A cuento con el relato de La Promesa, que tenéis a mano en la oportuna pestaña ahí arriba, he encontrado este interesantísimo artículo (cuya autoría queda reflejada por aquello del copirrait) que me viene a dar la razón en una cosa que no hace más de tres días le comentaba a un buen amigo que me intenta ayudar a manejar a “la fiera de mi niño”. Le dije, sin ningún género de duda, que el problema de actitud del niño era exclusivamente culpa mía, no de él (del niño, no de ese amigo). Y hoy voy y me encuentro con mi idea, un poquito mejor desarrollada…
No culpéis a la víctima
Crítica a “Supernanny“
Si un granjero cuida mal de sus animales, éstos enferman y todo el mundo comprende que aquél es el único responsable. Si un país o una empresa van mal, nadie lo atribuye a sus ciudadanos o trabajadores, sino sólo a la mala gestión de sus políticos y gerentes. Si un médico lesiona a su paciente, nadie responsabiliza sino al profesional inepto. Y así sucesivamente. ¿Por qué, entonces, tantos padres -autores fundamentales de la crianza y la salud psicológica de sus hijos- se empeñan en quejarse y acusar de “problemáticos”, “malos hijos” o incluso “trastornados” a los críos que no se comportan como ellos (y la sociedad) esperan? Es el viejo truco de acusar a la víctima para eludir la responsabilidad de los propios errores. Y ello, además, con la frecuente complicidad de cierto tipo de psicología y psiquiatría -en realidad, mera pedagogía-, que se esfuerzan en dar una pátina de “objetividad” y “verosimilitud” científica a lo único que se pretende desde siempre: que los débiles se sometan a los fuertes.
Un ejemplo de esto puede verse en ese famoso e internacional programa televisivo llamado “Supernanny“. Dándose por hecho que los niños tienen “un gran problema” (o, más bien, los padres con ellos), una “superniñera” -psicóloga de orientación cognitivo-conductista- enseña a los padres cómo manejar a esos “diablillos” para recuperar el “orden” familiar. Aunque es cierto que la superniñera ofrece algunos buenos consejos prácticos, tiende a minimizar, a mi juicio, lo esencial: el sufrimiento emocional de los niños (causa básica de sus conductas “inadecuadas”) y los problemas emocionales (es decir, la neurosis personal) de los padres, fuente definitiva de sus continuos errores pedagógicos y del dolor de sus hijos. Si tales problemas paternos no se resuelven y ni siquiera se conciencian, ¿cómo puede esperarse que las recetas de la superniñera funcionen por mucho tiempo, o que los trastornos de los hijos no adquieran -por la represión que exigen tales recetas- formas más sutiles, profundas o graves? Todo lo que no resuelve, regresa.
Son evidentes las dificultades neuróticas de la mayoría de padres que aparecen en esos programas: inmadurez, frialdad emocional, debilidad, ansiedades, miedos, hostilidad, depresión, frustraciones íntimas, dependencia respecto a los propios hijos, etc. En tales condiciones, no pueden ofrecer atención, ternura, seguridad y paciencia a sus hijos, ni inspirar confianza y sana autoridad en éstos, de modo que los críos se sienten abandonados, desesperados y rabiosos, absorben todas las ansiedades y hostilidades de los padres, y el resultado son esos terribles berrinches, rebeldías y violencias que tanto escandalizan a todos. Esas conductas “inadaptadas” no son sino formas desesperadas de reclamar el cariño que anhelan y, a la vez, de descargar la ira por el daño que continuamente se les inflige. Es un angustiante círculo vicioso: cuanto más reclaman el amor, más se les escamotea; sólo quienes han sufrido este tormento saben a qué me refiero. El gran error de la superniñera es, en mi opinión, que, tomando partido por los adultos, pretende “domar” a los niños por métodos conductistas basados en última instancia en la dominación y el miedo (obligaciones, castigos, premios, etc.), en vez de obtener su obediencia y socialización a través de la gratitud que siente espontáneamente un niño bien amado. Porque un niño sano, en efecto, es dócil no porque tenga miedo consciente o inconsciente, sino porque se siente feliz y agradecido y, en consecuencia, acepta y respeta la autoridad parental, y le gusta colaborar con ella.
La pedagogía actual es cruel y chapucera precisamente por los mismos motivos: porque se empeña en ignorar los sentimientos humanos. Y muchos psicólogos modernos, increíblemente, se suman al error, pues creen que, como los sentimientos no se ven, no son “científicos”, y si no son científicos… ¡no existen! Por ello, como el amor tampoco es científico, entonces es irrelevante -o al menos secundario- en asuntos de psicología y comportamiento humanos. Un monumental disparate que, naturalmente, sólo puede conducir a la universalización de la neurosis.
Pero el mundo adulto no sólo culpa y maltrata a los hijos para eximirse de sus propios errores, sino que, en otra vuelta de tuerca, comete un segundo error: sobreprotege, mima, malcría, educa con negligente pasividad a los niños. En realidad, los estafa: en vez de amarlos, les regala juguetes, objetos, privilegios, nocivos consentimientos, con lo cual se logran dos cosas: 1) los adultos alivian la propia conciencia o sentimiento de culpa por saberse egoístas o ineptos; 2) “tapan la boca” y reprimen la frustración de los niños -que quieren amor, no sucedáneos- con el argumento de “¿ves?, te queremos porque te regalamos todo lo que pides”. El resultado serán jóvenes vacíos, narcisistas y resentidos y, en lo más hondo, autodestructivos.
Y es que, en suma, sólo hay algo peor que maltratar a alguien: negarlo, y prohibir a la víctima su legítimo derecho a replicar o defenderse. Aunque dicha prohibición sea por métodos tan refinados como el “debido amor a los padres”, la pedagogía conductista o las etiquetas psicopatológicas o psiquiátricas.
© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor

Yo sólo digo que este es el POST NUMERO 100 DE ILYA.
¡Felicidades!
Creo que, como en casi todo, en las posiciones extremas no suele estar la verdad. Estoy de acuerdo en que las recetas tipo super-nanny no van al fondo de los problemas, pero tampoco diría que los niños conflictivos son resultado de los problemas de los padres; es más, me atrevería a opinar (y hay psicólogos que defienden esta tesis) que es bastante irrelevante la educación que les dan los padres en cómo salga el niño. Me llama la atención del artículo que citas, por ejemplo, que el autor vea tan evidentes “las dificultades neuróticas de la mayoría de padres … ” y entre ellas cite la frialdad emocional. Puedo estar de acuerdo en que la carencia de amor (o la percepción de que no lo reciben) es mala para el desarrollo de un niño, pero si esa fuera la raíz de la actual conflictividad de los chavales, me temo que mi generación habría salido bastante más problemática que la actual. Un beso y felicidades por tus cien posts (y me alegro de que vuelvas a publicar).
que aparecen en esos programas: inmadurez, frialdad emocional, debilidad, ansiedades, miedos, hostilidad, depresión, frustraciones íntimas, dependencia respecto a los propios hijos, etc.
Hooolaaaa! Cuánto me alegro de que llueva ya!
Mira preciosa, yo no sé qué está pasando, pero lo que sí es cierto es que los problemas con los niños suben como la espuma. Vengo ahora del cole con la cabeza como un bombo, siento una tremenda impotencia porque después de tantos años en esto he ganado en experiencia, paciencia, estrategia y un montón de cosas más, pero no me sirven de nada porque los problemas que se nos presentan cada año son distintos y más profundos y te encuentras desarmada para afrontarlos. Lo que servía hace un año hoy no sirve de nada. El único consuelo que encuentro en este texto es que no se responsabiliza a los profesores de lo que está pasando.
Bueno, me ha servido de descargue tu 100º post. Y gracias, porque hoy, realmente, lo necesito.
Un beso enorme preciosa y me alegro de que estés de vuelta!
Estoy muy de acuerdo con lo que dice el artículo, los padres son los primeros responsables. Pero yo no descartaría mencionar que cada niño nace con una personalidad predefinida y que también corresponde a los padres educar a ese crío en función de esta personalidad. De ahí que no sea tan sencillo algunas veces.
Pero sobretodo creo que lo principal e imprescindible es dedicarles tiempo y ganas a los niños y, justamente eso, es lo que más cuesta a día de hoy a los padres. Y lo peor no es eso, lo peor es que para remediar esa carencia creo que muchas veces se les compensa inadecuadamente.
El otro día me lo decía una madre, “para dos horas que paso con el niño no quiero estar gritando e imponiendo normas, por eso se lo consiento todo”. Lógicamente ese niño, a poco listo que sea, sabe desde muy pequeño cómo dominar a su madre y conseguir lo que se le antoje.
Luego irá al colegio, y volverá loca a Zaff….
En fin, que me alegra que hayas vuelto… un besazo.
Pienso que es cierto que mucha de la responsabilidad recae en los padres, pero no toda, el sistema, tal cual esta montado en general , suele ser un desastre para la buena educación. La misma televisión, no hace sino dar malos ejemplos de conducta, hasta en muchos de los dibujos animados, e incluso programas infantiles enseñan malos modos, por no decir algunos que muestran implícitamente la violencia y la falta de educación. Esta sociedad no esta hecha, desgraciadamente, ni para niños ni para ancianos…estamos perdiendo los valores, y damos más importancia a la cantidad que a la calidad…es acaso un mundo tan solo para adultos competidores de no se sabe que carreras imaginarias y que en el fondo juegan inconscientemente con el porvenir del ser humano.
Un beso niñaaaaaaa ……y animo para lidiar con los enanos. No es fácil, pero tampoco imposible hacerlo bien….basta ponerle buena intención y mucho corazón.
Sólo estoy en parte de acuerdo con el artículo. Los padres son responsables, más que culpables, de la educación de los hijos y de la actitud de estos con respecto a sus hijos dependerá el comportamiento de los niños. Hay muchos padres que se empeñan en decir que “qué suerte tenemos algunos padres cuando ven a nuestros hijos comportarse como dios manda, o como a ellos les gustaría que se comportarse los suyos, pero es que sus hijos tienen un caracter “difícil” y los niños que se comportan bien, al contrario, son “fáciles de llevar”. Y esto es un error lo diferente no son los niños sino la manera de educar al hijo. Los niños sean como sean siempre van a intentar aprovecharse de cualquier resquicio de debilidad para hacer lo que ellos quieren en cada momento, de los padres depende que esto no sea así. En lo que no estoy de acuerdo es en el tema de los sentimientos, en el artículo se afirma que con el amor hace que por agradecimiento los niños se comporten bien, que si los niños se sienten amados hará que éstos por gratitud tengan educación. Y esto es erróneo, una cosa son los sentimientos y otra muy diferente las formas. La educación trata de las formas sociales, los protocolos que todos los individuos necesitamos para relacionarnos en sociedad y eso no tiene nada que ver con el amor sino con la autoridad y la enseñanza. Porque por mucha gratitud que sienta un hijo hacia sus padres que lo aman si éstos no les indican cómo son esas normas el niño no se las puede imaginar porque no vienen de serie en el cerebro, no son innatas, sino que dependen de lo que la sociedad quiere en cada momento histórico. Y puede perfectamente haber niños amados y bien educados, criados sin amor pero con una educación intachable y amados sin pizca de educación. Son cosas que no se relacionan.
En cuanto a resolver los conflictos emocionales de los adultos es un poco ingenuo, lo que un adulto debe saber es que independientemente de sus conflictos emocionales tiene unas obligaciones y una responsabilidad con sus hijos y nos duela la vida o no debemos cumplir con ellas. Crubir sus necesidades sentimentales como cubrir sus necesidades sociales (la educación) es fundamental, pero cubierta la primera no garantiza solucionada la segunda. La segunda necesita de autoridad, sobre todo en los primeros años de vida, decía el pedagogo de la escuela de mi hija, que las costumbres que inculquemos en los niños en los primeros siete años de vida son las que permanecerán a lo largo de su vida y es aquí donde el niño debe aprender a respetar y obedecer a los progenitores y a comportarse en sociedad.
No podemos pretender en estos primero siete años explicar al niño el por qué de esas normas sino que la tarea es enseñarlo a obedecer y esto no tiene nada que ver con el amor. Está claro que además de educación un niño necesita amor para sentirse protegido pero no creo que el que niño se sienta amado y protegido haga de él un ser social. Y por supuesto tampoco estoy de acuerdo que el hecho de que al niño se le compren cosas haga de él un ser consentido y mal criado, el ser mal criado es el que es capaz de montarte una pataleta delante de una tienda de todo a un euro porque no se le hace el capricho (con lo cual esos niños está claro que nuncan tendrán grandes cosas, por eso pongo el ejemplo) y no el niño que tiene toda la tecnología en casa que en un momento dado sus padres le dicen que no a algo y el niño lo acepta como un buen hijo con educación.
Estoy bastante de acuerdo con el artículo y, por tanto, contigo. La responsabilidad es nuestra, de los padres, sino toda, si mayoritariamente. Es tirar piedras contra nuestro tejado pero así son las cosas. Claro, es fácil culpar a la sociedad, a la televisión, a los videojuegos, a cualquier cosa antes que a nosotros mismos pero, aunque no les niego influencia a estas cosas, lo cierto es que son los padres quienes educan y enseñan o quienes deberían hacerlo, al menos.
Me alegra que hayas vuelto
Besos
Ando un tanto “colgadilla” pero veo que has vuelto por aqui… te leo más despacio mañana ahora te dejo un abrazo
Hola amor de mis amores! Me voy unos días, no sin antes desearte todo lo mejor que se pueda pensar pero que con palabra no me sale… Que el año nuevo te traiga diás repletos de nada del otro mundo, sino tranquilos y amables.
Un beso enorme, todo mi cariño y feliz navidad!