Pues tras haber pasado finalmente el día, yo más hubiera jurado que se trataba de San Murphy. Amos, que lo afirmo. Categóricamente. Y si no, a las pruebas me remito.
Nueve de la mañana y la primera en la frente. No podemos acceder al aula porque los carpinteros han elegido el día de hoy para montar la puerta que nos falta desde que empezara la obra del centro allá por Semana Santa (nada, nada, que hoy toca hablar del clero). Y como no es plan de tener que alzar la voz por encima del taladro percutor, los martillazos, la sierra de calar y sus mulas toas, optamos por esperar en la puerta, total, dice el paleta que no será más de media hora… Y sus muelas también, que hasta casi las diez no ha habido tu tía. Lo hubiera calculado mejor y hubiéramos estado esperando en la cafetería tras un buen café mañanero, y no al sol vivo que en estas latitudes sureñas ya pica aunque la mañana apenas haya hecho entrar.
Ya instalados en el aula, viene la clásica de diez minutos perdidos cambiando ordenadores de sitio, que tenemos una pelea con los del curso de la tarde y viceversa, que no hay manera que nos pongamos de acuerdo en que es el hombre el que va a la montaña y no al revés, mal que le pese al profeta. Menos mal que son portátiles, que si no…
Luego lo de siempre, pero multiplicado por nueve, cada vez estos portátiles dan más problemas, no había manera de que todos los alumnos pudieran tenerlos funcionando a la vez, uno ha tenido que sufrir incluso una restauración a un punto anterior… está claro que hablo de un ordenador, y no de un alumno, pero lo aclaro no obstante.
Sigamos explicando lo ya explicado durante los cinco días anteriores porque A) hay alumnos que han faltado a alguna o varias de esas clases y se han quedado atrás, B) el resto se despista con la mensajería instantánea y acaban igual de perdidos que los de A), C) no hay manera de hacerles entender a los que no manejan bien el idioma de Cervantes que un “no hagáis esto, sólo mirad la proyección”, o quizá “ahora entrad en esta ventana y cambiaros de empresa”, o bien un “si tenéis que modificar los datos de un trabajador, modificadlo, no déis de alta a uno nuevo con el mismo nombre prfjjfjkrjfjfjfjf”, DEBE ser interpretado al pie de la letra, y D) los que tuvieron que restaurar a un punto anterior se han quedado atrás digamos del orden de una hora…
Y finalmente, pierde media hora de reloj intentando averiguar por qué cohones el programa de nóminas está calculando un quince por ciento de antigüedad a Sandra Gómez Pérez, Auxiliar Administrativo (del CNAE de Pesca en Agua Dulce, según me ha puesto en los datos de empresa mi subsahariano favorito), cuando tenía que estar calculando sólo un diez… menoh mal que lo averigüé cinco minutos antes de dar por terminadas las falsas cinco horas de clase de hoy. Conste que llevo diez años manejando ese programa, sólo que la versión “hermana pobre”, que es que oye fíjate que resulta que en este curso me han presentado a la “hermana rica” y aún me dan vueltas los ojos dentro de sus cuencas, mezcla de maravillaría e indignación, al cincuenta por ciento, ya que la rica salva todos los problemas y malas faenas que hace la pobre con sólo doblarle el precio a un producto de por sí carísimo. Tengo unas ganicas de comprobar cómo funciona el Nominasol y poder pegarle una certera patada a la rica, a la pobre y a la madre que las parió a las dos, que no os lo podéis ni imaginar.
En fin, que esta tarde toca cursillo del peque en la piscina, y por fin me he decidido a inaugurarme yo también en el noble arte del aleteo acuático, que pa eso llevo pagando desde el mes de febrero sin haber podido-tenidoganas de ir hasta hoy. Y menos mal que tenía la FIRME convicción, que si no… Hace unos meses tuve un sueño-pesadilla, en el cual por fin iba a la piscina, y no conseguí meterme en la poza porque mil obstáculos se interponían en mi camino: taquillas sin terminar de montar y sin puertas, duchas psicodélicas que no sabías cómo accionar para que expulsaran agua… Todo ello lo he revivido esta tarde, sin dar crédito a que todo ello me pudiera estar pasando junto en la misma tarde. Primero, el candado que compré hace meses para cerrar la taquilla cumple el difícil arte de, una vez puesto en la cerradura, no bloquearla en absoluto, pudiendo quien tenga a bien acercarse hasta allí abrir la portezuela como si el candado fuera de pega (apunto, comprar un candado como Dios manda, bien gordo, y no un ridículo cordel metálico). Luego intentar ponerme el gorro de silicona, que a punto he estado de agarrarlo con los dientes para que no se me resbalara coronilla arriba. Una vez comprobado que no daba más de sí, he tenido la horrible premonición de que se me iba a salir disparado en cuanto me echara al agua, y es que apenas me tapaba la larga y encrespada melena. Dicho y hecho. Dos largos más tarde, y habiendo testado que llevaba el gorro puesto al más puro estilo de los casquetes de los obispos y santos padres varios (seguimos hablando del clero), he tenido que salir de la piscina e ir a la recepción a que me vendieran otro de mi tamaño. Finalizada la sesión acuática, resentida de varios calambres en las piernas y los pies, unas prominentes agujetas en los brazos y un preludio de ataque al corazón por el esfuerzo que supone hacer un largo de apenas 25 metros (cada vez, ¿eh?, que he hecho unos cuantos, y en diferentes estilos, a saber: polilla, rana, y oso Balú sobre su espalda), me he cambiado en el vestuario y he ido a esperar a que saliera el peque de su propia sesión piscinística. Mientras lo secaba y lo vestía, el pobre se ha ido al suelo al perder el equilibrio mientras levantaba el pie para poder ponerle el calcetín (caída desde lo alto del banco donde le tenía de pie). No se ha hecho nada, más el susto que otra cosa, aunque creo que éste me ha salido de la película de la Teniente O’Neill, porque ha aguantado el dolor y las lágrimas en sus lagrimales, perjurando que no se había hecho daño. Y ya que nos íbamos… puto candado de los cohones, manipulándolo antes para ver por qué no conseguía cerrar la taquilla, se conoce que moví las ruedas de los números mientras estaba abierto, y ahora no doy con la combinación para poder abrirlo. No, si al final tendré que dejarlo ahí colgado… Ah, no, eso sí que no, yo de aquí no me muevo ni que tenga que probar las novecientas noventa y nueve posibilidades. Total, el niño está entretenido cerrando todas las taquillas del vestuario… ¡Menos mal que con treinta y cuatro han bastado!
Pos eso, que puede que hoy fuera San Murphy o no, pero resulta que yo hoy tenía suficiente ánimo pa to eso y pa más, y ya me hubiera salido un toro por la ducha que lo hubiera toreao y hasta cabalgao si me apuráis. Comeduras de moral a mí… ¡JÁ!
Y pos resulta que no he visto hoy actuar a San Pancracio, santo patrón del trabajo. ¿Le mantendrán maniatado los que se benefician de las crisis?

Eso para que te fíes de los santos, a saber dónde se habrá metido San Pancracio que no te ha echado ni una manita
Besos
Tu nadando? haciendo algo de deporte? Inaudito, lo que nos quedará por ver.
Espero que cuando se te ha salido el gorro en la piscina, no se haya producido un sonido similar al producido cuando te metes el dedo indice en la boca, presionas por la parte interior del carrilo y lo dejas escapar repentinamente. Muachsss¡¡
¡¡Biennnnnn ! Ya tenía yo ganas de pasarlo bien con tu “forma” de explicar las cosas . Esta es mi niña. Lastima de cámara pa la afoto de agarrar el gorro con los dientes. Y la mirada ante el aparato informático y la espera a la restauración del sistema , que bien has aclaro de que sistema se trataba. Bueno que parece que vas recuperando las ganas de comunicarte por este medio y que me siento muy afortunada
Un beso
Pues vaya diita; me has dejado con curiosidad de investigar la biografía de San Pancracio, pero ten en cuenta que con ese nombre, qué podría hacer el pobre. Bueno, espero que la racha haya cesado. Un beso.
Ejque el agua esta mojada y además deshace los caminos. Quita, quita donde esté una terracita y un vermút…
Feliz cumple con un retraso apocaliptico.
Agghhh… Ha sido taaaan terapéutico volver a leerte! Una, por los viejos tiempos, dos, porque nos dedicamos a lo mismo (con diferencias, pero la misma esencia que requiere esa cabezonería, esa persistencia, esa…. mala leche para seguir y seguir y seguir…) y tres, porque continúas escribiendo que da más gusto que el dulce de leche. Por qué habré estado tanto tiempo fuera de esto, ¡con lo bien que me sienta!
Biquiños,
A.
Que una entra poco por aquí y escribe menos, y que visita los blogs que recuerda que le gustaban muchísimo lo mismo que la lluvia los desiertos, es de una certeza matemática (y no me venga alguien ahora con eso de que es capaz de demostrarme que dos más dos no son cuatro, que tampoco se trata de eso, ES UN DECIR). Así que una tiene asumidísimo que quien aquí comenta tiene la amadísima categoría de incondicional. No sabéis hasta qué punto agradezco que os paséis por aquí y me comentéis, aunque las imaginarias reglas no escritas digan que para que eso ocurra se debe ejercer cortés reciprocidad. Como nunca he creído en las obligaciones que lleva aparejadas llevar un blog palante porque entiendo que el ejercicio de la libertad de hacer lo que en cada momento apetezca es un derecho inalienable, ocurre que vuestros comentarios son aún más valiosos, porque los dejáis aquí con todo el cariño que unos bloggers se pueden tener. Ocurre también que, y tomo como ejemplo los que me habéis escrito en este post, a la mitad os conozco personalmente (maravillosa puerta del espacio-tiempo en la que hemos convertido estas líneas, porque precisamente os conozco gracias a nuestros blogs). Pero lo que me ha hecho saltar el corazoncito esta tarde ha sido cuando he abierto la cuenta de correo electrónico y he visto en el nombre del comentarista a mi vieja amiga Aldara, que fue de esos primeros y magníficos descubrimientos allá por cuando yo empezaba mis pinitos literaturescos, que va ya para tres escalofriantes años, y a la que he echado mucho mucho mucho de menos leer, porque ella sí que sabe darle a la tecla. Nena, ya he perdido la cuenta del tiempo que hace desde que me dejaste sin poder saber de tus cosas por hacer, avé si nos ponemos al día. ¿Sigues viviendo en la ciudad en la que aterrizaste tras abandonar la city? Lo digo porque seguramente en septiembre voy pallá, a ver si puedo llegar a decir que conozco y disfruto en persona de cuatro de mis seis comentaristas. Una alegría inmensa leerte. Un besazo.
Crono, de apocalíptico nada, que por circunstancias que ya te puedes imaginar, es hoy precisamente cuando voy a comprar un pastel y chorrocientas velitas para que mi niño me las sople. Muchísimas gracias
Besos enormes a todos.