Pepitas de Oro y Granos de Arena

Si sólo dispusiera de hoy, no dejaría nada para mañana
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En el Jardín de la Magia

rosa

Soy una privilegiada. Así me sentí la primera vez que mis pies y mis ojos y todos mis sentidos se adentraron en aquel espacio que, en ese primer instante, se me antojó pequeño. Fue algo parecido a eso que nos pasa a los adultos, que cuando recordamos ese sitio especial de nuestra niñez lo magnificamos, y cuando volvemos un día a él, todo nos parece más pequeño, incapaz de albergar tanto tesoro infantil. Recordando esos lugares amplios donde pasábamos horas jugando sin llegar jamás al agotamiento, puedo llegar a comprender por qué los niños no se cansan jamás de jugar, por qué nunca tienen sueño, por qué parecen recargados con energías infinitas, sin que exista adulto capaz de seguirles el ritmo. A esa adivinanza, que dejo aquí planteada, volveré luego.

ramillete

En esos primeros instantes en el jardín de Driada, no lo reconocí. Me parecía imposible que todas aquellas fotos que había visto publicadas en su blog hubieran estado allí. En mi mente el jardín no era un jardín, era un bosque. Un bosque enorme y frondoso donde perdernos sin encontrar la salida si no es de la mano de su Hada. Y yo ahora sólo veía un jardín. Muy cuidado, eso sí. Ciertamente, es un lugar dedicado en exclusiva a aquellos seres que se enraízan para vivir. Donde otros enlosan para poner encima una mesa y seis sillas, o ponen una piscina, o echan césped para dar espacio a los juegos de los hijos, allí estaba aprovechado hasta el último rinconcito para edificar un templo de vegetación.

saltamontes

En esas estaba, escuchando y mirando y oliendo, cuando comprendí. No estaba enfocando convenientemente, veía pero no entendía. Fue entonces cuando tomé conciencia de que para comprender su esencia tenía que ajustar el zoom de mis ojos a los mismos 18 aumentos que rezaba el objetivo de la cámara de fotos que llevaba colgada del cuello. Así, el jardín cobró vida propia. Cada recoveco era un Universo en el que perderse mientras todos los demás rincones debían ser ignorados. Así pasaron no sabría decir si minutos u horas, ya que el tiempo transformó su percepción. Aunque hubieran sido segundos, tuve la sensación de haber pasado eternidades en cada arbusto, en cada flor, en cada árbol, en cada pequeño insecto. Mientras tomaba fotos, Driada nos iluminaba con explicaciones, nombrando a cada habitante de su constelación por su nombre, contando la historia de cómo habían llegado a aquél lugar, cómo debían ser cuidados y cómo debían ser dirigidos en su crecimiento anárquico para evitar que devoraran el espacio vital del siguiente y cercano habitante. Para cuando Driada nos deleitó con un magnífico té de menta, recogida ésta instantes antes del mismo sitio que habíamos explorado, vislumbrando el jardín por el ventanal del salón, oyendo los relojes dar las horas y acompañados de buena conversación, me sentí en paz.

Pocos días después, fuimos privilegiadamente invitadas de nuevo, esta vez a cenar en aquel remanso. La noche era en extremo preciosa, serena y cálida. Cálida en términos filosóficos más que físicos, que también. Los cuidadores de aquel reino, contagiados por la armonía de los habitantes del jardín, ofrecían serenidad a sus invitadas a través de sus palabras, sus gestos y sus sabrosos alimentos. La conversación rica, la cena fresca, el aire limpio, regado por el aroma de la dama de noche y la menta recién cortada… Perdí por completo la noción del tiempo y hubo que buscar un motivo para arrancarnos del lugar. Y es que, pese a lo que pueda parecer, las Driadas y los Duendes también duermen.

mammy blue

Vuelvo a retomar aquí la adivinanza que planteé antes, dónde va a parar la vitalidad que teníamos cuando niños. Se trata de algo que perdemos por el camino; en nuestra vida adulta a veces, sólo a veces, algo ocurre que despierta esa fuerza, esa energía, esa alegría sin límites, y entonces somos capaces de pasar una semana entera casi sin comer ni dormir con tal de sacarle todo su jugo a los minutos de unas horas siempre escasas. Bienaventurados los que tienen una ilusión en su vida que les hace cada día fuertes y activos. Para ellos mi más sincera envidia.

floreseneljarron

Y ahora, para ser yo la envidiada, termino voceando que he visto el ciruelo, he visto los cactus, he visto las rosas. Con mis propios sentidos me he llenado de la Magia de tu Jardín.

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S.O.S. BCN

A quien se lo cuente no se lo cree. Estas narraciones tan bonitas que he visto publicadas alguna vez en las cuales los protagonistas trazaban unos rasgos sobre el encuentro que habían mantenido después de haberse conocido por internet… tenía que haber hecho caso de aquella extraña sensación de que ahí tenía que haber gato encerrado. Si he de hacerle caso a la propia experiencia en esta lid, eso es tan cierto como que, en realidad, no había gato encerrado: había gata.

“¡¡¡¡¡Vente, vente, vente!!!!!”, me decía, me escribía, me repetía, me insistía, me convencía, me suplicaba……… ¿Y con qué me encuentro? Hagamos un breve repaso:

- Me viene a recoger al aeropuerto (tarde, muy tarde) con un coche…. eso no son bollos, eso son cruasanes.
- Me enseña mi cuarto y me dice que de bajar la persiana nada de nada, que se rompe.
- No me da de comer hasta las seis de la tarde.
- No me deja dormir hasta las seis de la mañana.
- Tóldía y la noche hablannnnnndo, me tiene la cabeza locaaaaaa!
- El único rato que consigo echar un sueñecito aparece en escena la gata en pleno ataque maullatorio por los pasillos. Esta gata sabe cante jondo, mira tú.
- Me machaca con su colección de fotos desde que nació (tóa la tardeeeeeeeeee….), hasta las de los encierros de su pueblo… ¡¡¡Y soy antitaurina!!!
- Me corta el agua de mi cuarto de baño pa que ni me pueda lavar la cara.
- Me azuza a un reptil antediluviano que me devora los pies a la que me descuido.
- La gata del demonio me bufa si traspaso límites imaginarios.
- Me mantiene encerrada con rejas hasta en la mirilla de la puerta.
- No me saca ni al tranco de la puerta un día entero con su noche, esto es arresto domiciliario.
- Me dice que me va a llevá pacá y pallá, nosequé de un concierto, y luego se hace la longui.
- Me tiene de esclava cocinando, limpiando cristales y, cuando parece que he acabao, me obliga a hacerle un masaje de piessss (poldiooooooo………).
- Me da de comer las sobras que no quieren la gata ni la tortuga. Cuando ya no quiero comer más, me suelta que, si no me lo como todo, pa la merienda se queda, y si no lo quiero pa la merienda (que es lo único que me voy a encontrar), ya sé lo que hay pa cenar. ¡¡¡Y me lo pone en el mismo plato y con el mismo tenedor sin fregar!!!
- Me esconde el billete de avión de vuelta, que ya estaba yo pidiendo que alguien que trabajara en Iberia me pasara otro por debajo la puerta, y al final lo encuentro…. me lo encuentro que la tortuga ya me lo ha picao!!!!!! La de explicaciones que le tuve que dar al revisor del aeroplano.
- Me usurpa la cuenta del mesenger en cuanto me levanto a mear y le dice auténticas burradas a mis contactos.
- Qué bonita la montaña de Montserrat. Qué bonita. Ciertamente, gana mucho en la foto que me ha enseñao.
- Me habla por el mesenger. Estando en la misma habitación.
- Después de un día entero arrastrándome por tóa la ciudad, tó sudá perdía, picándome todo el cuerpo, llegamos a casa (una duchita, por caridad), y me dice que con la manguera de la terraza se queda una muy fresquita… hay que joerse.
- Me tiene de negra escribiéndole un taco de posts para todo un año (todo lo que leáis en su blog de aquí a doce meses probablemente los habré escrito yo). La lista podría ser mucho más larga, pero es que estoy agotá, tengo que recuperarme antes de poder continuar y escribir algo medianamente lúcido.

Despellejamientos aparte, sabed que nos lo hemos pasao de P.M. (pa quien lo entienda), que me han tratado como a una reina (habida cuenta de la lista anterior, que es rigurosamente cierta de principio a fin, cabría preguntarse que de qué clase de país… pero bueno), y que me he vuelto con la completa seguridad de tener un colchón viscoelástico de amistad en Barcelona para recostarme cuando lo necesite (ya ves tú, pa ná, si no me dejan dormir…..). Gracias infinitas a esos meteoritos, a Ambrosía por acogerme en su casa, a Driada por zambullirme en su jardín y poner orden en la agenda, a Cronopio por hacer malabares para arrancar minutos al reloj, a todos por haberme hecho sentir en mi casa. Si ha de ser así, quiero que me traten siempre igual de mal.

(El último párrafo lo he escrito así porque se me han quedao requisadas todas las fotos del viaje en el pc de Ambro, y como no le diga zalamerías, no me las manda……… ains).

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  • Sequía
  • El hombre tranquilo
  • En el Jardín de la Magia
  • Amo a vé…
  • S.O.S. BCN
  • Fugaz
  • Dar séra, pulir séra
  • No puedo evitarlo
  • Bajo la lluvia
  • Desvaríos
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  • No tiene precio
  • Viscoelástica o el arte de la adaptación
  • TAMPOCO sigas esta flecha
  • Tengo un boleto ganador
  • NO sigas la flecha
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  • Antes de morir, ocho cositas
  • Fatal error
  • Te presto mi voz
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  • El día del padre
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  • Recordando unos versos
  • Dime cómo trabajas, y te diré…
  • Asúl (la lógica infantil)
  • Las cuatro estaciones del alma (I)
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    «Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora». Jorge Luis Borges.
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