Desenfocados
Cuando nos levantamos cada mañana y nuestro primer pensamiento (o el segundo) es ya de tanta tristeza que nos hace arrastrar los pies igual que ayer, igual que mañana, una de dos: o algo nos falta o algo nos sobra.
La tristeza profunda siempre tiene una justificación. Unas veces intuimos, otras sabemos y otras ignoramos totalmente cuál es esa causa. Unas veces la causa es sentimental. Y otras veces es fÃsica.
Las causas sentimentales….. bueno, ya sabéis, rupturas, desamor, malos tratos, escasez de amigos, pérdidas trágicas, insatisfacción en las relaciones, insatisfacción en el trabajo, insatisfacción o fracaso en la educación de los hijos, y una infinita lista que podéis ir completando si tenéis a bien.
Las causas fÃsicas. Me refiero aquà a cuando la botica que es nuestro cuerpo segrega demasiado de esto y/o poco de aquello. En este caso la tristeza puede resultar aún más frustrante porque puede ser que, una vez solucionadas o identificadas todas las posibles causas sentimentales y puestas en baremo, resulte que no son suficientes para justificar tanto dolor existencial.
En bastantes ocasiones oyes a amigos decirte que están tristes, que llevan asà mucho tiempo, que sólo tienen ganas de llorar. Y les preguntas por qué y te contestan con un aún más triste y quebrado “no lo sé”. Ese no lo sé las más de las veces no supera ni un somero análisis: sigues hablando un par de horas y acaba saliendo a relucir el trasfondo, lo cual ya de por sà cambia algo lo suficiente como para empezar a poner remedio, generalmente con un simple cambio de actitud. Otras veces, a pesar de que el no lo sé se transforme en un ahora me doy cuenta, son muchas cosas propias y ajenas las que han de cambiar para que llegue la paz a nuestro maltrecho espÃritu. Y otras veces, no sé si pocas o muchas porque, en realidad, a pocos se les ocurre esta posibilidad y pasan por su lado sin verla, son los desarreglos hormonales los culpables. Es verdad que, en cierto grupo de pacientes, los médicos son muy “alegres” a la hora de achacar causas fÃsicas a lo que ciertamente puede serlo (sin descartar el componente sentimental); me refiero al grupo de mujeres que entran en la fase menopáusica (un saludo a las que me lean). Pero una persona que aparentemente no tiene por qué tener problemas fÃsicos, es más difÃcil de diagnosticar en este sentido. Lo cierto es que tenemos un montón de glándulas hormonales ahà dentro, en algún lugar entre los huesos y la piel (¿repasamos las Ciencias del cole?). Sin saber un pijo de medicina y sin ánimo de establecer un diagnóstico generalizado, a los que crean o sepan que tienen una depresión que ya está durando demasiado, ya tenga ésta causa justificada o no, estarÃa bien que se hicieran mirar el tiroides.
Tengo una conocida que comenzó a caer en profundas tristezas. Ella decÃa que sÃ, que habÃa un par de cosas que podÃan hacerla sentir triste, pero que una vez analizadas no justificaban ese grado de levantarse y acostarse y arrastrarse con unas tremendas ganas de llorar. Ella entendÃa, desde su lucidez, que no era normal. Quizá por pertenecer al gremio sanitario tuvo suerte. Lo comentó con compañeros del trabajo y esa fue su salvación. Le hicieron pruebas y dieron con un hipotiroidismo. Medicación de por vida para tratarlo y más feliz que una perdiz. Bueno, eso cuando no confluyen otros motivos sentimentales que la entristecen como a todo hijo de vecino.
Sea como sea, la tristeza siempre tiene un desencadenante. Para descubrirlo se necesitan fuerzas, las mismas que la propia tristeza nos arrebata. Si algo nos falta, busquémoslo. Si algo nos sobra, despojémonos de ello. Pero, mis queridos amigos-lectores, ya que hemos llegado hasta aquÃ, aunque nuestro viaje nos haya llevado a un destino inesperado e incluso indeseado… ¿por qué no aprovechamos y hacemos un poco de turismo? Descubramos la sorpresa oculta tras la vuelta de la esquina. Permitamos a la Vida que nos sorprenda. Démonos permiso para ilusionarnos de nuevo. Las fotos desenfocadas también son hermosas.
Sevillano, va por ti.
