Viscoelástica o el arte de la adaptación
El pasado sábado estuve por casualidad acompañando a unos amigos a comprarse un colchón. En la tienda había muchos modelos dispuestos para ser probados. Ellos estaban dándole vueltas a uno de látex, y mientras lo miraban y lo remiraban, quise probarlo yo misma a ver qué tal era. Me dejé caer en el borde dispuesta a aprovechar la fuerza del rebote para encajarme en el centro de la cama, y ahí me llevé mi primera sorpresa: me quedé clavada en el sitio. Comprobando que sería del todo inútil intentar siquiera desplazarme a arrastraculos, habida cuenta de la fuerza con la que se atraían mis pantalones y el tejido sobre el que me sentaba, opté por usar la técnica del salto de altura: me coloqué de espaldas junto a los pies de la cama, tomé impulso doblando las rodillas y alehop!, aterricé todo lo larga y ancha que soy en el centro geométrico de tan particular colchoneta. Mis amigos aplaudieron la idea argumentando que es muy útil probar todas las posibilidades, a lo que les contesté que si querían probar todas las posibilidades, rápidamente me iba al otro extremo de la tienda a volcar un sofá con mucho estrépito para que acudiera todo el personal y el público presente.
Pero lo mejor estaba aún por venir. “¿Has probado ése?”. Uoffffffffff……… “¿Cómo dices que se llama este material? ¿Viscoelásticaaaaaammmmmmmmmmmmmmm…….?”. Lo siguiente que recuerdo fue que un cliente ecuatoriano me deseó buenas noches al pasar por delante mía. Estuve más de quince minutos tumbada boca arriba sin menearme. Eso fue la prueba de fuego. Tengo una lesión de espalda que me impide dormir en semejante postura, si lo intento durante medio minuto se me coge un dolor y un pinzamiento del que me cuesta recuperarme. Pero hete aquí que la superficie de aquel colchón se adaptaba a todos los recovecos de mi espalda, por más inverosímiles que fueran éstos, sin ejercer la más mínima presión, como si flotara. Me levanté renovada físicamente y convencida de en qué iba a invertir los próximos mil trescientos euros.
Ayer fue mi cumpleaños, y al encender el ordenador me encontré con que mis amigos me habían regalado lo mejor que se puede regalar a alguien que quieres. No. No era un colchón de viscoelástica. Pero el foro al que dedicaron horas y más horas de creación, quitándose tiempo de sueño, está hecho de un material ingrávido que es el equivalente inmaterial a la viscoelástica. Palabras cariñosas y cercanas que se adaptaron a mi mente rellenando sin presionar cada recoveco y cada vacío de mi alma.
Chicos, ¿os he dicho ya que sus quiero una jartá?
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!