en que alguien querido entró en mi vida… y tantas cosas más. Y decía también que, cuando me encuentro realmente mal, y si me acuerdo de que tengo la bolsa, la cojo, la abro, y voy cogiendo pepitas de oro al azar para contemplarlas mientras jugueteo con ellas entre mis dedos, rememorando los recuerdos que cada una me trae y que me reconfortan. Algo de todo esto intento reflejar ahí arriba a la derecha, para que todo el que entre aquí pueda saberlo de un simple vistazo.

Los comentarios que me habéis dedicado en el post anterior son una pepitas de oro enormes y relucientes, cálidas y suaves, ligeras y consistentes; pasar el dedo por su superficie irregular descubriendo sus huecos ha sido alentador. Y quizá su cualidad más importante: tienen luz dentro de ellas. Si las saco en la oscuridad iluminan la estancia. Realmente todas ellas han formado un colchón donde caer en blando desde mis alturas. A todos los que me habéis animado dejando vuestra huella de alguna manera, ya comentando ya leyendo en silencio, gracias de todo corazón.

Rosa del desierto
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No quiero

He deshojado tantas margaritas, que se me han acabado las margaritas y he empezado con los cardos. Como siga así voy a dejar al campo yermo. Llevo un año preguntándome qué debo hacer. Empecé un proyecto nuevo montando una asesoría con un compañero. Me contagió su entusiasmo y su ilusión en perseguir un sueño que tiene desde que lo conozco, incluso antes. Vivimos lejísimos el uno del otro y la oficina está ni a medio camino siquiera, mucho más cercana a mí que a él. El proyecto inicial fue cambiando progresivamente hasta tal punto que me encuentro sola en la oficina atendiendo a los cinco gatos que tenemos por clientes, mientras mi compañero diversifica el negocio centrando su operatividad en su casa. Queda para mí un conjunto de tareas que se me hacen un mundo.

Ese no era el plan que yo me había imaginado. Me conozco tanto que sé que no puedo trabajar sola, principalmente porque no tengo suficiente autodisciplina, como bien me he demostrado en el transcurso de los últimos seis meses. Se me acumulan tareas que, objetivamente, no son gran cosa; pero tengo un chip defectuoso que me hace verlas como pesadas e incomprensibles. Tengo tantas cosas en la cabeza, cosas que intento poner en los platillos de la balanza sin éxito porque no caben, que suelo caer en estados de profundo abatimiento. He hecho una lista con cosas que no me gustan de mi carácter, cosas que quiero cambiar porque me están perjudicando a mí y a mi familia. Me ha ocupado una página entera. Se dice pronto.

Tengo hasta fin de mes para decidirme. Lo estoy dejando para el último momento inconscientemente, porque en realidad siento que no quiero hacerlo, que no quiero seguir. En realidad, creo que esta vez sí lo he decidido.

No seguir me va a suponer un sentimiento de fracaso tan grande, que sé que me va a costar prácticamente una depresión, porque va a ser una retirada por cobardía y por no haber hecho lo que tenía que hacer: prepararme concienzudamente para esta carrera de fondo. No se puede correr una maratón sin haber entrenado ni un sólo día, y eso fue lo que hice, empezar a correr a lo loco.

Seguir adelante me va a seguir provocando profundos abatimientos continuos porque la lista de cosas por cambiar en mí es demasiado larga y, sin cambio, seguiré corriendo a lo loco, sin saber si avanzo o voy hacia atrás. Así tampoco se puede vivir.

Me quedan pocos días para bajarme de este tren. Es la última estación antes de iniciar un viaje sin paradas hacia no se sabe bien dónde. No creo que merezca la pena el mareo.

Aún no me puedo creer que me vaya a perder este viaje.

Cardo

¿Alguna vez habéis intentado deshojar un cardo?

Duele.

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Cambiando mi interior

Cuando tengo que ir a comprar ropa, soy una jodienda. Veo cosas que adjudico mentalmente con facilidad a determinadas personas, principalmente mi hijo y mi Marido Sufridor. Esto le estará perfecto, esto otro que ni pintao, qué bien le sentará esto de más allá… vamos, para que os hagáis una idea, que cuando voy sola a comprarle ropa al niño, vuelvo con dos o tres bolsas (bueno, el número de bolsas también depende del valor monetario de lo que vaya dentro de la bolsa, claro). En cambio, cuando salgo con la idea de comprarme algo yo misma porque he descubierto que estoy rotando demasiado las cuatro cosas que me suelo poner a lo largo de dos semanas, salgo decidida a pillar un par de trapos que me combinen con lo que ya tengo (así parece que me he comprado seis trapos en lugar de dos) y…… no termina de convencerme nada de lo que veo. Ojo, una no es tonta (o al menos lo intento), cuando veo algo que me gusta muchísimo y me tiro a coger la percha, con toda probabilidad es la prenda casi más cara del garito, y esa circunstancia me frena en seco. No es cuestión de ponerse la prenda en cuestión todos los días para amortizarla y así no sentirme culpable por causa del despilfarro. ¿Qué me pasa? ¿Conozco mejor los gustos de los demás que los míos propios? ¿O es que acaso no tengo gusto propio?

Cuando abrí el blog del Delfín (que, por cierto, debería ir actualizando ya), no me costó ni cinco minutos elegir una plantilla adecuada a la personalidad de mi padre. El blog no era para mí, sino para él, así que fue como salir a comprarle un regalo, no me costó mucho encontrarlo. Posteriormente lo cambié por el actual, porque pensé que era más funcional y seguía cumpliendo el requisito de ajustarse a él como un calcetín. En cambio, elegir mi propia plantilla no es tarea tan sencilla. Ninguna me termina de convencer. He estado desde el nacimiento de este blog con la misma, al principio me convenció sobradamente. Pero con el paso del tiempo empecé a sacarle algunos defectillos. Las diferentes páginas que lo componen deberían tener su propia pestaña arriba, los tipos y el tamaño de la letra debían ser los apropiados, la anchura del espacio de cada post la justa, el contraste del fondo sobre la letra la menos cansina… Y mi plantilla no me ofrecía todo lo que yo le exigía. Así que comencé a flirtear en la red con otras plantillas. Busqué y rebusqué, y encontré dos o tres que me hubiera gustado probar a ver qué tal me sentaban. Pero entonces descubrí que Wordpress no deja (salvo pago) que elijas otra plantilla que las que ofrece por defecto, y esas ya las había probado hasta la saciedad sin encontrar ninguna que me entusiasmara. ¿Qué me pasa? ¿Conozco mejor la personalidad de los demás que la mía propia? ¿O es que acaso no me conozco en absoluto? Quizá es que a los demás no los conozco tanto y creo que les gustará lo que yo elija para ellos, y que yo me conozco demasiado y por eso no encuentro mi calcetín. Será que tengo los pies con forma de mano (esto me recuerda, así sin venir a cuento, que el día que me probé por primera vez el que sería mi vestido de novia, las de la tienda me lisonjeaban alabando mi porte y declarando entusiasmadas que a mí me sentaría bien cualquier vestido de los que tenían; cuando quedaba una semana para la boda, después de tropecientas pruebas y ajustes de la costurera, como me seguía haciendo bochas, una de las dependientas me llegó a decir que es que yo tenía el cuerpo muy raro, a lo que le contesté que seguía teniendo el mismo cuerpo, kilo arriba kilo abajo, que traje al establecimiento el primer día).

En fin, que tenía una necesidad imperiosa de cambiar de plantilla. Y como cuando estamos hartos de la distribución de los muebles de casa empezamos a darles la vuelta (eso es algo que mi familia ha practicado en numerosas ocasiones) y a poner la habitación del niño donde antes estaba el despacho, la tele y el sofá los cambiamos de pared, y los cuadros los esturreamos por las paredes de la casa como si los barajáramos… finalmente lo que he hecho es poner muebles nuevos. Aquí os dejo la nueva plantilla, un poco desubicada como yo, que no es que me chifle pero al menos cumple con un mejor contraste, un mejor tamaño de letra, unas pestañitas arriba para redireccionar a las diferentes páginas del blog, información sobre a qué categoría pertenece cada post y sobre los tags. Todavía me queda perfilar unos detallitos. Ya me diréis si os convence a vosotros y si creéis que es mi fiel reflejo o no.

La foto de la cabecera. Desde aquí doy las gracias al amigo que me dejó tener puesta la suya durante tantos meses. Sé que no le importaría que continuara con ella. Pero ahora tengo la necesidad de que esa cabecera refleje mi propio interior. Así que la iré cambiando conforme sienta la necesidad. Tan sólo cumpliré con una máxima: siempre será una imagen captada por el objetivo de mi cámara (bueno, y tomada por mí, claro).

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Desubicación

desubicados.jpg

Sólo el pensamiento y el gusto son míos.

(Aclarando, quiero decir que el dibujillo es lo único con copyright del post).

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Eau d’orage

Gotas

 

-¿La lluvia me verá al revés?

-Yo sí que me siento al revés.

-No consigo ver más allá de mi nariz.

-Bizco estás muy interesante.

 

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    La colección completa, post a post

  • Ostras, lo que yo decía…
  • Sequía
  • El hombre tranquilo
  • En el Jardín de la Magia
  • Amo a vé…
  • S.O.S. BCN
  • Fugaz
  • Dar séra, pulir séra
  • No puedo evitarlo
  • Bajo la lluvia
  • Desvaríos
  • ENHORABUENA A TODOS
  • DesEscombrando
  • Aguante
  • No tiene precio
  • Viscoelástica o el arte de la adaptación
  • TAMPOCO sigas esta flecha
  • Tengo un boleto ganador
  • NO sigas la flecha
  • Espacio libre
  • Fórmula magistral
  • Antes de morir, ocho cositas
  • Fatal error
  • Te presto mi voz
  • …y aterrizando
  • El día del padre
  • Excelencia
  • Cuando puedas
  • A la semana siguiente…
  • Al día siguiente…
  • Hoy te quiero regalar palabras
  • Avanzando en primera
  • Nunca des nada por supuesto
  • Recordando unos versos
  • Dime cómo trabajas, y te diré…
  • Asúl (la lógica infantil)
  • Las cuatro estaciones del alma (I)
  • Seguro que a vosotros también os ha pasado
  • Post Gata
  • Desenfocados
  • El Pollo de la Paz
  • Pero qué pedorra soy
  • El porqué de algunas cosas.
  • No quiero
  • Cambiando mi interior
  • Desubicación
  • Eau d’orage
  • Miel de caña
  • ¿Dónde está Wally?
  • Nada se para, todo continúa
  • Cáncer, sin aforismos
  • Volare……… oh-oh!
  • Confirmaciones
  • Somos la leche
  • Matrix y el Nuevo Plan General de Contabilidad
  • Ocurrió en la escalera
  • El Camino de Sastiago
  • Matarile-rile-rile…
  • En buena compañía
  • Como las locas
  • Cómo ser marido sufridor y no morir en el intento
  • ¿Cuántos nortes tenemos?
  • ¡Más madera!
  • Iba a escribir
  • Jugando a las definiciones
  • Gracias
  • Tu madre será una santa
  • Septiembre
  • Procas…¿qué?
  • Vuelve mañana (díjole el de la ventanilla al del Almendro)
  • La fibra sensible
  • El pie de la letra
  • ¿Es bueno guardar al menos dos días los artículos como borradores?
  • La cámara oculta
  • Izquierdos de autor
  • Otro agosto es posible
  • Podología
  • Mejor que el Pulitzer
  • La estación llena
  • Si mi padre hubiera tenido un blog, hubiera sido éste
  • Lejos
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  • De muchos colores, formas y texturas
  • Historias de trimestres
  • Despedida a una etapa de mi vida
  • Arqueología musical
  • Recordando presentes paralelos
  • Hand in my pocket
  • Afú
  • El pijo pródigo
  • Una casa sin muebles ni cortinas
  • Un rato a solas
  • Ocho segundos
  • Un añito más joven
  • ZooHome
  • Peripecias de unos sureños en los madriles
  • Mis alas
  • La camisa de la serpiente
  • El cliente
  • El círculo

    Clasificados por categorías

  • Cuento contigo (13)
  • El Arenal (5)
  • Esto no es cuento (85)
  • Las Rosas del Desierto (8)
  • Poesía (2)

    Y si quereis buscar algo...

  • Para no tener que arrepentirnos de lo que no hicimos

    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
  • La Arradiobló

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