Esto fue lo que quedó
Lo vamos a hacer en el pírex cuadrado de 20 ebros del Hipercor (o el que tengas, no tengo capricho). Para ello abre el cacerolero bajo la vitro y sácalo, pilla la botella de aciete d’oliva y asegúrate de dejar todo el pírex bien pringao (ojo, sólo por dentro).
Le ha tocao el turno al pollo. Píllalo de donde esté escondío y dale un tajo al cuello. Hazlo bien, que hubo uno que sólo le llegó a cortar medio cerebro por debajo del pico y se hizo rico exhibiendo al único pollo del mundo (vivo) sin cabeza. Date cuenta que muchos lo han intentado luego sin conseguirlo, pero nunca se sabe… (si lo consigues no lo metas al horno en el pírex y llama a los de Vídeos Impactantes). Si eres mú remilgao, en el Maradona te venden las bandejas con el pollo loncheao. Esta solución también vale para los que dispongan de poco tiempo (que será lo más común).
De cualquier manera, la receta exige que la carne conseguida según el párrafo anterior esté limpita y sin güesos, y preferiblemente cortada más bien fina que gorda (pa que se haga mejó por dentro). Esturréala por el pírex para que ocupe todo el fondo. Luego échale polvillos resalaos, a saber: sal (of course), ajon’polvo, jengiblen’polvo, nuez-moscadan’polvo, peregíln’triturao, jierbas-provenzalesn’triturás (ni que decir tiene que todo esto proviene de la sarta de botecillos que tienes en la caja de las especias, uséase, puede ser cambiado de acuerdo con los distintos botecillos de que cada uno disponga). Riégalo todo con un chorrete del bote de limón exprimío de la nevera.
Llegamos al momento más delicao, que es convencer al personal de que este plato no lleva poteitos. No señó, lleva algo musho más saludable y, por sorprendente que parezca, más sabrosón: ni más ni menos que ¡vejdugas!
Para ello sacaremos de la nevera un bien dotado calabacín, un hermoso tomate de ensalada y una generosa cebolla. Es conveniente tener estos ingredientes ya comprados en esta fase, porque dejar el pollo ya listo y tener que bajar al súper en este momento es del todo cutre (te tengo dicho que te leas la receta entera antes de meterte en faena… y no hablo sólo de cocina, jisjisjis). Lávalos, pélalos y córtalos en lonchas redonditas, ni mú gordas ni mú finas, amos, lo que viene siendo medio centímetro a ojo buen cubero. Cubre el pollo con las rodajas del calabacín y sálalo un poco. Luego cubre con otra tanda pero de cebolla y sálala un poco. Luego haz lo propio con el tomate. ¿Importa realmente el orden? ¡Y yo qué sé, oiga, a mí así me ha quedado mú vistoso!
Ahora llega el retoque final. En un vaso mezcla agua con vino blanco (más vino que agua, para gran alivio de los borrachines) y con un chorro aciete d’oliva (¿he mencionado que mejó si es virgen? así, con el bien dotado calabacín podemos improvisar una ceremonia de iniciación de algo…). Riega con este invento todo el conjunto, así conseguiremos un gustoso caldillo en el que hervirá el pollo que, te recuerdo, está debajo del todo.
Y en fin, ya sólo queda meterlo al horno. A unos 220 gradetes, una horita. Si la peña tarda más en llegar a comer, lo puedes mantener caliente dejando el horno a 90 grados media horita más, y otra, y otra… Después de ese tiempo, apaga el horno: ¡se merecen comérselo todo frío!
GRADO DE RECONOCIMIENTO: “¡Kiya, está pa chillarle!”
Buen provecho y Feliz Navidad (casi).

OK, ya sabemos lo que vamos a cenar, yo pongo el vino que he exprimido yo mismo de las uvas, con mis pinreles y le he dejado fermentar con un gato dentro…
D ¿pero cuando y donde? Y no te pongas nerviosa que entonces no comes ná. Un beso
[...] Here is the original: Pepitas de Oro y Granos de Arena » Recetitas: Una de pollo al horno [...]