Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
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El hombre tranquilo

No es que sea tranquilo, es que esa pose neutraliza cualquier reflejo de todos los sentimientos que se le mezclan dentro. Hace mucho tiempo que le conozco, pero siempre había chocado con esa burbuja traslúcida a través de la cual sólo se puede una imaginar cómo es el interior. Ves que algo se mueve dentro, intuyes, pero no sabes nada de nada. Lo más que te permite es trazar imágenes borrosas de ecógrafo. Sondeas y vuelve a cambiar de posición y se escurre, y sigues teniendo que recurrir a la imaginación para comprender, para llegar a él, para conocerle.

Él lo llama misterio. Le gusta mantener esa nebulosa a su alrededor, porque en la niebla todo lo que no ves puede ser perfecto. Y él no se siente así. Tiene miedo de que la niebla se disipe dejando paso a un sol radiante a cuya luz se descubra lo que él ve de sí mismo. Él sabe perfectamente que somos nuestro mayor enemigo cuando nos autovaloramos. Que los defectos los magnificamos y caemos en la certeza de que nadie quiere viajar de la mano de ellos. Que, incluso, no tenemos nada que ofrecer. Y, aún sabiéndolo, no puede evitar sentirse inseguro.

No sin esfuerzo, a veces ha ocurrido que la burbuja se ha vuelto algo más transparente, que la niebla ha levantado lo suficiente como para ver los contornos cercanos, y entonces me ha dejado ver con mis propios ojos lo que se guardaba con tanto celo. Una persona maravillosa con sus diversas tonalidades de arco iris, con sus miedos, sus aspiraciones, sus frustraciones, sus sueños, sus preferencias, sus habilidades, un hombre deseando un cambio en su vida para que todas las piezas de su puzzle finalmente encajen.

Lo que hubiera dado por verlo, en toda su envergadura física, esperando estoico y completamente solo con un cartel de bienvenida contra el cuerpo para no llamar la atención de los que, como él, esperaban a otros. Lo que hubiera dado por verlo, esperando estoico y completamente solo, rodeado de decenas de personas desconocidas que también esperaban, sentado bajo las enormes columnas, a que las mismas gamberras se dignaran aparecer lo menos tarde posible una vez agotada la hora pactada. Lo que hubiera dado por verlo…… ah, no, eso ya lo he conseguido: por verlo reír a carcajadas mientras lee una demencia que se me ha ocurrido escribir.

No se siente un niño, pero yo sigo viéndolo así cuando lo miro. Temeroso de sus reacciones, poniéndole límites al mar de sus manifestaciones, aturullado cuando la vorágine de sentimientos lo arrolla. El hombre tranquilo no muestra su enfado, el hombre tranquilo no muestra su miedo, el hombre tranquilo no muestra su preocupación. Pero el niño tranquilo ríe.

Confieso que he disfrutado poniéndole al filo de su tranquilidad, azuzándolo para que esa niebla desapareciera, poniéndole en algún que otro brete. Pero siempre con el ánimo de sorprenderlo con aquello que sabía que le iba a gustar.

Perdona por el plantón, todavía me duele. Tu tiempo era muy limitado y lo desperdiciamos de la forma más tonta. A pesar de ello, creo que conseguimos aprovecharlo, le sacamos el partido. Nos enseñaste una parte de tu mundo, aunque a la otra apenas nos dejaste asomarnos, fiel guardián de tu intimidad.

Te dejo un regalito de aquello que sólo pudiste empezar a ver porque tus obligaciones te reclamaban. Si es que soy capaz de colgarlo…

Lo que daría por haberte visto la cara mientras leías todo esto…



PD: Cieso, gracias muchas por la ayudita con el vídeo ;)

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En el Jardín de la Magia

rosa

Soy una privilegiada. Así me sentí la primera vez que mis pies y mis ojos y todos mis sentidos se adentraron en aquel espacio que, en ese primer instante, se me antojó pequeño. Fue algo parecido a eso que nos pasa a los adultos, que cuando recordamos ese sitio especial de nuestra niñez lo magnificamos, y cuando volvemos un día a él, todo nos parece más pequeño, incapaz de albergar tanto tesoro infantil. Recordando esos lugares amplios donde pasábamos horas jugando sin llegar jamás al agotamiento, puedo llegar a comprender por qué los niños no se cansan jamás de jugar, por qué nunca tienen sueño, por qué parecen recargados con energías infinitas, sin que exista adulto capaz de seguirles el ritmo. A esa adivinanza, que dejo aquí planteada, volveré luego.

ramillete

En esos primeros instantes en el jardín de Driada, no lo reconocí. Me parecía imposible que todas aquellas fotos que había visto publicadas en su blog hubieran estado allí. En mi mente el jardín no era un jardín, era un bosque. Un bosque enorme y frondoso donde perdernos sin encontrar la salida si no es de la mano de su Hada. Y yo ahora sólo veía un jardín. Muy cuidado, eso sí. Ciertamente, es un lugar dedicado en exclusiva a aquellos seres que se enraízan para vivir. Donde otros enlosan para poner encima una mesa y seis sillas, o ponen una piscina, o echan césped para dar espacio a los juegos de los hijos, allí estaba aprovechado hasta el último rinconcito para edificar un templo de vegetación.

saltamontes

En esas estaba, escuchando y mirando y oliendo, cuando comprendí. No estaba enfocando convenientemente, veía pero no entendía. Fue entonces cuando tomé conciencia de que para comprender su esencia tenía que ajustar el zoom de mis ojos a los mismos 18 aumentos que rezaba el objetivo de la cámara de fotos que llevaba colgada del cuello. Así, el jardín cobró vida propia. Cada recoveco era un Universo en el que perderse mientras todos los demás rincones debían ser ignorados. Así pasaron no sabría decir si minutos u horas, ya que el tiempo transformó su percepción. Aunque hubieran sido segundos, tuve la sensación de haber pasado eternidades en cada arbusto, en cada flor, en cada árbol, en cada pequeño insecto. Mientras tomaba fotos, Driada nos iluminaba con explicaciones, nombrando a cada habitante de su constelación por su nombre, contando la historia de cómo habían llegado a aquél lugar, cómo debían ser cuidados y cómo debían ser dirigidos en su crecimiento anárquico para evitar que devoraran el espacio vital del siguiente y cercano habitante. Para cuando Driada nos deleitó con un magnífico té de menta, recogida ésta instantes antes del mismo sitio que habíamos explorado, vislumbrando el jardín por el ventanal del salón, oyendo los relojes dar las horas y acompañados de buena conversación, me sentí en paz.

Pocos días después, fuimos privilegiadamente invitadas de nuevo, esta vez a cenar en aquel remanso. La noche era en extremo preciosa, serena y cálida. Cálida en términos filosóficos más que físicos, que también. Los cuidadores de aquel reino, contagiados por la armonía de los habitantes del jardín, ofrecían serenidad a sus invitadas a través de sus palabras, sus gestos y sus sabrosos alimentos. La conversación rica, la cena fresca, el aire limpio, regado por el aroma de la dama de noche y la menta recién cortada… Perdí por completo la noción del tiempo y hubo que buscar un motivo para arrancarnos del lugar. Y es que, pese a lo que pueda parecer, las Driadas y los Duendes también duermen.

mammy blue

Vuelvo a retomar aquí la adivinanza que planteé antes, dónde va a parar la vitalidad que teníamos cuando niños. Se trata de algo que perdemos por el camino; en nuestra vida adulta a veces, sólo a veces, algo ocurre que despierta esa fuerza, esa energía, esa alegría sin límites, y entonces somos capaces de pasar una semana entera casi sin comer ni dormir con tal de sacarle todo su jugo a los minutos de unas horas siempre escasas. Bienaventurados los que tienen una ilusión en su vida que les hace cada día fuertes y activos. Para ellos mi más sincera envidia.

floreseneljarron

Y ahora, para ser yo la envidiada, termino voceando que he visto el ciruelo, he visto los cactus, he visto las rosas. Con mis propios sentidos me he llenado de la Magia de tu Jardín.

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Amo a vé…

Niños todossssssssssss, me temo que no voy a tené más remedio que aclarar los puntos que le he puesto a Ambro sobre las íes en el anterior post. He (hemos, ella y yo) dado muchas cosas por supuestas, y eso es algo que nunca hay que hacer (ya escribí un post titulado precisamente asín). Pensaba que había quedada clara la sana intención de ambas de despellejarnos de cara a la galería, sacándole punta a todo lo que nos iba pasando en esos días, pero a la vista de vuestros comentarios y de algún que otro extrañado email, veo que no ha sido así. Se nos ocurrió el segundo día, ir anotando en una libreta (para que no se nos olvidara ningún “reproche”) todas las trivialidades que nos sucedían, enfocándolas siempre a criticar a la otra, para así no olvidarnos de esos pequeños detalles que llenaban nuestras horas juntas. Cada vez que se nos ocurría alguna, en mitad de una conversación, la mano se iba a por la libreta y frenética anotaba lo que después se tenía que convertir en un estoque de afilada espada. Nos reímos como auténticas locas mientras lo perfilábamos, creyendo que íbamos a ser más originales que Carmen Sevilla dando el telecupón en zapatillas. Es más, tengo testimonio gráfico de los otros meteoritos a los que se dio a leer convenientemente esa libreta manuscrita mientras aún estaba en construcción, y os puedo asegurar que de sus ojos brotaban lágrimas de risa. Comprobado el efecto causado, no dudamos ni por un momento de que todos los que lo leyeran aquí publicado reiríais también con gusto y ganas. Esa era la sana intención.

Supongo que lo que ha pasado es simplemente que no habéis estado allí para verlo. Así que quiero tranquilizaros, que no pasó nada malo, que no hubo mal rollo de ningún tipo, que nos faltaron minutos para seguir compartiendo. Estos días van a seguir apareciendo en nuestros blogs capítulos de esa semana tan intensa, para que os hagáis otra idea, quizá más cercana a la realidad.

Me exigía Driada en el post anterior que confesara cuál era el motivo del indescriptible dolor de mofletes que se me metió. La respuesta es sencilla: no fuimos capaces de dejar de sonreir. Prueben ustedes a mantener ese gesto durante una semana, y comprenderán.

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S.O.S. BCN

A quien se lo cuente no se lo cree. Estas narraciones tan bonitas que he visto publicadas alguna vez en las cuales los protagonistas trazaban unos rasgos sobre el encuentro que habían mantenido después de haberse conocido por internet… tenía que haber hecho caso de aquella extraña sensación de que ahí tenía que haber gato encerrado. Si he de hacerle caso a la propia experiencia en esta lid, eso es tan cierto como que, en realidad, no había gato encerrado: había gata.

“¡¡¡¡¡Vente, vente, vente!!!!!”, me decía, me escribía, me repetía, me insistía, me convencía, me suplicaba……… ¿Y con qué me encuentro? Hagamos un breve repaso:

- Me viene a recoger al aeropuerto (tarde, muy tarde) con un coche…. eso no son bollos, eso son cruasanes.
- Me enseña mi cuarto y me dice que de bajar la persiana nada de nada, que se rompe.
- No me da de comer hasta las seis de la tarde.
- No me deja dormir hasta las seis de la mañana.
- Tóldía y la noche hablannnnnndo, me tiene la cabeza locaaaaaa!
- El único rato que consigo echar un sueñecito aparece en escena la gata en pleno ataque maullatorio por los pasillos. Esta gata sabe cante jondo, mira tú.
- Me machaca con su colección de fotos desde que nació (tóa la tardeeeeeeeeee….), hasta las de los encierros de su pueblo… ¡¡¡Y soy antitaurina!!!
- Me corta el agua de mi cuarto de baño pa que ni me pueda lavar la cara.
- Me azuza a un reptil antediluviano que me devora los pies a la que me descuido.
- La gata del demonio me bufa si traspaso límites imaginarios.
- Me mantiene encerrada con rejas hasta en la mirilla de la puerta.
- No me saca ni al tranco de la puerta un día entero con su noche, esto es arresto domiciliario.
- Me dice que me va a llevá pacá y pallá, nosequé de un concierto, y luego se hace la longui.
- Me tiene de esclava cocinando, limpiando cristales y, cuando parece que he acabao, me obliga a hacerle un masaje de piessss (poldiooooooo………).
- Me da de comer las sobras que no quieren la gata ni la tortuga. Cuando ya no quiero comer más, me suelta que, si no me lo como todo, pa la merienda se queda, y si no lo quiero pa la merienda (que es lo único que me voy a encontrar), ya sé lo que hay pa cenar. ¡¡¡Y me lo pone en el mismo plato y con el mismo tenedor sin fregar!!!
- Me esconde el billete de avión de vuelta, que ya estaba yo pidiendo que alguien que trabajara en Iberia me pasara otro por debajo la puerta, y al final lo encuentro…. me lo encuentro que la tortuga ya me lo ha picao!!!!!! La de explicaciones que le tuve que dar al revisor del aeroplano.
- Me usurpa la cuenta del mesenger en cuanto me levanto a mear y le dice auténticas burradas a mis contactos.
- Qué bonita la montaña de Montserrat. Qué bonita. Ciertamente, gana mucho en la foto que me ha enseñao.
- Me habla por el mesenger. Estando en la misma habitación.
- Después de un día entero arrastrándome por tóa la ciudad, tó sudá perdía, picándome todo el cuerpo, llegamos a casa (una duchita, por caridad), y me dice que con la manguera de la terraza se queda una muy fresquita… hay que joerse.
- Me tiene de negra escribiéndole un taco de posts para todo un año (todo lo que leáis en su blog de aquí a doce meses probablemente los habré escrito yo). La lista podría ser mucho más larga, pero es que estoy agotá, tengo que recuperarme antes de poder continuar y escribir algo medianamente lúcido.

Despellejamientos aparte, sabed que nos lo hemos pasao de P.M. (pa quien lo entienda), que me han tratado como a una reina (habida cuenta de la lista anterior, que es rigurosamente cierta de principio a fin, cabría preguntarse que de qué clase de país… pero bueno), y que me he vuelto con la completa seguridad de tener un colchón viscoelástico de amistad en Barcelona para recostarme cuando lo necesite (ya ves tú, pa ná, si no me dejan dormir…..). Gracias infinitas a esos meteoritos, a Ambrosía por acogerme en su casa, a Driada por zambullirme en su jardín y poner orden en la agenda, a Cronopio por hacer malabares para arrancar minutos al reloj, a todos por haberme hecho sentir en mi casa. Si ha de ser así, quiero que me traten siempre igual de mal.

(El último párrafo lo he escrito así porque se me han quedao requisadas todas las fotos del viaje en el pc de Ambro, y como no le diga zalamerías, no me las manda……… ains).

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Viscoelástica o el arte de la adaptación

El pasado sábado estuve por casualidad acompañando a unos amigos a comprarse un colchón. En la tienda había muchos modelos dispuestos para ser probados. Ellos estaban dándole vueltas a uno de látex, y mientras lo miraban y lo remiraban, quise probarlo yo misma a ver qué tal era. Me dejé caer en el borde dispuesta a aprovechar la fuerza del rebote para encajarme en el centro de la cama, y ahí me llevé mi primera sorpresa: me quedé clavada en el sitio. Comprobando que sería del todo inútil intentar siquiera desplazarme a arrastraculos, habida cuenta de la fuerza con la que se atraían mis pantalones y el tejido sobre el que me sentaba, opté por usar la técnica del salto de altura: me coloqué de espaldas junto a los pies de la cama, tomé impulso doblando las rodillas y alehop!, aterricé todo lo larga y ancha que soy en el centro geométrico de tan particular colchoneta. Mis amigos aplaudieron la idea argumentando que es muy útil probar todas las posibilidades, a lo que les contesté que si querían probar todas las posibilidades, rápidamente me iba al otro extremo de la tienda a volcar un sofá con mucho estrépito para que acudiera todo el personal y el público presente.

Pero lo mejor estaba aún por venir. “¿Has probado ése?”. Uoffffffffff……… “¿Cómo dices que se llama este material? ¿Viscoelásticaaaaaammmmmmmmmmmmmmm…….?”. Lo siguiente que recuerdo fue que un cliente ecuatoriano me deseó buenas noches al pasar por delante mía. Estuve más de quince minutos tumbada boca arriba sin menearme. Eso fue la prueba de fuego. Tengo una lesión de espalda que me impide dormir en semejante postura, si lo intento durante medio minuto se me coge un dolor y un pinzamiento del que me cuesta recuperarme. Pero hete aquí que la superficie de aquel colchón se adaptaba a todos los recovecos de mi espalda, por más inverosímiles que fueran éstos, sin ejercer la más mínima presión, como si flotara. Me levanté renovada físicamente y convencida de en qué iba a invertir los próximos mil trescientos euros.

Ayer fue mi cumpleaños, y al encender el ordenador me encontré con que mis amigos me habían regalado lo mejor que se puede regalar a alguien que quieres. No. No era un colchón de viscoelástica. Pero el foro al que dedicaron horas y más horas de creación, quitándose tiempo de sueño, está hecho de un material ingrávido que es el equivalente inmaterial a la viscoelástica. Palabras cariñosas y cercanas que se adaptaron a mi mente rellenando sin presionar cada recoveco y cada vacío de mi alma.

Chicos, ¿os he dicho ya que sus quiero una jartá?

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!

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Tengo un boleto ganador

Boletus Aereus, también conocido como hongo negro. Perteneciente al grupo de los Boletus que constituyen una de las familias más interesantes porque, además, no existen boletus mortales ni de gran toxicidad, son abundantes, fáciles de recolectar y muy identificables. Posee un gusto y aroma exquisito, especial y delicado. En concreto esta especie es muy abundante en nuestra región llegándose a exportar miles de toneladas a Francia e Italia a unos precios desorbitados.
Boletus Aereus

Boletus Edulis, a diferencia de su hermano el Boletus Aereus, posee un gusto y aroma más delicado. Esta especie es la más apreciada por los franceses, estando presente en la mayoría de sus elaborados platos. En nuestros campos podemos encontrarlos en alcornocales y castañares, siendo esta seta menos abundante que el resto de los Boletus con cinco tenedores.
Boletus Edulis

Me decías esta mañana, después de transmitirte mis advertencias sobre toxicidad, que los Boletus son de confianza, imposible equivocarse.

Boletus Edulis 2

Me parece que contigo he encontrado un Boletus Edulis. ¿Te puedo recolectar?

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NO sigas la flecha

No pinches la flecha, no sigas el enlace, no, no lo hagas, retén tus impulsos, sé fuerte, respira hondo, la flecha no existe, detrás de ella puede estar el caos, la desolación, el fin de los tiempos……..

……… o simplemente la FIESTA!

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Cuando puedas

El año que viene a la misma horaEl año que viene a la misma hora, Alan Alda y Ellen Burstyn. ¿Recordáis aquella película? Ellos son casados, se conocen y tienen una aventura, y deciden seguir viéndose año tras año en la misma fecha. Durante aproximadamente treinta años, la vida de ambos se nos va descubriendo a través de las conversaciones que mantienen durante sus breves encuentros anuales.

Hace más de una década, después de convivir en el seno de un grupo de quince personas durante casi cinco meses, cinco horas al día, cinco días a la semana, aquel curso de inglés se convirtió (o nos convirtió) en el germen de mucho más que un compañerismo de andar por clase. Todos los día partíamos juntos a desayunar, el camarero nos veía venir calle arriba y cuando llegábamos teníamos nuestras cuatro mesas unidas con seis manchadas, cuatro mitad, dos descafeinados de sobre y tres colacaos. Las tostadas ya estaban humeando en el tostador. Aquellas reuniones daban mucho de sí. Entre bromas y cafeses salían a relucir nuestras preocupaciones, nuestras aspiraciones, el devenir del país y unas ganas enormes de disfrutar la suerte de habernos encontrado en ausencia absoluta de malos rollos. Cada uno de su padre y de su madre, cada uno con su propia historia, y forjando a la vez la historia común de uno de los mejores grupos de gente con la que he tenido el gusto de coincidir en esta avatárica vida. Cuando el curso tocaba a su fin, sufrimos una especie de pena colectiva, un duelo sólo de pensar que íbamos a tener que prescindir de nuestros desayunos y nuestras confidencias. Hasta que a alguien se le ocurrió proponer una idea estupenda: quedar un día fijo en un lugar fijo todas las semanas para que quien pudiera asistir fuera, quien se sintiera solo tuviera la certeza de que ese día y en ese lugar iba a haber amigos que le escucharían y aportarían un abrazo. Y así lo hicimos. Todas las tardes de los martes (o quizá los jueves, quién lo recuerda ya), a las seis de la tarde (o quizá fuera a las siete) en aquella misma cafetería que tan bien conocíamos, teníamos un lugar de encuentro en el espacio y en el tiempo. Sin necesidad de planearlo ni de quedar, cada uno si podía y si le apetecía. Aquello duró mucho más de lo que todos esperábamos. Fueron bastantes meses más de prórroga. Luego vinieron empleos, parejas y dispares ocupaciones que fueron menguando la concurrencia, hasta que al final quedamos tan poquitos que optamos por quedar usando el teléfono, no fuera que alguno se presentara buscando calor y se encontrara la cafetería vacía. Esos pocos fueron amigos íntimos durante el tiempo que me restó de vivir en aquella otra ciudad del cálido sur. Hoy ya no tengo noticias de ellos, en realidad, les perdí totalmente la pista tras mudarme. Muy mal por mi parte, asumo mi culpa, porque fui yo la que se fue sin dejar señas.

Estos días estamos construyendo un proyecto del que ya tenéis noticias. A raíz de una fiesta, un poto malogrado y una alfombra que voy a tener que dejar en usufructo al gato, unos cuantos hemos caído de pronto en la cuenta de que hace mucho tiempo que nos conocemos, que somos testigos de nuestros interiores a través de estos escaparates públicos y de más interiorismos en tribuna privada, y de que eso no se puede dejar escapar. Así es como quedan invitados todos aquellos de vosotros que sienten que quieren formar parte de una bonita experiencia. Todavía no sabemos muy bien cómo hacerlo, ni si seremos muchos o pocos, ni si durará el experimento. Yo sólo sé que, sin hora ni día fijo, ahí hay gente con una pelotilla verde iluminada que me acompaña cuando abro sesión. Unos días están unos, otros días están otros, otros días no estoy yo… Y muchas veces, las reuniones improvisadas son las mejores.

———-

PD: Por petición del señor Cronopio, debo aclarar que las pelotillas verdes no pertenecen a ninguna familia de secreciones nasales. Lo aclaro por si alguien se había quedado flipando porque acabara con semejante bordería un post tan conmovedor como el que me ha quedado.

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    Mes a Mes

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    La colección completa, post a post

  • Sequía
  • El hombre tranquilo
  • En el Jardín de la Magia
  • Amo a vé…
  • S.O.S. BCN
  • Fugaz
  • Dar séra, pulir séra
  • No puedo evitarlo
  • Bajo la lluvia
  • Desvaríos
  • ENHORABUENA A TODOS
  • DesEscombrando
  • Aguante
  • No tiene precio
  • Viscoelástica o el arte de la adaptación
  • TAMPOCO sigas esta flecha
  • Tengo un boleto ganador
  • NO sigas la flecha
  • Espacio libre
  • Fórmula magistral
  • Antes de morir, ocho cositas
  • Fatal error
  • Te presto mi voz
  • …y aterrizando
  • El día del padre
  • Excelencia
  • Cuando puedas
  • A la semana siguiente…
  • Al día siguiente…
  • Hoy te quiero regalar palabras
  • Avanzando en primera
  • Nunca des nada por supuesto
  • Recordando unos versos
  • Dime cómo trabajas, y te diré…
  • Asúl (la lógica infantil)
  • Las cuatro estaciones del alma (I)
  • Seguro que a vosotros también os ha pasado
  • Post Gata
  • Desenfocados
  • El Pollo de la Paz
  • Pero qué pedorra soy
  • El porqué de algunas cosas.
  • No quiero
  • Cambiando mi interior
  • Desubicación
  • Eau d’orage
  • Miel de caña
  • ¿Dónde está Wally?
  • Nada se para, todo continúa
  • Cáncer, sin aforismos
  • Volare……… oh-oh!
  • Confirmaciones
  • Somos la leche
  • Matrix y el Nuevo Plan General de Contabilidad
  • Ocurrió en la escalera
  • El Camino de Sastiago
  • Matarile-rile-rile…
  • En buena compañía
  • Como las locas
  • Cómo ser marido sufridor y no morir en el intento
  • ¿Cuántos nortes tenemos?
  • ¡Más madera!
  • Iba a escribir
  • Jugando a las definiciones
  • Gracias
  • Tu madre será una santa
  • Septiembre
  • Procas…¿qué?
  • Vuelve mañana (díjole el de la ventanilla al del Almendro)
  • La fibra sensible
  • El pie de la letra
  • ¿Es bueno guardar al menos dos días los artículos como borradores?
  • La cámara oculta
  • Izquierdos de autor
  • Otro agosto es posible
  • Podología
  • Mejor que el Pulitzer
  • La estación llena
  • Si mi padre hubiera tenido un blog, hubiera sido éste
  • Lejos
  • Desconexión
  • De muchos colores, formas y texturas
  • Historias de trimestres
  • Despedida a una etapa de mi vida
  • Arqueología musical
  • Recordando presentes paralelos
  • Hand in my pocket
  • Afú
  • El pijo pródigo
  • Una casa sin muebles ni cortinas
  • Un rato a solas
  • Ocho segundos
  • Un añito más joven
  • ZooHome
  • Peripecias de unos sureños en los madriles
  • Mis alas
  • La camisa de la serpiente
  • El cliente
  • El círculo

    Clasificados por categorías

  • Cuento contigo (13)
  • El Arenal (5)
  • Esto no es cuento (84)
  • Las Rosas del Desierto (8)
  • Poesía (2)

    Y si quereis buscar algo...

  • Para no tener que arrepentirnos de lo que no hicimos

    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
  • La Arradiobló

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