Cambiando mi interior
Cuando tengo que ir a comprar ropa, soy una jodienda. Veo cosas que adjudico mentalmente con facilidad a determinadas personas, principalmente mi hijo y mi Marido Sufridor. Esto le estará perfecto, esto otro que ni pintao, qué bien le sentará esto de más allá… vamos, para que os hagáis una idea, que cuando voy sola a comprarle ropa al niño, vuelvo con dos o tres bolsas (bueno, el número de bolsas también depende del valor monetario de lo que vaya dentro de la bolsa, claro). En cambio, cuando salgo con la idea de comprarme algo yo misma porque he descubierto que estoy rotando demasiado las cuatro cosas que me suelo poner a lo largo de dos semanas, salgo decidida a pillar un par de trapos que me combinen con lo que ya tengo (asà parece que me he comprado seis trapos en lugar de dos) y…… no termina de convencerme nada de lo que veo. Ojo, una no es tonta (o al menos lo intento), cuando veo algo que me gusta muchÃsimo y me tiro a coger la percha, con toda probabilidad es la prenda casi más cara del garito, y esa circunstancia me frena en seco. No es cuestión de ponerse la prenda en cuestión todos los dÃas para amortizarla y asà no sentirme culpable por causa del despilfarro. ¿Qué me pasa? ¿Conozco mejor los gustos de los demás que los mÃos propios? ¿O es que acaso no tengo gusto propio?
Cuando abrà el blog del DelfÃn (que, por cierto, deberÃa ir actualizando ya), no me costó ni cinco minutos elegir una plantilla adecuada a la personalidad de mi padre. El blog no era para mÃ, sino para él, asà que fue como salir a comprarle un regalo, no me costó mucho encontrarlo. Posteriormente lo cambié por el actual, porque pensé que era más funcional y seguÃa cumpliendo el requisito de ajustarse a él como un calcetÃn. En cambio, elegir mi propia plantilla no es tarea tan sencilla. Ninguna me termina de convencer. He estado desde el nacimiento de este blog con la misma, al principio me convenció sobradamente. Pero con el paso del tiempo empecé a sacarle algunos defectillos. Las diferentes páginas que lo componen deberÃan tener su propia pestaña arriba, los tipos y el tamaño de la letra debÃan ser los apropiados, la anchura del espacio de cada post la justa, el contraste del fondo sobre la letra la menos cansina… Y mi plantilla no me ofrecÃa todo lo que yo le exigÃa. Asà que comencé a flirtear en la red con otras plantillas. Busqué y rebusqué, y encontré dos o tres que me hubiera gustado probar a ver qué tal me sentaban. Pero entonces descubrà que Wordpress no deja (salvo pago) que elijas otra plantilla que las que ofrece por defecto, y esas ya las habÃa probado hasta la saciedad sin encontrar ninguna que me entusiasmara. ¿Qué me pasa? ¿Conozco mejor la personalidad de los demás que la mÃa propia? ¿O es que acaso no me conozco en absoluto? Quizá es que a los demás no los conozco tanto y creo que les gustará lo que yo elija para ellos, y que yo me conozco demasiado y por eso no encuentro mi calcetÃn. Será que tengo los pies con forma de mano (esto me recuerda, asà sin venir a cuento, que el dÃa que me probé por primera vez el que serÃa mi vestido de novia, las de la tienda me lisonjeaban alabando mi porte y declarando entusiasmadas que a mà me sentarÃa bien cualquier vestido de los que tenÃan; cuando quedaba una semana para la boda, después de tropecientas pruebas y ajustes de la costurera, como me seguÃa haciendo bochas, una de las dependientas me llegó a decir que es que yo tenÃa el cuerpo muy raro, a lo que le contesté que seguÃa teniendo el mismo cuerpo, kilo arriba kilo abajo, que traje al establecimiento el primer dÃa).
En fin, que tenÃa una necesidad imperiosa de cambiar de plantilla. Y como cuando estamos hartos de la distribución de los muebles de casa empezamos a darles la vuelta (eso es algo que mi familia ha practicado en numerosas ocasiones) y a poner la habitación del niño donde antes estaba el despacho, la tele y el sofá los cambiamos de pared, y los cuadros los esturreamos por las paredes de la casa como si los barajáramos… finalmente lo que he hecho es poner muebles nuevos. Aquà os dejo la nueva plantilla, un poco desubicada como yo, que no es que me chifle pero al menos cumple con un mejor contraste, un mejor tamaño de letra, unas pestañitas arriba para redireccionar a las diferentes páginas del blog, información sobre a qué categorÃa pertenece cada post y sobre los tags. TodavÃa me queda perfilar unos detallitos. Ya me diréis si os convence a vosotros y si creéis que es mi fiel reflejo o no.
La foto de la cabecera. Desde aquà doy las gracias al amigo que me dejó tener puesta la suya durante tantos meses. Sé que no le importarÃa que continuara con ella. Pero ahora tengo la necesidad de que esa cabecera refleje mi propio interior. Asà que la iré cambiando conforme sienta la necesidad. Tan sólo cumpliré con una máxima: siempre será una imagen captada por el objetivo de mi cámara (bueno, y tomada por mÃ, claro).