Desvaríos
Tejí y destejí palabras y párrafos enteros. Los escribía durante la noche y los deshilachaba por la mañana
(al contrario que cuando Penélope deshacía la bufanda, según creo, que debía de ser la muchacha alma diurna). Las palabras volvían a ser usadas (=reciclaje!!!) para la siguiente vez pero, al igual que ocurre con el hilo destejido, que cede en su prestanza, la nueva historia nacida de la muerte de la anterior se volvía holgada y sosa, deforme.
Mil veces escribí lo mismo, y de mil maneras diferentes (ahora punto del derecho, y luego de garbanzo), pero ninguna versión me parecía lo bastante buena como para sobrevivir (por mucho que proteste Gloria Gaynor). Ninguna fue lo bastante buena, así que a todas les di muerte a través del desorden de mezclar todas sus letras como las cartas de una baraja.
De todas esas letras, esta noche selecciono las presentes para mostrar como unas palabras reutilizadas y una mente cansada transforman en desvarío lo que debió haber tenido sentido.
Aunque… ¿alguien sabe si algo en esta vida lo tiene?
(¡¡¡Reciclaje sí, pero con lógica!!!).