Porque yo lo valgo (más quisiera Loreal)

Archivado en (Esto no es cuento) por ilya el 12-11-2009

DNI ilya - grande

Ya lo veis, válido hasta el diez de octubre de 2013, uséase, que no me caduca hasta dentro de cuatro largos y escasos años. La historia se repite de un tiempo a esta parte cada vez con mayor frecuencia y peligrosidad. Al principio era de cuando en cuando, pero ahora… Recuerdo la primera vez, fue en el Lidl. La cajera miró mi carné, luego a mí, luego al carné otra vez, y después de un momento en el cual dudó muy seriamente si pasar del tema o llamar al encargado (y que éste ya decidiera si era propicio llamar al cuartelillo), finalmente optó por la tangencial, vamos, pasar la tarjeta de crédito por el terminal y comentarme (inconsciente de que ese tipo de comentarios llevan aparejados un consejo que no supo dar) lo cambiada que estaba, que “ahora estaba más joven ¿no?” (pos mira, va a ser que no, soy seis años más vieja, aunque parezca lo contrario). Este verano fue más alarmante, intentaba pagar unos libros en una reputada librería del centro de la ciudad, y la dependienta llegó a decirme que llegó a pensar que yo era la hija que le había birlado el carné y la tarjeta a mi madre (por mucho que me halague, eso en mi tierra se conoce por pasarse un poco). Ahora estoy en un punto en el que no pasa una vez que no note de reojo que me están escaneando con la mirada (“ya lo sé, no me parezco, ¿y qué hago, si me faltan cuatro años para renovar?”); de hecho, creo que el próximo e inminente paso va a ser que se nieguen a aceptar la tarjeta, lo cual me obligará a llevar más efectivo encima del que me gusta.

Yo miro y remiro la foto y,  salvo por el cambio de color (me he ido de una punta a la otra en la escala cromática) y por el cambio en la longitud (qué pasa, me crece mucho, lo cual se nota cantidubi cuando no me corto el pelo), y que usualmente uso gafas que no constan en la imagen, no comprendo que no se me reconozca (¿por qué nadie reconoce a Superman cuando ven a Clark Kent?), que les parezca que soy otra (si fuera china seguro que no se lo parecería). Los dos guardias civiles que me pararon en sendos controles de tráfico (la foto del carné de conducir es la misma) no me hicieron ninguna referencia al problema (quizá porque eran incapaces de ofrecer una solución digna), aunque ahora que lo menciono, uno de ellos lo que no reconoció fue el coche (se ve que lo llevaba tan guarro que no se acertaba a ver qué modelo era), porque me preguntó “un polo, ¿no?” (pues mire usted, ahora mismo me entraría mejor un café con leche, pero si es lo único que me puede ofrecer…).

Ahora mismo tengo tres opciones:

a) Seguir como estoy y arriesgarme a que empiecen a denegarme el pago con las tarjetas (menos mal que el cajero automático todavía no pide el carné), y votar en las elecciones.

b) Cortarme el pelo y tintármelo como en la foto (o en su defecto hacerme de una peluca), aunque ello lleve aparejado parecer una década más vieja.

c) Renovarme el DNI (así ya dispondría del electrónico) y pagar la penalización por renovarlo antes de tiempo (está la economía para tonterías), obviando el tema de tener que programar una cita previa para dentro de dos o tres meses (al menos ahora es con cita previa y no haciendo cola con la tienda de campaña, como no hace tanto).

Nunca hubiera imaginado que rejuvenecer espontáneamente fuera a causarme más problemas que satisfacciones. Pero vamos, no os vayáis a pensar lo que no es, ¡que me quedo con los problemas!

Comentarios:

6 Comentarios en “Porque yo lo valgo (más quisiera Loreal)”

Escribe un comentario