Lo pequeño se hace grande De Jabugo el jamón, y de Ingenuolandia la menda

“No quieeeero mássss”, sentenció el pequeño, mirándola con la cabeza ladeada contra el respaldo de la silla y enarbolando la media sonrisa de Harrison Ford que tan buenos resultados le dieran en los últimos cuatro años. Tres cucharadas, como siempre, habían bastado para que el niño decidiera empezar el juego del “nomelocomoporqueyolovalgo”. Y la madre, que le gusta jugar mucho a juegos de salón pero odia los juegos de cocina, mira al niño rascándose las neuronas. De nada han servido la negociación (”tómate cinco cucharadas de sopa y podrás tomar el filete”) o las amenazas (”pues esta noche los Reyes no van a venir porque yo misma me voy a encargar de atrancarles la puerta, te lo advierto”). Y mientras el niño le sostiene la mirada con su sonrisa de Harrison Ford, a ella le empiezan a resonar en su cabeza las palabras de un compañero del trabajo apenas tres meses antes…

- ¡Ah! ¿Tu hijo te chulea con la comida? La mía también lo hacía. ¿Pues sabes qué le hice una vez? Estaba con un plato de lentejas y ella empezó como siempre, “no me gustan las lentejas, no quiero lentejas”. Pues aquel día me harté y, después de intentar convencerla sin éxito, cogí el plato de lentejas y se lo eché enterito por la cabeza. Acto seguido tuve que ducharla, claro. Pero oye, no volvió a hacerlo más…

Ella volvió lentamente de aquel eco, se sacudió la idea de la cabeza (”porfavó, que el día de hoy me lo he tirao de limpieza y no tengo ganas de empezar a quitar fideos del suelo, de la silla, de la ropa y de las paredes…”). Volvió a la carga con la negociación y, como no hubo resultados, agarró la cuchara y se la acercó al niño a los labios, dispuesta a obligarlo a hacérselo tragar. Pero él cerró la boca. Más la abrió un poco de nuevo para protestar, momento que ella aprovechó para introducirle el líquido, a lo que el niño reaccionó borboteando el contenido, que obviamente volvió a salir de su boca, llenándose el jersey. Fue ese el instante en que ella oyó otra voz interior…

- De perdidos al río.

Y sin persárselo, como un resorte, sin acritud ni hostilidad, agarró el plato por encima de la cabeza del niño y lo volcó. Fue así cómo el niño recibió su bautismo de sopa con fideos, los cuales hicieron nido en su pelo (como el rayo que cantara antaño Carlos Gardel). Ella dejó transcurrir diez segundos para que él se diera cuenta de las consecuencias que había tenido no haberse tragado aquello a tiempo, y lo llevó hasta la ducha. Mientras lo desnudaba, mientras lo enjabonaba, mientras lo secaba y mientras le ponía el pijama, le preguntaba: “¿Qué vas a hacer la próxima vez que mamá te diga que te comas algo?”, a lo que él respondía: “Comérmelo todo”.

Y mientras limpiaba la bañera de fideos, la cocina de fideos, el pasillo de fideos, las suelas de los zapatos de ambos de fideos, el lavabo de fideos, y ponía la lavadora después de quitarle los fideos a la ropa, sólo podía pensar: “Ainsss, que le dure, que le dure, que le dure…”.


El día que me quieras – Carlos Gardel

4 Comentarios to “Víspera de Reyes”

  1. Zafferano dice:

    Jajajajaja! Genial!!! Qué bien escrito!
    Y no haberlo sabido yo antes, con la de platos de sopa que me derramé yo a mí misma de tanta desesperación…!

    Un besote lindura, he disfrutado mucho leyéndote!

  2. Nanny Ogg dice:

    Jajajajajajajaja… ¡qué bestia! Si te funciona de verdad, avisa ¿eh? :D

    Besos

  3. ambrosia dice:

    ejem….llego tarde, como siempre; pero así pregunto pasado el tiempo… el método en sí funciona????????… Otra cosa no, pero los reyes encontrarían el piso —como los chorros del oro , vamos!!!!…jajjajajajaj me he reído un monton.
    Muchos besos wapaaaaaaaa…y para el enano rebozado en sopa, otro…jejejje

  4. ilya dice:

    Para aquellos interesados (weno, por ahora y que se hayan manifestado, interesadas) en conocer la efectividad del mecanismo. Esta misma noche, el niño (que no ha merendado porque nos ha pillao fuera de casa y se nos ha pasado la hora), me pedía hambriento un colacao y muuuchas galletas para mojar dentro, a lo que yo le he contestado: “Primero la cena. Y, si quieres, encima te doy un colacao con galletas”. A lo que el niño me contesta todo sonriente: “¿¿¡¡¡Por ensima de mi cabesa!!!??”, mientras se señalaba la susodicha. Hoy es el día en que la sola mención de la sopa de fideos provocan en él un ansia desmedida por comérselo casi todo. Asín que… ¡¡¡A mí má funsionao!!!

    Besazos. El mejor piropo que me podéis dedicar son vuestras risas.

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