Virajes El agua para las ranas (eso no lo dijo una rana)

Él de pie envuelto en su pequeño albornoz, yo agachada delante suyo secándole las piernas y los pies. En un momento en que levanto la cabeza hacia la suya me espurrea de babas con ese ademán tan caballeresco. Perdón, quise decir caballesco. Me pongo seria y trato de encontrar el tono adecuado para recordarle por chipicienta vez que no le está permitido dejar volar alegremente su preciosa salivita hacia los demás. Que ya está una un poco más concienciada de que la gripe A no es nada del otro mundo y que si uno se contagia, uno pasa una gripe, uno toma algo para sentirse mejor, uno guarda cama, uno suda la fiebre, y uno se cura. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es ir buscándola. Así que le vengo a decir más o menos esto.

- Cariño, si tu estás malito, en tu saliva va la enfermedad, y si me cae en la cara me puedes contagiar. Por eso cuando estornudamos nos ponemos la mano delante y luego nos lavamos las manos (ejem). Así que no hagas eso a nadie, a ningún niño del cole -vamos a ver si de tanto inculcar, entre unas y otras madres conseguimos que los infantes se comporten como adultos hechos y derechos, digo.

Su respuesta ha sido gráfica. Ha hecho la maniobra “jó-qué-rollo” con los labios  (si no sabéis cómo es, tratad de pensar en cómo se os ponen los morros y os sale un suspiro desde el fondo de la rabadilla cuando vuestro jefe os dice que tenéis que mecanografiar diez veces el mismo contrato, o algo similar. El resultado debe ser que habéis dejado volar salivilla). Ante lo cual, muy seria, le he dicho:

- Eso también echa saliva.

En esos precisos momentos, y debido a la postura cuclillar que sostenía mi menda, sin pretenderlo, sin verlo venir ni poder hacer nada por impedirlo, un airecillo trompetero ha huido de mi cuerpo por el mismo sitio por el que estáis pensando. Así que para rematar la ilustración del ejemplo, he continuado la perorata con la sentencia final, para que el peque captara todos los matices con casos prácticos:

- Eso no.

Tras pensar unos segundos y quedárseme mirando muy fijo, ha empezado a reírse en un genuino ataque de risa infantil, de esos que cuando los oyes se te contagia igualito que la gripe y tienes que reírte tú también. Pero mi fascinación pasaba más por el asombroso descubrimiento de que mi hijo, a falta de una semana para cumplir cinco añitos, había captado la sutileza del chiste, lo había comprendido y se estaba partiendo la caja con ello.

En un momento en que pudo coger aire para respirar, me suelta:

- ¡Yo no he sido!

Ya decía yo que me había salido muy precoz…

3 Comentarios to “Aires precoces”

  1. Así que a ti te salen “aires precoces”. Me he partido con tu historia, imaginándote y oyéndote; no me extraña que tu hijo se haya desternillado. Un beso.

  2. Amy dice:

    Pues teniendo en cuenta que los niños son muy listos y el tuyo no se queda atrás, ten cuidado cómo le enseñas las cosas. A mi me enseñaron que a la gente no se le escupía por educación, si me hubieran enseñado que no se escupía por no contagiar algo puntual, te puedo asegurar que hubiera esperado pacientemente, como cualquier niño, a que pasara la alerta para seguir escupiendo….jajaja todavía tengo alma de niña.

  3. Nanny Ogg dice:

    Jajajajaja… con lo que les gustan los chistes escatológicos a los niños, no me extraña que se partiera de risa :D

    Los niños son geniales.

    Besos

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