En cuclillas, con el niño recostado sobre su muslo, pudo verle por fin una buena panorámica de la oreja y de la incipiente mugre que se empezaba a acumular en sus recovecos. Al estirarle del lóbulo, el niño protestó.
- Déjame que te mire, que tienes ahí cascarrias. Te las voy a quitar en un momento.
Pero al comprobar que no bastaría con un pañuelo, sino que tendría que echar mano de algo más contundente, negó con la cabeza:
- Pero ahora no puedo hacerlo, no tengo aquí las herramientas.
- ¿Herramientas? -exclamó el niño sorprendido, sin levantar la cabeza.
- Claro, necesito un destornillador, un martillo y una llave inglesa.
En ese momento el niño alzó la cabeza y, desde sus cuatro años, la miró a los ojos con el morro fruncido, como si estuviera evaluando si hablaba con su madre o con Magdalena Álvarez, hasta que al fin declaró arrastrando las palabras:
- Eso no ha sido buena idea.

Eso…se rebana la oreja, se limpia bajo el grifo y aluego se vuelve a poner en el niño. Al menos así lo hacían en Reservoir Dogs.
La logica del niño ante una madre con ganas de jugar.
Un beso
Ni que estuviera en el dentista! Has probado con un escoplo?
Besotes preciosa!
Creo que yo hubiera dicho lo mismo, jejejeje.
Siento estar tan perdida, ando muy liada.
Besicos.
Jajajajajaja… totalmente de acuerdo con tu niño
Besos