Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
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Dime cómo trabajas, y te diré…

Posted by ilya on Febrero 13, 2008

Hay una serie de televisión rulando por ahí denominada Dexter, que no he seguido pero de la que he visto un par de capítulos en la Fox, que trata de un psicópata asesino que, además, es policía (investigador forense o algo así). Claro que él, como es el prota, es un psicópata asesino bueno y sólo mata si es ético. Y como mata o perdona la vida a los que nosotros mataríamos o perdonaríamos, pues nada, síndrome de Estocolmo al canto (seguro que hay otro síndrome que lo define mejor, pero yo lo desconozco). Él vive socialmente de una manera políticamente correcta, pero en su fuero interno tiene un trabajo, una novia y unas buenas relaciones vecindales sólo para que nadie vea al lobo bajo la piel de cordero. En otras palabras, en el trabajo es así, y por dentro es asao.

Para los que no somos psicópatas, esa división entre lo que somos y cómo trabajamos se diluye. Y me he dado cuenta viendo a algunas personas actuar en los ámbitos personales y laborales. Y paso a narrar el primer caso que me llamó la atención.

Unos amigos inauguraban casa nueva y quisieron dar una fiesta en ella con los amigos para celebrarlo. Entre los que fuimos convocados, asistían al evento el director de una sucursal financiera del lugar y su mujer. No recuerdo muy bien lo que cenamos, sólo recuerdo que éramos tantos que la fiesta se desarrolló en el sótano de la vivienda, lo bastante amplio y diáfano como para albergar a todos los congregados. De entre todos los manjares con los que fuimos agasajados, había una sabrosa pata de jamón ibérico, cuyo único hándicap para ser devorada era que alguien tenía que cortar las suculentas lonchas con maestría (nos lo hubiéramos comido igual a dentelladas, pero no es lo mismo). En cuanto surgió el tema, este señor se ofreció inmediatamente a ser el cortador oficial jamonero y, desde entonces hasta que dimos cuenta del trozo de cadáver porcino, estuvo dando puntuales viajes de la mesa al susodicho y viceversa, repartiendo tiernos bocados de aquella gloria bendita. Y lo hizo sin el menos atisbo de cansancio, aburrimiento o falta de motivación, todo lo contrario, daba gloria verlo tan dispuesto (no sé cuál de los glorias quitar para no ser redundante…). Mucho tiempo después de aquello, cuando ya el sabor de la fiesta y del jamón era un bonito recuerdo, tuve que ir a su sucursal a hablar con él de un tema para el cual hacía falta entregar una fotocopia de una escritura, y con las prisas sólo llevé el original. Me dijo que no me preocupara, que él hacía la copia en un momento, y salió del despacho y se fué al fax y empezó él mismo a fotocopiar. Tardó mucho por dos motivos, porque el fax es más lento fotocopiando que la fotocopiadora (que la tenían averiada), y porque hizo dos copias, la segunda para mí para que la tuviera si me hacía falta para cualquier otra cosa. Mientras lo veía a través de los cristales poner las páginas por un lado y sacarlas por el otro, recordé aquel jamón y me pareció estar viendo el mismo comportamiento: asumió una tarea monótona, pesada, aburrida y que podría haber hecho cualquier otro (otro invitado/otro empleado) y la hizo con una naturalidad y un buen hacer que me hizo comprender que esa persona se comporta en el trabajo exactamente igual que se comporta fuera de él. No me costó nada imaginármelo lavando platos en su casa (me cuesta horrores imaginármelo de psicópata).

Claro que hay que tener un buen punto de vista para apreciar estas sutiles muestras de la personalidad, porque el siguiente caso que traigo, a pesar de cumplirse la hipótesis de partida, por poco evidente hubiera pasado totalmente desapercibida de no ser porque el correr del tiempo me brindó la oportunidad de conocer a esta otra persona más allá de los límites laborales. Él era profesor en la universidad (lo sigue siendo), y me tocaron sus clases en una parte de una asignatura de primero. Desde el primer día, y desde mi punto de vista como alumna, me cayó como el culo. Ese sentimiento se veía reforzado a cada clase que asistía con él. Ese joven pedante que no explicaba la materia y sólo hablaba de sí mismo me hacía perder el tiempo. Es muy raro que alguien con quien tenga relación me caiga mal, será que tengo una capacidad de empatizar bastante desarrollada, pero en este caso el ejercicio de ponerme en su lugar hacía que surgieran en mí deseos de ducharme con lejía. Aquella situación finalizó con un notable en el examen y un adiós muy buenas. Hasta que el adiós se trasformó en hola al cabo de cuatro años, cuando coincidimos pasando el día en la casa de unos amigos (¿estas cosas siempre me pasan en casa de los amigos, o me lo parece?); en este caso la razón de su asistencia era que su novia era la hija de los dueños de la casa, enlace sentimental que ocurrió después de haberlo tenido de profe. Para mi absoluta sorpresa (muy agradable, por cierto) resultó ser un joven solícito y divertido, que hablaba y contaba cosas muy oportunas según lo que se quería decir en cada momento, y que me dio una lección de humildad al poner en evidencia que mi rasero para catalogar ciertos comportamientos era ciertamente para tirarlo a la basura. Todavía hoy, al recordarlo, me doy cuenta de que si hubiera escuchado atentamente lo que contaba en sus clases, más allá de que se ajustara o no al temario, habría recibido quizá una lección más valiosa de lo que la apariencia transmitía. Es evidente que su antes alumna y después novia supo ver más allá de ese velo lo que mi arrogancia me impidió ver a mí. Hoy en día lo tengo por un amigo, que incluso me ha ofrecido reiteradamente probar su moto antes de comprarme la mía (en el caso de que me examine y me la compre) para que la evalúe antes de decidirme. Y no, no puedo imaginármelo como mi pareja, para los que estéis pensando mal. No fue una oportunidad perdida, que yo ya estaba bien casada cuando le conocí :D
Tengo otro caso que no ha sido probado en los términos expuestos aquí, y que me tiene totalmente desconcertada. El constructor que hizo posible que la entrega de mi próxima vivienda se retrasara dos años, el último de los cuales difícilmente justificable. Cuando hablas con él parece buena persona, pero por sus actos (más bien por los efectos de esos actos) nadie lo diría. Sin entrar en ningún detalle, porque no tengo ningunas ganas de tocar este tema (es mejor olvidar si queremos superarlo), ha conseguido que la ilusión que tenía volcada en esa casa se transformara en apatía, desilusión y cansancio. Desde la tranquilidad de tener por fin la llave de la casa en la mano y una escritura a nuestro nombre inscrita en el Registro, aún no me explico su forma de actuar de este último año. Puede que la vida me vuelva a dar una nueva lección de humildad si de aquí a unos años un día, invitados en la casa de algunos amigos, me encuentro con que el rompecabezas de sus actos tenía solución y existía una justificación acorde con las consecuencias que tuvieron. Sinceramente, me agradaría más saberme injusta juzgando, aunque eso sea tirarme piedras a mí misma, ya que también significaría que él no es el cabrón sin escrúpulos que he llegado a creer que es.

¿Somos en el trabajo fiel reflejo de cómo somos?

¿Somos justos juzgando a la gente?

Y, sobre todo, la gran pregunta. ¿Cuántos habéis salivado leyendo la descripción del jamón?

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12 Responses to “Dime cómo trabajas, y te diré…”

  1. cieso Says:
    Febrero 13th, 2008 at 2:08 pm

    El segundo caso ya lo habías contado antes, ¿no?.
    En cuanto a lo de juzgar a la gente de una u otra forma, psche, en las esquelas siempre salimos todos monísimos, aunque los niños crudos formen parte de nuestra dieta diaria. Y, en último caso, como decía el papá del cantante de los Hombres G, “Tó el mundo é gueno”. Incluso Lopera.

  2. Amy Says:
    Febrero 13th, 2008 at 5:17 pm

    ¿De verdad crees que es necesario juzgar a la gente??. Yo creo que se juzga a aquel que incumple la ley, más allá de eso y fuera de los tribunales de justicia, juzgar es ganas de complicarte la vida. Todos tenemos intuición, y no intuimos precisamente la bondad o maldad de los demás, sino la afinidad que existe entre los demás y nosotros mismos. Es bueno hacerle caso a la intuición y apartarnos de aquellos que por una razón o por otra no encajan con nosotros, pero juzgarlos es un error.

    En cuanto al trabajo, las personas sólo tenemos una forma de ser y si no somos capaces de cambiar ni por amor a alguien imagínate si vamos a hacerlo según el emplazamiento en donde estemos en la vida.

    Es muy curioso cierto tipo de gente que ensalza a sus amigos, aumentan sus virtudes hasta proporciones imposibles. A mi esta gente me da un miendo terrorífico, porque suele pasar que estas mismas personas que veían maravillas en sus semejantes cuando algo han hecho que a ellos no les termina de gustar o convenir, de repente los oyes decir justo todo lo contrario de esos seres, resulta que de la noche a la mañana dicen que son malísimos y que cómo podían estar tan engañados pensando que eran buenas personas. Este es el peligro de las valoraciones, del juez que juzga a sus semejantes, porque realmente ni esa persona era tan buena ni ahora es tan mala, las personas somos lo que somos y las sentencias siempre son recurribles en el lado humano.

  3. illyakin Says:
    Febrero 13th, 2008 at 7:30 pm

    Emmmmm, estoooo, que yo sólo pasaba por aquí formando juicio u opinión sobre algo o alguien, ¿eh? Lo cual, por otra parte, es en sí mismo inevitable; desde el mismo momento en que alguien nos pregunta sobre cómo es otra persona, al responder estaremos emitiendo nuestro juicio u opinión que esa persona nos merece. Si no tengo opinión, no podré responder en absoluto. A lo único que puedo alcanzar es a anteponer un “Me parece que es…” al resto de la sentencia. Y, desde luego, si hoy alguien en quien confío hace algo reprobable, primero intentaré ponerme en su lugar para intentar entenderlo, y sólo después de ese paso me formaré mi opinión (iba a decir juzgaré, pero ciertamente así queda mejor). Gracias por dejar tu comentario, Amy. Un placer tenerte por aquí. ;)
    Cieso, qué memoria tienes, jodío. ¿Seguro que Lopera…..?

  4. Raquel Says:
    Febrero 13th, 2008 at 7:54 pm

    Yo lo siento mucho, pero prejuzgo con una ligereza pasmosa. Y lo peor es que no soy buena haciéndolo.

    Eso sí, soy víctima de muchos prejuicios también y los asumo como parte de esa naturaleza humana que lleva a hacerse ideas (buenas o malas) según se nos cruce el cable correspondiente.

    A mí me encanta saber que me equivoqué catalogando como “ogro” a alguien y cada vez me reconforta menos el saber que acerté.

    Un beso.

  5. pegasux69 Says:
    Febrero 13th, 2008 at 8:22 pm

    Estoy absolutamente seguro de que no somos necesariamente igual en el trabajo que en la vida personal. Al menos en mi ambito laboral, es común descubrir facetas de la personalidad muy distintas de las que estamos acostumbrados a ver.
    yo creo que prejuzgar no es malo, es un acto reflejo grabado en los genes por aquello de la supervivencia, pero lo ideal es dejar una puerta abierta a la duda de nuestros instintos. Y en cuanto a la última frase… efectivamente, la imagen de ese suculento pata negra ha desviado mi concentración del tema del que hablabas. Un beso

  6. cronopio Says:
    Febrero 13th, 2008 at 11:48 pm

    En las relaciones humanas casi todo es confuso. si uno a uno ya somos complejos imaginate caundo interactuamos entre nosotros. Solo hay una cosa cierta, sublime y por encima de todo: el pata negra.
    Besos.

  7. Ambrosía Says:
    Febrero 14th, 2008 at 12:17 am

    Los estados múltiples del ser….yo no juzgo…..pero la pata de jamón me tientaaaaa…..jajjajaj
    Felicidades por tu nuevo hogar …ahora ya sabes a decorarlo y a aposentarse…ah y esmerate en la habitación de invitados que ire a probarla, y así podré juzgarla…..
    un besazoooooooooooooooooooooooooo

  8. Amy Says:
    Febrero 14th, 2008 at 9:55 am

    Gracias por tu bienvenida niña. La cuestión es que en la vida del día a día (o por lo menos me pasa a mi) nunca me he encontrado con nadie que me pregunte que qué pienso de él o ella. Quizás en internet sí te lo preguntan más y aunque tú puedas tener o no tener ese prejuicio formado, lo que está claro es que si sigues al lado de alguien es por lo positivo que encuentras en él. Con un amigo de toda la vida que hace algo que te decepciona lo suficiente para que esa amistad se resquebraje, normalmente no se dan juicios o se salva el problema y posiblemente hayas ganado un amigo para toda la vida o pasamos a la indiferencia total.

    Y como dice Raquel todos tenemos prejuicios y prejuzgamos, pero con el tiempo nos damos cuenta de que no son efectivos, porque de lo que habla tu post es precisamente de eso, de que fallan, de que no hay aciertos que nos aseguren que nuestros juicios tienen una base estable. La cuestión es ¿por qué seguir haciéndoles caso?. Cuando te vienen a la mente no es mejor deshecharlos sin más, hasta tener más datos de esa persona. A eso me refería.

  9. Johnny Ingle Says:
    Febrero 14th, 2008 at 9:33 pm

    Pues no te lo creerás… pero el comentario que iba a ponerte antes de leer tu última frase era más o menos así, que no tenía mucho que contar acerca de los prejuicios o juicios preliminares y apresurados (que yo también tuve profesores que me caían como una patada por el tiempo que me hacían perder, y esos que usaban la clase para hacer de bufones, o nuevos cómicos, o lucirse a sí mismos, o pagarse a sí mismos, incluso para dejar que la saliva se les escapase por la comisura de los dientes mientras hacían algún comentario subido de tono sobre Anga Obregón, por aquella época símbolo sexual), pero que se me habían segregado múltiples jugos salivales con el relato del jamón que era cortado y cortado y repartido a todos los comensales interminablemente.

    Por un momento creí que lo que había pasado es que el señor voluntarioso cortaba el jamón como el culo (es decir, muy grueso) y que había arruinado el manjar tan caro, para desesperación de todos, ya que nadie se atrevía a decirle nene, deja ese cuchillo que tú vales para hipotecas pero no para jamones.

    Abrazos.

  10. Basileia Says:
    Febrero 15th, 2008 at 11:44 am

    Yo he salivado, yo he salivado!!! Jejejeje

    A mí en el trabajo me dicen que soy muy seria, mucho más que fuera de la oficina, así que… será que soy diferente? o que tengo una capacidad de concentración inaudita? :P
    Besotes.

  11. illyakin Says:
    Febrero 15th, 2008 at 5:32 pm

    Parece evidente que depende con quién estemos sacamos a relucir más una parte de nosotros u otra. No somos igual de divertidos en el trabajo que fuera de él (o viceversa), no somos igual de estrictos en el trabajo que fuera de él (o viceversa), incluso no somos igual de un día para otro, a veces de una hora para otra. Sobre todo hay trabajos donde dejar apreciar tu personalidad de una forma completa es prácticamente inviable, y entonces es cuando los compis del trabajo se sorprenden al descubrirnos desarrollando otras facetas que no les cuadran ni por asomo. O al revés, tenemos a un amigo por alguien jovial y perezoso, y luego un día vamos a su trabajo y resulta que parece que sabe lo que hace y que todo el mundo lo respeta. También ocurre que nosotros mismos nos metemos en situación cuando nos concentramos en hacer algo, como dice Basileia, y luego nos relajamos cuando suena la campana a las tres.

    Creo que todas estas sorpresas son la sal de la vida.

    ¿Os apetecen unas lasquitas de jamón? Venga, por aquí os dejo la bandeja, que veo que ha calado…

    Besazos.

  12. Kandralin Says:
    Febrero 26th, 2008 at 10:34 pm

    Me declaro culpable! jajajaa

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  • Para no tener que arrepentirnos de lo que no hicimos

    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
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