Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
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Las cuatro estaciones del alma (I)

Lo siguiente que viene lo escribió una jovenzuela de veintidós años con su primer ordenador (386) y su primera impresora (matricial, 24 agujas), allá por el pleistoceno, un día en que -seguramente- debería estar estudiando (¡andá, como ahora!). Pasen y asómense a mirar por este túnel del tiempo que me he encontrado ordenando papeles.

Las Cuatro Estaciones.

Son las malditas hormonas, las malditas reacciones químicas, las malditas concentraciones en la sangre de no sé cuántas sustancias desproporcionadas. No sé si realmente los hombres tienen ventajas sentimentales con respecto a las mujeres por el hecho de no estar sometidos a los fluctuantes niveles de estrógenos y progesterona; quizá otras sustancias sean las culpables de sus cambio de humor. Lo que yo sé, porque soy mujer, es que estoy harta de sentirme un día tan mal que no me importaría morirme y otro, sin más previo aviso, sentirme tan estúpidamente feliz que me hace sentir que la vida, así, sí merece la pena ser vivida.

Hoy me ha cogido por sorpresa uno de esos, por otro lado raros, días buenos, con los niveles de euforia por encima de la curva de la felicidad. Y pensar que justamente ayer el mundo estaba hundido conmigo en medio, me hace enfadarme conmigo misma por ser tan imbécil como para dejarme sucumbir ante lo que, en etapas felices, reconozco como vulgar química.

El conocimiento de que nuestras depresiones (leves o menos leves) no depende tanto de nosotros como de nuestro cuerpo mal gestionado, debería hacernos sentir aliviados; al menos encontramos una razón externa a nuestro control que es la causante de nuestro desespero. Hoy estoy en vena, y el sentirme tan despejada hace que mi cerebro piense con claridad, desvelándome respuestas tan sencillas como inalcanzables en otras circunstancias. Si al menos consiguiera que esta idea se fijara en mi subconsciente indefinidamente, no lo pasaría tan mal cuando caen en picado el bienestar, la alegría y los horizontes. El problema es que no soy capaz de recordar esta simple exposición de motivos, por lo que acabo convencida de que es la acumulación de años de mala suerte y desgracia la causa de que no le encuentre sentido a la vida y prefiera cagarme en el día en que nací. Hoy pienso que, si ayer hubiera recordado esta llana verdad, ese mismo conocimiento habría sido el catalizador para la recuperación del espíritu. Ya no vale la pregunta de “¿por qué me encuentro así, por qué soy tan desgraciada?”, cuando sabemos que son los componentes de nuestras células las respuestas burlonas que andábamos buscando.

¿No se han preguntado alguna vez por qué los psiquiatras recetan pastillas antidepresivas o, simplemente, cómo es que la insignificante pastillita de las narices puede hacer que, a la larga, nos sintamos notablemente mejorados? Si nos explicaran que nosotros mismos podemos estimular la fabricación interna de los mismos componentes de las pastillitas, y que su resultado es mil veces mejor y más rápido que la ingestión oral de las susodichas, tendríamos el poder de hacer sentir a nuestro organismo como se nos antojara en cada momento. Realmente tenemos ese poder y, si en algo apreciamos la vida y la felicidad, tenemos la obligación de usarlo, no sólo en nuestro provecho ya que, al sentirnos bien, ese sentimiento se proyecta a cuantos nos rodean, ayudándolos, casi sin saberlo, a mejorar sus ánimos.

¿Y por qué narices no me acordé yo ayer de todas estas cosas?

No sé si correr un par de comas. Por lo demás…… a veces me doy miedo.

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Matrix y el Nuevo Plan General de Contabilidad

Después de diecisiete años, cambiamos de plan. Ya era hora, estaba aburrida de ir siempre al mismo garito. Lo único que me echaba para atrás era la nostalgia de abandonar algo conocido y ¿dominado? Dicen por ahí que el nuevo plan es mejor para alternar con guiris, que nos vamos a entender mejor con ellos. El caso es que no me quería quedar atrás y me apunté a un cursillo, que se ha celebrado durante todas las tardes de esta semana que acaba, para ponerme al día.

El lunes empezó bien.

El martes aprobaron el nuevo plan en el BOE, con lo cual… el borrador que nos habían entregado había que revisarlo.

El miércoles entré en estado de depresión. No me enteraba de nada.

El jueves quería abandonar la profesión. ¿A qué otra cosa me podría dedicar?

El viernes, después de merendarnos las 300 páginas que restaban por revisar del libro de supuestos prácticos, todavía nos sobró un cuarto de hora para rellenar un test de calidad. Yo no pude evitar sentirme como Neo en Mátrix. Después de un atracón de veinte horas en las que ha sido como ver toda la contabilidad de toda la carrera en una semana……..

………¡¡¡YA SÉ KUNG-FÚ!!!

@@@@@

El caso es que cuando una materia se te resiste, es fácil, muy fácil, caer en la desesperación y ceder a las tentaciones que te empujan a mandarlo todo a tomar por culo freir espárragos. Cuando peor y más negro lo estaba viendo todo (ya se me iba la mente de lo que el profesor estaba hablando), recordé algo que yo misma les decía a mis alumnos cuando me soltaban, abrumados, que la contabilidad era muy fea. Les decía que la contabilidad es muy bonita… cuando se comprende. ¿Qué materia no es bonita cuando se comprende? ¿Acaso no es hermosa la física nuclear para quien sepa descifrarla? ¿No es bien sencillo desmontar y volver a montar un motor para quien tiene la experiencia y la paciencia para hacerlo? Pues todo sea ponerse a estudiar para comprender y para alejar el pánico.

Recordad. Elijamos el camino que elijamos, todo tiene solución.

_____Y qué felices nos sentimos cuando comprendemos_____

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  • En el Jardín de la Magia
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    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
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