Amo a vé…
Niños todossssssssssss, me temo que no voy a tené más remedio que aclarar los puntos que le he puesto a Ambro sobre las Ães en el anterior post. He (hemos, ella y yo) dado muchas cosas por supuestas, y eso es algo que nunca hay que hacer (ya escribà un post titulado precisamente asÃn). Pensaba que habÃa quedada clara la sana intención de ambas de despellejarnos de cara a la galerÃa, sacándole punta a todo lo que nos iba pasando en esos dÃas, pero a la vista de vuestros comentarios y de algún que otro extrañado email, veo que no ha sido asÃ. Se nos ocurrió el segundo dÃa, ir anotando en una libreta (para que no se nos olvidara ningún “reproche”) todas las trivialidades que nos sucedÃan, enfocándolas siempre a criticar a la otra, para asà no olvidarnos de esos pequeños detalles que llenaban nuestras horas juntas. Cada vez que se nos ocurrÃa alguna, en mitad de una conversación, la mano se iba a por la libreta y frenética anotaba lo que después se tenÃa que convertir en un estoque de afilada espada. Nos reÃmos como auténticas locas mientras lo perfilábamos, creyendo que Ãbamos a ser más originales que Carmen Sevilla dando el telecupón en zapatillas. Es más, tengo testimonio gráfico de los otros meteoritos a los que se dio a leer convenientemente esa libreta manuscrita mientras aún estaba en construcción, y os puedo asegurar que de sus ojos brotaban lágrimas de risa. Comprobado el efecto causado, no dudamos ni por un momento de que todos los que lo leyeran aquà publicado reirÃais también con gusto y ganas. Esa era la sana intención.
Supongo que lo que ha pasado es simplemente que no habéis estado allà para verlo. Asà que quiero tranquilizaros, que no pasó nada malo, que no hubo mal rollo de ningún tipo, que nos faltaron minutos para seguir compartiendo. Estos dÃas van a seguir apareciendo en nuestros blogs capÃtulos de esa semana tan intensa, para que os hagáis otra idea, quizá más cercana a la realidad.
Me exigÃa Driada en el post anterior que confesara cuál era el motivo del indescriptible dolor de mofletes que se me metió. La respuesta es sencilla: no fuimos capaces de dejar de sonreir. Prueben ustedes a mantener ese gesto durante una semana, y comprenderán.