SequÃa
Hace mucho tiempo que no llueve ni una gota. A veces parece que se quiere encapotar e incluso se puede ver un lejano relámpago en el lejano horizonte marÃtimo. Pero el sonido del trueno llega apenas perceptible, el ambiente sigue lleno de polvo en suspensión, sigue haciendo calor unos dÃas, otros se desata el viento de poniente y hace realmente frÃo. Pero no llueve…..
Deseo que el dÃa se cierre sobre sà mismo y descarguen frondosas nubes negras, que dejen el aire fresco y oliendo a tierra mojada. Que se encadenen los dÃas de lluvia, que los charcos sean lo único que se pueda pisar en la calle, que las alcantarillas salten sus tapaderas y que los registros pluviales atorados ni traguen ni evacuen las torrenteras que han de dejarse caer desde el barrio alto. Que mis pies mojados sean el canal de entrada del frÃo en mi cuerpo y me dejen tiritando y añorando unos calcetines esperpénticamente gruesos. Que mis hombros desnudos reciban la cercanÃa de mi cuello incrustado en ellos y ya no sean capaces de recordar cuál era su postura natural. Que mis riñones sufran el vacÃo que dista entre la camiseta y el borde de mis pantalones, malacostumbrados a ir enseñando las cicatrices de lejanas batallas ganadas y perdidas por partes iguales.
Quiero frÃo, quiero lluvia, quiero que se rompa esta monotonÃa de estÃo, que me tiene en dique seco sin una sola idea nueva que aportar, sin un ápice de viento para navegar a otros puertos para comentar a sus capitanes que sus viajes siguen siendo interesantes para mÃ. Necesito empuje y abrigo para empezar con brÃo a volver a mis antiguas rutas llenas de buenas costumbres.
Mientras llega, mil perdones por teneros abandonados.