Paco no, Don Francisco (y olé) Aires precoces

Cuando esta mañana corregíamos en clase los boletines de cotización del mes de agosto, al llegar al TC1 (el de la liquidación de cuotas a la Seguridad Social), una de mis alumnas ha sufrido un colapso neuronal y ha dejado de entender, sin dejar de oirme, todo lo que yo estaba explicando. Al darse cuenta de que por más que atendía no se enteraba de nada, le ha entrado un ataque de ansiedad, que ha luchado por controlar, pero sin poder evitar que las lágrimas le corrieran por las mejillas. Desde mi punta de la clase a la suya, desde mi silla hasta la suya, la he mirado fijamente a los ojos de tal manera que sintiera que en ese momento no existía nadie más en clase que ella y yo.

- Ana, mírame, mírame a mí, no mires tu ordenador, ni tus papeles, ni la pizarra, mírame a mí. Esto, todo esto que hacemos en clase, no es importante. No es más que algo que estudiar. Lo importante no es esto. No te preocupes por esto, que lo voy a explicar tantas veces como haga falta hasta que todos lo entendáis.

Y lo he hecho. Lo he explicado tan lentamente y con la voz lo más profunda y suave posible, mirándola a ella fijamente a los ojos, ignorando a todos los demás pese a que lo explicaba para todos. Notaba de reojo todas las miradas clavadas en mí, veintiséis ojos que intuía atentos desde un respetuoso silencio que no han interrumpido en ningún momento con preguntas u observaciones. Lo importante es que ese par de ojos al que miraba directamente no bajara ni desviara la mirada, lo importante era que esa mujer se sintiera agarrada a un salvavidas que en ese momento había adoptado la forma de profesora de nóminas. Lo importante es que la marea y la resaca no se la llevaran.

Al terminar la explicación eran ya casi las once, así que he dado por concluída la sesión y nos hemos ido a desayunar. Ella se ha metido en el aseo y yo la he esperado fuera, en la puerta de la calle, para que no se fuera sola a la cafetería donde los demás ya ocupaban las mesas. Ha tardado, mucho más de lo que las necesidades fisiológicas requieren. Estaba claro que estaba atendiendo a otra necesidad, más de naturaleza psicológica. Finalmente ha salido con un cigarrillo encendido, me ha visto esperándola en la esquina y me ha hecho un gesto de esos de encoger sólo una comisura de la boca.

- Me he quedado un rato dentro haciendo ejercicios respiratorios -se excusa.

- Ya me lo he imaginado, por eso me he quedado a esperarte.

- Si es que… ¿sabes? Hoy es 22. Todos los días 22 de todos los meses hacíamos algo especial, cualquier cosa, cualquier tontería, pero que se saliera de lo normal. Podía ser una comida distinta, un pequeño regalo, un paseo, pero algo, lo que fuera. Era nuestro día especial, nosotros nos lo inventamos, como en las películas… Me cuesta mucho todavía cada vez que llega el 22, entonces me acuerdo de todas esas cosas que compartíamos…

Entonces se ha echado a llorar y la he abrazado lo más fuerte que he podido. “No sabes cómo te comprendo”, se me ha cruzado por el pensamiento. Nos hemos quedado así un minutillo, sin decir nada, sólo pasando la mano por la espalda para ver si frotando se aliviaba la pena.

- Ay, Dios mío, ¿cómo me ha podido cambiar tanto la vida en tan poco tiempo? -solloza.

Y es que a veces las vueltas que da la vida no son vueltas sino violentos virajes que te lanzan despedido contra la cuneta. Y en esos momentos te quedas agarrado al volante, con el coche parado, con todos los demás vehículos pasando y zumbando a toda velocidad junto a ti, tan rápido que te zarandean, y tú ahí todavía sin saber si ya puedes respirar y abrir los ojos. Y repasar los daños. Durante mucho tiempo revivirás esos días en que todo cambió de pronto. Hasta que el tiempo, que dicen que todo lo cura, cubra con nueva vegetación aquello que ahora queda yermo.

5 Comentarios to “Virajes”

  1. Ser y estar, que importante para la vida de otros que estés dispuesta a entregarte mas allá de los deberes didácticos de tu profesión e interesarte por tus alumnos como personas.

    Que afortunados son.
    Un abrazo grande

  2. Patapalo dice:

    …¿sigue usted escribiendo? y con el mismo buen gusto, que envidia.

  3. Nanny Ogg dice:

    Los grandes cambios ocurren así: por sorpresa, de golpe y dejándote sin respiración…

    Besos

  4. Chucho dice:

    ¿Y por qué el que me explicó a mi todo lo relativo a la Seguridad Social lo hizo tan árido e indeseable? Si se pueden hacer las cosas bien, ¿por qué se hacen mal?

    Me gusta mucho el último párrafo, la última línea es una delicia.

  5. ambrosía dice:

    Un besito niña…. con las pilas cargadas recien llegada de los madriles …..ayssssss que bien sientan estas escapaditas¡

    (meos mal que has quitado la contraseña ..porque antes no me dejaba entrar )………besossss y achuchonesssssss

Deja Un Comentario

(necesario)

(necesario)