El Universo es grande. Que se lo digan a mi niño, que ya ha estudiado en la escuela el Sistema Solar. Estábamos haciendo en casa los deberes pendientes cuando surge en un ejercicio la pregunta.
- A ver. ¿Cuánto tiempo tarda la luna en completar sus cuatro fases?
- Ehhhmmm… -dice, acompañando a una reveladora mirada extraviada.
- Sabes la respuesta, lo acabamos de leer. Piensa.
- Hummmmmm….
- Empecemos repasando lo básico. ¿Cuál es la medida de tiempo más pequeña?
- Mmmmm……
- Eeeeeeeeeeeeellllllllll…………… ssssssssseeeeeeeeeeee…….
- Ssssssssssseeeeeeeeeeee………………………….
- …….gggúuuuuuuuuuuuuunnnnnnn………….
- ……..gggúuuuuuuuunnnnnnnnnnnn…….DO!!!!!!!!!!
- ¡Muuuy bién! Y luego del segundo viene eeeeeeeellll…………….
- ¿……Tercero……?
¡Tooooma castaña! Bueno, aún no le tiene bien pillao el concepto, pero nos lo pasamos pipa escenificando los movimientos de rotación y traslación de la Tierra. Cuando me agregué como satélite lunar alrededor suya mientras él rotaba sobre sí mismo y se trasladaba alrededor del taburete-sol, no fuimos capaces de completar un año completo: allá por junio nos caímos redondos sobre el sofá mientras el Universo giraba como un loco alrededor nuestra. Igualito que lo hacía antes de Copérnico.
