Avanzando en primera
Me pregunta mi buen Miroslav si yo entiendo que, habiendo tantas cosas en este mundo con las que aprender y satisfacer nuestra curiosidad, haya gente que se aburra. Y va el tÃo y me deja cavilando. Porque para responder a esa pregunta no puedo mirar a la gente, sino que me tengo que mirar a mà misma, y responderme por qué me aburro cuando me aburro, y de dónde viene mi aburrimiento.
Es verdad que hay el ciento y la madre de cosas por hacer con las que llenar nuestras vidas. Y poco tiempo (relativo) para poder hacerlas todas. No se puede aprender todo lo que es aprendible, ni siquiera somos capaces de retener todos los conocimientos que tenemos a la vez. Para ello serÃa necesario que toda esa estructura cerebral que dicen que no usamos en alto porcentaje trabajara al unÃsono. Pero imagino que la naturaleza es sabia y que si no lo conseguimos es por la misma razón por la que no se pueden encender todas las luces y aparatos de aire acondicionado de una ciudad a la vez: nos quedarÃamos sin energÃa suficiente y, probablemente, sufrirÃamos un apagón neuronal.
Cavilo y cavilo y pienso por qué yo llego a aburrirme, y analizo mi aburrimiento. En mi caso, me gusta aprender cosas, pero me fallan las fuerzas para concentrarme. Sólo consigo finalizar tareas cuando me enfrento a fechas tope impuestas externamente a mÃ. Y, curiosamente, cuanto más impuestas sean esas tareas, más esfuerzo me costará concentrarme en hacerlas. En cambio, tiendo a dispersar mi atención hacia cosas más placenteras a mi entender, que es todo aquello que no tenga impuesto hacer. Incluso asÃ, tomo con mucho Ãmpetu una idea, un proyecto, una tarea, y como no la lleve pronto a término se me desinfla como un globo lleno de helio al cabo de un plazo más o menos corto de tiempo. Enseguida me asaltan otras ideas que la sustituyen. Aunque eso no es lo peor. Lo peor es cuando (en la mayorÃa de las ocasiones) el sustituto es el bajón existencial, en cuyo caso el sitio que ocupaba la tarea sin finalizar es ocupado por aire, un aire sucio y pesado de garito infame sin ventilación ni luz. Asà visto, me complace más llamarlo flojera que aburrimiento. La simpleza de no tener fuerzas para hacer nada.
Últimamente trato de racionalizar estas reacciones mÃas, por otro lado carentes de razón. No veo motivo con el suficiente peso como para que, por sà solo, explique mi natural apatÃa. Asà que, siguiendo el hilo argumental de algún post vuestro donde ha salido el tema recientemente, debo pensar que no tengo bien regulado el nivel de serotonina y que me funcionan en exceso ciertas partes del hemisferio derecho del cerebro, y que lo que tengo que trabajar es el izquierdo para, de esta manera, no venirme abajo con la misma facilidad con que ZP o Rajoy se acusan mutuamente de mentir aun cuando lo que arguyen no sea una mentira propiamente dicha (mierda, me cago en las elecciones, ¿cómo se me han colado aquÃ?).
En fin, que cuando se me pone la vena densa, por fin me acuerdo (y lo que es mejor, me acuerdo antes) de que no hay razón para que me sienta asÃ, de manera que, con ayuda de ese pensamiento, fabrico un poquillo de nosequé que hace que mi sangre vuelva a circular. Por ahora lo logro para pequeñas cosas. Cuando lo tenga dominado (cuando me consiga dominar a mà misma)… ¿dominaré el mundo? Bueno, al menos, espero dominar mi mundo.