Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
    • INICIO
    • ARTICULOS ANTERIORES
    • FOTOS
    • RELATOS
    • EL FORO

Desvaríos

Tejí y destejí palabras y párrafos enteros. Los escribía durante la noche y los deshilachaba por la mañana
(al contrario que cuando Penélope deshacía la bufanda, según creo, que debía de ser la muchacha alma diurna). Las palabras volvían a ser usadas (=reciclaje!!!) para la siguiente vez pero, al igual que ocurre con el hilo destejido, que cede en su prestanza, la nueva historia nacida de la muerte de la anterior se volvía holgada y sosa, deforme.

Mil veces escribí lo mismo, y de mil maneras diferentes (ahora punto del derecho, y luego de garbanzo), pero ninguna versión me parecía lo bastante buena como para sobrevivir (por mucho que proteste Gloria Gaynor). Ninguna fue lo bastante buena, así que a todas les di muerte a través del desorden de mezclar todas sus letras como las cartas de una baraja.

De todas esas letras, esta noche selecciono las presentes para mostrar como unas palabras reutilizadas y una mente cansada transforman en desvarío lo que debió haber tenido sentido.

Aunque… ¿alguien sabe si algo en esta vida lo tiene?

(¡¡¡Reciclaje sí, pero con lógica!!!).

Read the rest of this page »

Escucha
este post

TAMPOCO sigas esta flecha

No pinches la flecha, no sigas el enlace, no, no lo hagas, retén tus impulsos, sé fuerte, respira hondo, la flecha no existe, detrás de ella puede estar el caos, la desolación, el fin de los tiempos……..

O…¡YO QUÉ SÉ!

Escucha
este post

Fórmula magistral

Había una muchacha con el corazón enamorado de un proyecto de relación con un chico, que tendía a fabricarse castillos en el aire, subir a la torre más alta y aguardar dejándose crecer el pelo a que el sujeto de su amor luchara contra viento y marea y superara todos los obstáculos con que la vida quisiera entrompiconar su relación. Cuando al fin él apareciera con las ideas claras y el corazón henchido, ella no tendría más que dejar caer sus trenzas para, al fin, estar juntos y felices para siempre. Nunca consiguió que el chico pasara del foso.

Tras algunos intentos fallidos, apareció quien cruzó el foso. Y se instaló con ella en el castillo que, de pronto, se convirtió en una humilde cabaña donde el estar juntos se cumplió, pero, contra todo pronóstico, el felices para siempre se había quedado fuera, muy alto, en el aire. Poco importa de quién fuera la culpa, si de estas cosas alguien llega a tener la culpa alguna vez.

Cuando la muchacha volvió a enamorarse de nuevo, se fabricó castillos en el aire, se cortó el pelo, se bajó de la torre más alta, cruzó el foso, luchó contra viento y marea y, superando todos los obstáculos con que la vida quería entrompiconar su relación, cogió al chico y lo llevó consigo a su castillo. Nunca consiguió que el chico pasara del foso.

Los chicos seguían teniendo demasiado respeto por un foso que sí, efectivamente, estaba lleno de cocodrilos, tenía un puente que parecía poco fiable y, en el mejor de los casos, sus aguas semejaban ofrecer la misma temperatura que un polo de limón en la espalda.

Después de aquello decidió romper con los castillos. Viajó por todo el mundo conociendo a mucha gente, aprendiendo nuevas costumbres, escuchando experiencias, enriqueciéndose de idiomas, derrumbando castillos, cabañas y fosos, luchando contra viento y marea cuando la vida quería entrompiconar sus férreas decisiones.

Encontró la libertad. Tiró de ella suavemente y apareció, atado al otro extremo, un chico radiante que había roto con sus propios castillos. Ambos saben que los para siempre no existen y que sólo pueden contar con el día a día prorrogable por otro día más, que no hay que esperar ni exigir del otro nada porque ellos son dos y no uno, que las cadenas que los unen deben ser de seda que se suelta al tirar porque el nudo más fuerte que los mantiene unidos es el espacio vital que permite volver una y otra vez al otro sin imposiciones.

No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos.

Hermann Hesse

Escucha
este post

Fatal error

Un día en un antiguo trabajo me pasé de lista. Había visto cómo un ingeniero de la NASA ponía en órbita un cohete y me convencí de que aquello estaba chupao, sólo había que teclear unos cuantos comandos, definir la base de datos a usar y apretar unos cuantos botones a la vez que contaba desde diez hasta cero y BOOOOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Pan comido.

Después de que el incrédulo de turno me mirara con aprensión y me preguntara “¿Estás segura de lo que haces?”, y de que yo le dijera “Por supuesto, no te preocupes”, estrellé el cohete en el océano sin demasiado estruendo. Y deseé con todas mis fuerzas haber ido dentro de aquel cohete.

Dos horas después, el ingeniero apareció arrastrando los pies y volvió a poner todo en su sitio sólo como un ingeniero sabe hacerlo: con conocimiento de causa.

Me juré que nunca más volvería a meter mis zarpas entre un teclado. Me prometí que nunca más intentaría emular la profesionalidad de quien sabe lo que hace porque su trabajo es saber. Me convencí para no salir de debajo de la cama nunca más.

Con el tiempo digerí aquel episodio para conocer dónde están mis límites reales, porque ni era tan profesional ni era tan torpe. Ni nunca estuve tan arriba ni nunca bajé tan abajo. Todo se debió a un exceso de confianza y a una sobredosis de culpabilidad.

Con el tiempo volví a meter la pata muchas veces. Pero es que eso es inevitable.

Quien hace botijos, se equivoca haciendo botijos.

Escucha
este post

El día del padre

Querido Papá:

Te escribo esta carta aunque te voy a ver mañana mismo, porque tengo muchas ganas de decirte muchas cosas que no me atrevo a decirte en voz alta. Y se me ha ocurrido que quizá escribiendo lo que siento me atreva a darte este trozo de papel.

Sé que quieres que te quiera, y que estás enfadado siempre desde que ya no vives en casa. Yo sólo quiero que sepas que yo intento quererte, pero me dices cosas que hacen que no me resulte fácil. Para quererte mucho tendría que olvidar cada vez que me prohíbes llorar cuando paso mis vacaciones contigo porque eso es que echo de menos a mamá, y entonces me dices que si no me has pegado ni me he hecho daño entonces no tengo motivos para llorar; o cada vez que no me permites llamar a mamá para tranquilizarme porque es cierto que la echo de menos. Yo creo que es normal echar de menos a mi mamá, mucho más porque es con quien vivo. No comprendo por qué te enfadas tanto cuando me ves triste o quiero hablar con ella, no entiendo por qué me dices que si la echo de menos es porque te quiero menos a ti. No entiendo por qué no te pones en mi lugar en vez de regañarme con ese rollo con el que empiezas a machacarme desde que nos encontramos hasta que vuelvo con mamá. No comprendes que vivo con muchos nervios desde que me entero de que tengo que irme contigo a pasar mis vacaciones porque sé que tengo que estar todo el tiempo controlando todo cuanto digo, todo cuanto hago y todo cuanto pienso. Porque no te basta con eso, que además me acusas de haber querido decir lo que no he dicho. Me paso todo el tiempo muy nerviosa esperando que cualquier cosa que diga provoque que te enfades y me digas cosas que no quiero oír. Y al final todo eso me hace llorar porque me hace echar de menos la tranquilidad y las caricias de mi mamá, pero me tengo que esperar hasta que se hace de noche y tú te has dormido para que no me oigas.

Te enfadas porque crees que quiero más a mamá y quisieras que te quisiera más a ti. Pero no comprendes que me tratas de una forma que consigues todo lo contrario. Quieres que te quiera pero no sabes quererme. A veces creo que me he acostumbrado a dejar de oírte cuando empiezas con tus reproches, pero el caso es que me duelen siempre. Mamá te echó de casa porque ella tuvo valor para decirte que dejaras de tratarla igual que ahora haces conmigo. Yo no puedo echarte porque me obligan a estar contigo sin preguntarme con quién quiero estar.

En estos días pasaremos juntos el Día del Padre y quiero hacerte un regalo. No sé si regalarte esta carta o mejor te doy sólo la tarjeta con cartulinas de colores que hemos hecho en el colegio, como cada año. No creo que me atreva a dártela, porque me da mucho miedo que pienses cosas que no son ciertas y te enfades conmigo. A lo mejor sería buena idea dártela al final, cuando mamá me recoja y me despida de ti con un beso. O quizá mejor sería si la rompiera ahora mismo, en cuanto acabe de escribirla. No sé qué hacer.

Por si acaso te la doy y la lees, quiero que sepas que te quiero, te quiero mucho. Tanto como te temo.

Feliz Día del Padre.

Escucha
este post

Eau d’orage

Gotas

 

-¿La lluvia me verá al revés?

-Yo sí que me siento al revés.

-No consigo ver más allá de mi nariz.

-Bizco estás muy interesante.

 

Escucha
este post

Confirmaciones

- Tú y yo tenemos una amistad sincera.

Al oirle, dos lagrimones se le escaparon conducto lagrimal adentro, rodando por la cara interna de sus mejillas hasta su boca. Degustó su sabor salado mientras le miraba con cara de completo acuerdo.

Confirma

Era algo que ya sabía.

Simplemente, no hubiera querido oírselo decir.

Escucha
este post

Ocurrió en la escalera

Aquel primer día no entendió muchas cosas. Al igual que algunas películas necesitan más de un visionado y más de dos para pillarle todos los dobleces al argumento, el nítido revivir de los recuerdos arrojaba luz nueva según el momento en que lo hiciera.

Aquel primer día no entendió, por ejemplo, por qué sus padres insistían una y otra vez en preguntarle si le había tocado ahí, si le dolía, si la llevaban al médico, a lo cual se negó rotundamente, bastante había tenido ya en aquella, por otra parte, apacible tarde de viernes. Le gustó que sus hermanos, mucho mayores que ella, hubieran salido como alma que lleva el diablo detrás de un fantasma, el cual sí que había tenido que salir huyendo, casi volando, escaleras abajo, tras retumbar fieramente en aquel entorno el grito más desgarrador que una garganta aún sin madurar podía emitir.

Aquel primer día sólo sacó en claro que nunca jamás volvería a preguntar a un desconocido si éste conocía a su hermano, porque claro, ella misma le había dado la pista para que él supiera que tenía hermano, con cuya información no tuvo más que contestar con un escueto “sí” para tranquilizarla. También comprendía perfectamente que preguntarle “¿Eres de la tuna también?” era una forma igualmente fácil de darle más información y seguir tranquilizándola con sus respuestas afirmativas. Demasiado pronto en la vida había comprendido, sin que nadie se lo explicara, que nunca hay que contar tu vida en las preguntas que formules. Mucho menos a desconocidos. Mucho menos a hombres desconocidos.

Al cabo de otros seis años, más o menos, reunidos un grupillo de amigos, no recuerda muy bien qué comentario hizo alguno de ellos que, de pronto, una sábana protectora de incomprensión cayó por fin hecha jirones provocados por toneladas de silencioso polvo acumulado. “Andá -dijo, hablando lenta y asombrada-, entonces, lo que me pasó aquella vez fue que ese tío intentó violarme”. Lo dijo mirando a los ojos a la chica mayor del grupo, la hija de la casa en la que estaban, que se había unido en aquella ocasión a los pequeños amigos de sus hermanos para ejercer de adolescente veterana. La calló, la muchacha no supo qué decir durante aproximadamente cinco segundos, tras los cuales, carraspeando casi, contestó quitando importancia al asunto “no, mujer, seguro que no era eso”. Pero ya nada las convencería, a una y a otra, de que no había sido eso. La muchacha le comentaría luego a su madre, absolutamente vencida por el aplomo de la niña preadolescente, con qué serenidad había asimilado un hecho tan traumático, con qué entereza había asumido que, demasiado pronto, fue víctima de las peores bajezas de que son capaces las personas.

Aquél primer día cambiaron muchas cosas. Pero no tantas como cabía esperar. Ante la falta de miedo que hubiera sido esperable tras un acontecimiento tal, ante la insistencia de la niña por seguir yendo y viniendo sola del cercano colegio, habiendo tomado conciencia de que nunca más entraría en el portal si un hombre conocido o desconocido entraba antes o después que ella, todo transcurrió de forma que parecía que allí no había ocurrido nada, al menos para ella, porque su padre la siguió en la distancia en su recorrido durante mucho tiempo. Si no fuera por un comentario apuntado por ella misma a una conversación adulta entre su madre y su tía, de la que era oyente distraída -”Tita, yo sí que me acuerdo de aquello, no podré olvidarlo en la vida”-, nunca estas mujeres hubieran asegurado que la trágica experiencia no había caído en el olvido infantil.

Afortunadamente, el grito llegó justo a tiempo, justo cuando el pudor de verse sin falda y sin bragas pudo más que la amenaza del bofetón prometido si gritaba. Decidió en décimas de segundo que prefería el bofetón a la desnudez. Decidió en décimas de segundo que prefería provocar un ataque mayor que seguir sufriendo una situación no deseada. Decidió en décimas de segundo que quería la presencia inmediata de sus padres, que aquella puerta situada a tres metros de infranqueable distancia se abriera de par en par y saliera por ella la familiar paz capaz de detener aquella angustia intolerable.

Aquel primer día también aprendió a no obedecer cuando estimara que no se estaba haciendo justicia con ella o con cualquier otro. Todavía sin traumas, treinta años después, tiene bien claro que defenderá y atacará con uñas y dientes, con furia desmedida, al que la ataque a ella o a su sangre, sin entrar a valorar las consecuencias negativas que puedan tener lugar tanto para ella como para su atacante. Todavía sin traumas, treinta años después, sabe que, llegado el indeseable caso, tomará justa venganza contra aquél que se reencarne en su violador.

Escucha
este post

Desconexión

Los modelos nuevos a partir de la octava generación venían de fábrica con un botón de utilidad subjetiva.

Había gente que pasaba por toda su existencia con el dedo puesto encima, pero que nunca se habían atrevido a pulsarlo, y así morían, con el dedo deformado en un ángulo imposible, siempre presto a apretar. Esta gente pasaba por la vida siempre en estado de angustia, porque no sabían qué deseaban. La solución a todos sus problemas que les habría proporcionado el reseteo les asustaba más que la vida que llevaban. Lo cual les hacía plantearse si tan mala era en realidad. ¿Y si la próxima es peor?

Otros se olvidaban de la existencia del botón desde el mismo momento de nacer, porque estaban tan convencidos de que la vida es la que es, y también lo que se hace con ella, que asumían que eran capaces de cambiar lo que no les gustaba sin llegar a perder la experiencia vivida para conseguirlo.

No se conocían datos sobre la reincidencia. Mejor dicho, no se podían aplicar datos científicos sobre el índice de reincidencia, dado que, con cada reseteo, la conciencia quedaba absolutamente borrada, lo cual equivalía a decir que el individuo ya nunca más podía llegar a ser el mismo, nada en su carácter tendía a la repetición. Era, en todos los sentidos, nacer adulto y con el mapa en blanco. Así que nada podía hacer prever si, en su nueva faceta, volvería a pulsar el botón o no.

Él lo apretó.

Lo apretó porque la única vez que fue feliz en su vida fue a costa de la felicidad de otros. Cuando decidió no hipotecar la felicidad de nadie a su costa, ya no fue feliz. Y pensó que eso no era justo. Necesitaba dejar de pensar en ello, dejar de vivir en continuos altibajos.

Ella no lo apretó.

Se quedó con sus recuerdos, con su amor, con su tristeza, aprendiendo a vivir de nuevo, aceptando que no podía olvidar ni desprogramarse. Decidió que seguir amando era más balsámico que luchar contra uno mismo. El amor es universal, la capacidad para amar no tiene límites. Amamos la vida, el sol, la familia, los hijos, los amigos, incluso el trabajo, ¿por qué no al amor prohibido? Incluso y a pesar de que él sí apretara el botón.

Escucha
este post

De muchos colores, formas y texturas

Un crecimiento lento pero contínuo, imparable e irremisible. Avanza serpenteando durante más de ocho metros, formándose hasta conseguir su forma final al llegar a la meta. Retrasándolo, el final se hace más doloroso. Su olor es hediondo, el monstruo se hace más grande y vientos en descomposición arrasan a su paso la conciencia, sumiendo en una atmósfera de tinieblas a quien esté alrededor, aunque el sol esté brillando con fuerza. ¿Cómo convences a alguien que es mejor no retrasar ese final? Lo sabes por experiencia propia, muy propia, lo has sufrido en tus carnes, es mejor atajar el problema cuando aún es posible agarrarle la cabeza, que asoma indecisa y que se vuelve a esconder ante el espasmo involuntario del miedo, miedo a sufrir. Retrasarlo es una agonía, porque el final siempre es el mismo, pero así será más doloroso y sangrante.

……..

Pues eso, chicos, necesito consejo. A mi niño le he quitado el pañal hace algo más de una semana, lo lleva aceptablemente bien, salvo que antes hacía caquita cada día puntualmente (de pie) y ahora, no sé muy bien por qué, cada vez que la tortugilla asoma la cabeza, él hace todo lo posible para que no salga, así que se está estriñiendo al hacer cada dos día. Zumos le estoy dando, fruta (macedonia) quiere regular, supositorios aún no quiero recurrir a ellos para no malacostumbrar a sus pequeños intestinos. Más bien me gustaría algún consejo tipo “qué historia le contásteis al vuestro para que le perdiera el miedo a hacer caca en el váter”. (((Nanny, échame una manita con un cuento…, que lo de que así le damos de comer a los peces no se lo traga))).

Escucha
este post

    Mes a Mes

  • Septiembre 2008
  • Agosto 2008
  • Julio 2008
  • Junio 2008
  • Mayo 2008
  • Abril 2008
  • Marzo 2008
  • Febrero 2008
  • Enero 2008
  • Diciembre 2007
  • Noviembre 2007
  • Octubre 2007
  • Septiembre 2007
  • Agosto 2007
  • Julio 2007
  • Junio 2007
  • Mayo 2007
  • Abril 2007

    La colección completa, post a post

  • Sequía
  • El hombre tranquilo
  • En el Jardín de la Magia
  • Amo a vé…
  • S.O.S. BCN
  • Fugaz
  • Dar séra, pulir séra
  • No puedo evitarlo
  • Bajo la lluvia
  • Desvaríos
  • ENHORABUENA A TODOS
  • DesEscombrando
  • Aguante
  • No tiene precio
  • Viscoelástica o el arte de la adaptación
  • TAMPOCO sigas esta flecha
  • Tengo un boleto ganador
  • NO sigas la flecha
  • Espacio libre
  • Fórmula magistral
  • Antes de morir, ocho cositas
  • Fatal error
  • Te presto mi voz
  • …y aterrizando
  • El día del padre
  • Excelencia
  • Cuando puedas
  • A la semana siguiente…
  • Al día siguiente…
  • Hoy te quiero regalar palabras
  • Avanzando en primera
  • Nunca des nada por supuesto
  • Recordando unos versos
  • Dime cómo trabajas, y te diré…
  • Asúl (la lógica infantil)
  • Las cuatro estaciones del alma (I)
  • Seguro que a vosotros también os ha pasado
  • Post Gata
  • Desenfocados
  • El Pollo de la Paz
  • Pero qué pedorra soy
  • El porqué de algunas cosas.
  • No quiero
  • Cambiando mi interior
  • Desubicación
  • Eau d’orage
  • Miel de caña
  • ¿Dónde está Wally?
  • Nada se para, todo continúa
  • Cáncer, sin aforismos
  • Volare……… oh-oh!
  • Confirmaciones
  • Somos la leche
  • Matrix y el Nuevo Plan General de Contabilidad
  • Ocurrió en la escalera
  • El Camino de Sastiago
  • Matarile-rile-rile…
  • En buena compañía
  • Como las locas
  • Cómo ser marido sufridor y no morir en el intento
  • ¿Cuántos nortes tenemos?
  • ¡Más madera!
  • Iba a escribir
  • Jugando a las definiciones
  • Gracias
  • Tu madre será una santa
  • Septiembre
  • Procas…¿qué?
  • Vuelve mañana (díjole el de la ventanilla al del Almendro)
  • La fibra sensible
  • El pie de la letra
  • ¿Es bueno guardar al menos dos días los artículos como borradores?
  • La cámara oculta
  • Izquierdos de autor
  • Otro agosto es posible
  • Podología
  • Mejor que el Pulitzer
  • La estación llena
  • Si mi padre hubiera tenido un blog, hubiera sido éste
  • Lejos
  • Desconexión
  • De muchos colores, formas y texturas
  • Historias de trimestres
  • Despedida a una etapa de mi vida
  • Arqueología musical
  • Recordando presentes paralelos
  • Hand in my pocket
  • Afú
  • El pijo pródigo
  • Una casa sin muebles ni cortinas
  • Un rato a solas
  • Ocho segundos
  • Un añito más joven
  • ZooHome
  • Peripecias de unos sureños en los madriles
  • Mis alas
  • La camisa de la serpiente
  • El cliente
  • El círculo

    Clasificados por categorías

  • Cuento contigo (13)
  • El Arenal (5)
  • Esto no es cuento (84)
  • Las Rosas del Desierto (8)
  • Poesía (2)

    Y si quereis buscar algo...

  • Para no tener que arrepentirnos de lo que no hicimos

    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
  • La Arradiobló

  • Categorías

    • Cuento contigo (13)
    • El Arenal (5)
    • Esto no es cuento (84)
    • Las Rosas del Desierto (8)
    • Poesía (2)
  • Últimos comentarios

    • Raksha en Sequía
    • Marguerite en Sequía
    • cronopio en Sequía
    • nan en Sequía
    • Zafferano en Sequía
    • Miroslav Panciutti en Sequía
    • Driada en Sequía
    • ilya en Sequía
    • Ambrosía en Sequía
    • Anónimo en Sequía
    • Anónimo en Sequía
    • cieso en Sequía
    • Necio Hutopo en Sequía
  • RSS Navegaciones a estima

    • TRABAJO ATRASADO.
  • RSS Desde mi hamaca

    • Mándalas I Ambrosía
  • RSS Ojos de perro azul

    • MUDOS cronopio
  • RSS EL ULTIMO CICLO

    • SENTIR DRIADA
  • RSS Habría que averiguarlo

    • Déjame ser malo cieso
  • RSS La suma de dos o más meteoritos es igual ...

    • JOVENES METEORITOS EN LAS FIESTAS DEL PUEBLO DRIADA
  • RSS No todo el monte es orégano

    • Burgos Zafferano
  • RSS La Casa Encendida

    • CAFÉ AVENIDA II LA CASA ENCENDIDA
  • RSS Testamento de Miércoles

    • Gusto II Nanny Ogg
  • RSS Un café sólo contigo

    • Mr. Negociador II Raquel
  • RSS Sólo mujer

    • Una noche oscura solamente el alma sin rostro
  • RSS Conciertos y desconciertos

    • Andreas Gursky Miroslav Panciutti
  • RSS Conectando puntos

    • Of course TitoBeno
  • Imprescindibles

  • Traductor

  • Meta

    • Log in
    • Entradas RSS
    • RSS de los comentarios
    • WordPress.org
  • Sé dónde vives......

Vintage Stripes | Design: NET-TEC of Nahrungsergänzung. Coding: Aloe Vera of Damenmode.